Monday, September 11, 1995

12:22 PM. Locker room MHS

Period 5       12:22 PM-01:19 PM          Physical Education/Health

Segunda clase de Physical Education, esta vez en las pistas. Toda la clase a cambiarse de ropa en los vestuarios. Los chicos a uno y las chicas al otro, que de momento no se permiten los vestuarios mixtos. Por lo que a mí respecta, es mejor que no se lo planteen demasiado en serio porque, en tal caso, me vengo vestida con la ropa de deporte y no me cambio en toda la mañana. No me apetece que los chicos me vean con la camiseta subida ni los pantalones bajados, porque ya me siento observada a lo largo de todo el día, aunque vaya vestida. Aparte que, por la actitud que éstos mantienen conmigo desde el primer día, no creo que se merezcan ninguna consideración ni confianza por mi parte. De las demás no se burlan y no creo que haya ninguna razón para sea diferente su trato conmigo, salvo porque alguna tiene que ser el objetivo de sus bromas y yo tenido la mala suerte de ser la escogida, de que Gabe se ha traído aquella actitud del St. Francis aquí, con la única intención de destacar y hacerse el importante, que nadie se piense que es medio tonto o un chico demasiado bueno por haber estado en un colegio católico. Se perjudica y engaña a él solo. Lo peor es que de momento soy quien sufro las consecuencias.

Yuly: Jessica, asegúrate que no hay ningún agujero sospechoso antes de quitarte nada. – Me dice con complicidad. – ¡Estamos en el vestuario de las chicas! – Exclama como si ello me tuviera que asustar. – ¡Los chicos son un poco locos!

Jess: Estamos en los primeros días de clase y no creo que ninguno se quiera jugar el curso tan pronto. – Le contesto con tranquilidad.

Yuly: Chicos y sentido común son dos conceptos incompatibles. – Me responde con complicidad. – ¡Ya han malgastado la media neurona que hacía eco en su cerebro y ahora piensan con lo otro!

Jess: Entonces no tenemos que preocuparnos por nada. – Le contesto. – Tendrían que ser un poco más listos para que se les ocurra una tontería como esa.

Yuly: ¿A ti no te gustaría que nos espiasen? – Me pregunta con complicidad y picardía. – ¡Si a alguno no se le pasa por la cabeza es porque sin más tontos de lo que parece! – Añade.

Jess: La verdad es que no. – Le respondo y confieso con sinceridad. – Prefiero que me dejen tranquila. Ya has visto cómo me tratan desde el primer día.

Yuly: ¡Eso es porque no les has plantado cara! – Me responde con gesto serio. – En cuanto le des a uno un par de tortas y vea que no te acobardas, el resto mirará para otro lado en cuanto presientan que te acercas.

Jess: Prefiero ignorarles. – Le digo. – ¡Ya se cansarán cuando vean que no les hago caso! – Le aseguro. – En realidad es toda la clase la que está en mi contra y tú eres la única que me trata bien.

Yuly: Todos vivís en Medford o los alrededores menos yo. – Se justifica. – Las demás ya tienen su grupo de amigos y tú estás conmigo porque tampoco tienes a nadie. – Constata. – De todas maneras, me caes bien. Nos entendemos, aunque seamos algo distintas.

Jess: Tú también me pareces una chica simpática. – Correspondo a su confidencia. – A veces tienes ocurrencias que me sorprenden, pero no me parece que seas una mala persona.

Yuly: Tú también tienes tus manías. – Responde a mi comentario y crítica. – Pero supongo que no me oirás quejarme por ello.

Jess: Quéjate, si quieres. – Le contesto con complicidad. – Ya estoy acostumbrada a las recriminaciones que me hacen todo el mundo porque tienen la idea de que soy una chica rebelde. – Le comento en confidencia. – He tenido mis épocas. – Reconozco.

Yuly: ¿Tú, una chica rebelde? – Pregunta sorprendida. – Deja que primero me ría y después, cuando tenga tiempo, lo anotaré como curiosidad en ese trabajo que escribo sobre ti. – Me dice. – ¡Eres una chica con demasiado cuento!

Jess: ¡Se supone que la redacción trata sobre mis motivos para estudiar Spanish I, no para que Mr. Bacon se entere de toda mi vida! – Le recuerdo con cierta vergüenza. – Ya me cohíbe bastante el hecho de tener que justificar mi asistencia a una asignatura por la que no siento demasiada simpatía y de la que hasta ahora he intentado mantenerme a distancia. 

Yuly: ¡Oye, si quieres, te dejo que escribas sobre mí! – Me propone. – Mi vida no tiene nada de especial, pero así compensas las confidencias. – Me propone.

Jess: No, gracias. Déjalo. – Le respondo sorprendida por su sugerencia. – Prefiero no perder más tiempo del necesario con la asignatura de Spanish. – Justifico con complicidad. – Además, tampoco me considero una cotilla con la vida de los demás. – Alego. – Ya supongo que tu vida será interesante, pero me ahorro el esfuerzo.

Yuly: Yo te cuento una confidencia mía y tú me cuentas a mí algo tuyo. – Me propone. – Así estaremos las dos en igualdad de condiciones. – Alega. – Pregúntame lo que quieras y te contestaré. Prometo no contestarte en español para que me entiendas.

Jess: Vale. Me lo pensaré. – Le contesto. – Ahora vayamos a clase antes de que el profesor nos llame la atención.

Quiere que seamos amigas. Se ha tomado el trabajo de Spanish I tan en serio que después de esto espera que compartamos otras confidencias, que salgamos juntas al patio cuando lleguen los descansos y nos sentemos una al lado de la otra en todas las clases. Es más, tengo la sensación de que pretende que nos veamos fuera de clase, que hagamos cosas juntas y busquemos actividades que nos gusten a las dos y compartamos. Sin embargo, tal vez se desilusione un poco cuando le diga que yo no me alejo del St. Clare, salvo que Daddy venga a por mí. Ella vive en West Roxbury. Demasiado lejos como para que me piense hacerle una visita. Además, no creo que Monica me dé permiso para que me vaya de paseo por Boston con la excusa de que he quedado con una amiga. Ya se muestra bastante reticente cuando le pido permiso para ir al parque. Se acerca el invierno, cada día anochece antes y hace más frío. Lo peor es que de vez en cuando hay noticias de que hay atacado a alguna chica demasiado confiada. Es motivo para que Monica y Ana se asunten y preocupen. Aparte que yo soy la única chica con más de 14 años y, en cierto modo, la situación parece que les supera. Pero, si han dejado que me quedase, es porque asumen las consecuencias y la responsabilidad que ello conlleva. En cualquier caso, seremos amigas en el High School, en caso de que nos entendamos bien. Mejor ella que la idea de que me aíslen.

Supongo que no hay necesidad de que diga nada al respecto porque no tiene ninguna importancia, pero ésta es la primera vez que estamos aquí y al menos en mi caso me tengo que cambiar de ropa en compañía de chicas que no son ni del St. Clare’s ni del St. Francis School, lo cual me tiene un tanto acobarda porque es toda una novedad. Reconozco que algo en lo que no pensé, aunque tiene su lógica porque ésta es la segunda vez que me alejo del barrio por decisión propia y que mis pasos no me han llevado hasta Carson Beach, sino en dirección contraria, más hacia el oeste. En estas circunstancias tengo ocasión de observar que las chicas de catorce años y rubias de West Roxbury con tan normales como las chicas de West Medford o de Medford en general. Como nosotras también llevan ropa interior y no tienen nada raro. Supongo que las veces que he ido a Carson Beach me habré encontrado allí con gente y con chicas procedentes de todo el condado, el estado y los alrededores, sin que haya ahora me haya tropezado con ninguna que tuviera nada raro. Sin embargo, ésta es la primera vez que tengo tan cerca a una chica que tiene su casa tan lejos del St. Clare’s. Si es cierto que ella ha recorrido más mundo que yo, es posible que se haya encontrado en esta situación con chicas de orígenes muy variados y por eso se comporta con esa naturalidad. Sin embargo, a mí me cuesta algo más asimilarlo, aunque intento ser discreta para que no piense que la miro de mala manera. Imagino que a las dos nos gusta lo mismo, porque éste es el vestuario de las chicas y nos arriesgamos a que nos abran un expediente como nos colemos en el vestuario de los chicos o les permitamos que entren aquí.

12:28 PM. MHS Sports

Las chicas salimos juntas al patio, quizá demasiado relajadas para una asignatura que supone un desgaste físico, pero creo que la tranquilidad nos la hemos contagiado unas y otras ante la idea de que se trata de la primera clase con este profesor y que habrá un poco de benevolencia por su parte, dado que aún no controlamos demasiado el tiempo que necesitamos entre que salimos de la clase anterior hasta que nos vestimos para ésta. Aunque se suponga que hay cinco minutos en el intercambio de clases, pero somos chicas y no siempre resulta suficiente, aunque nos concedan toda la mañana. Aparte que es de la opinión general que los chicos a veces son mucho más lentos que nosotras. Ya que al menos en mi caso, si alguna vez tardo en vestirme, es porque no he sabido qué ponerme y me he probado todo el armario. De lo contrario, en dos segundos estoy lista para ir a donde sea. Esta mañana me he limitado a ir al ritmo de las demás. No he querido ser la primera en salir, porque así no me recriminarán que no vaya con el grupo. Con ello intento superar las discrepancias que haya con mis compañeras por culpa de la tontería de los chicos.

Mr. Ford: ¡Ya era hora! – Nos dice con impotencia. – Como os he visto tan animadas, empezad a dar vueltas y que sean vuestros compañeros quienes os repitan la charla cuando haya acabado la clase. – Nos dice y no parece que esté de broma. – ¡Son cinco minutos para cambiarse, no de asistencia a clase! – Nos recuerda.

Escuchada la recriminación, vemos cómo los chicos se van hacia la cancha de baloncesto con los balones, a jugar un partido, y nosotras nos quedamos paradas, indecisas, ante lo que se supone nos ha dicho. Hemos salido del vestuario con intención de escuchar la charla de la primera clase y nos hemos encontrado con este panorama, que nos quedamos sin charla y, en respuesta a nuestra tardanza, nos esperan una cuantas vueltas alrededor de la pista hasta que termine la clase. Lo cual no creo que sea del agrado de ninguna, pero supongo que nos lo merecemos por lentas, porque nos hemos tomado estos últimos cinco minutos como si fueran los del descanso. Como es lógico, la tranquilidad con la que hemos salido del vestuario ha sido lo que ha colmado la paciencia del profesor, quien esperaba un poco más de entusiasmo por nuestra parte. En todo caso, entiendo que es preferible que nos cansemos dando vueltas a la pista que durante el paseo hasta el despacho del director, donde no nos esperaría nada mejor. Lo malo es que, como sudemos más de la cuenta y apuremos la clase hasta el final, necesitaremos una ducha y el tiempo perdido ahora se acumulará para la clase siguiente. Pero no creo que ninguna chica se atreva a volver al aula sin preocuparse antes por su higiene personal y sus olores corporales.

Mr. Ford: ¡Vamos, moved esos culos! ¡Qué es para hoy! – Nos ordena.

Antes de que nos diga nada más, una toma la iniciativa y las demás le seguimos por inercia, al menos no nos pasaremos el resto de la clase cruzadas de brazos ni como expectoras del juego de los chicos, aunque éstos tendrán un motivo para burlarse de nosotras porque corremos a su alrededor de manera que nos verán bien cuando no estén pendientes del juego. Está claro que, si Mr. Ford nos quiere dar un escarmiento, ha encontrado un medio mejor, de manera que supongo que para la próxima clase y por puro orgullo nosotras seremos quienes saldremos del vestuario antes de los chicos, para que no seamos nosotras quienes carguemos con la mala fama el resto del curso. A mí, por lo menos, no me apetece que se mantenga esta humillación por razón de sexo entre ellos y nosotras. Cada cual sabe el tiempo que necesita o las prisas que se tiene que dar. De manera que a partir de ahora habrá que organizarse para que los condicionantes individuales no nos perjudiquen, aunque la desventaja en nuestro caso está en que no sabemos a qué atenernos con este profesor. De manera que estos primeros días iremos con más cuidado para no volver a meter la pata, ya que este tipo de cuestiones también puntúan en la nota final de curso y en cada evaluación.

Yuly: [Se sitúa a mi lado] ¡Tiene mala leche este profesor! – Me dice. – Tan solo nos hemos entretenido un poco. – Justifica.

Jess: Sí, pero los chicos han salido del vestuario antes que nosotras. Si les ha echado la charla a ellos, supongo que nos hemos entretenido más de la cuenta.

Yuly: ¡Si te quejabas de lo intratable que es Mr. ‘Panceta’, creo que éste es aún peor! – Me dice.

Mr. Ford: A ver, esas dos que van de paseo y ejercitan el musculo equivocado. – Nos dice y llama la atención. – Que se den media vuelta y corran en sentido contrario a sus compañeras. Así conseguiré que os toméis mi clase en serio.

‘Esas dos que van de paseo’, con tal alusión la verdad es que todas nos daríamos por aludidas y, en todo caso, pone de manifiesto que no conoce nuestros nombre y que las afortunadas han conseguido que con su actitud el profesor se fije en éstas durante el resto del curso. Han conseguido que esta primera clase sea una que siente un precedente poco favorecedor. Esas dos chicas tendrán que esforzarse un poco más desde ahora, si quieren que mejore esta primera impresión que le han causado al profesor. Son dos chicas que están demostrando muy poco seriedad y formalidad después de lo que ha pasado; son dos chicas que se merecen que se las destaque del resto del grupo de manera que, para que quede constancia de ello, la ocurrencia del profesor parece la más oportuna. Así tanto las demás chicas, como los chicos, sabrán de quién no tomar ejemplo a partir de ahora. Lo que está claro es que el profesor no está dispuesto a ser muy benévolo con ninguna de nosotras, porque se tema que eso es lo que pretendemos. Su clase hay que tomársela tan en serio o más que el resto, ya que aquí no hay posibilidad de esconderse tras un pupitre. Estamos a la vista del profesor y no cabe ninguna trampa.

Mr. Ford: (Con la lista de la clase en las manos) Señoritas Bond y MacWindsor, las he visto más despiertas. – Nos recrimina. – Muévanse, a correr. – Nos ordena. – No se marcharán de la pista hasta que no hayan dado diez vueltas más que sus compañeras. – Nos avisa. – Así aprenderán y dejarán la charla para el descanso.

Yuly: Vale. Ya cerramos el pico. – Le responde.

Jess: ¡A moverse! – Le digo a Yuly.

Nosotras somos ‘Esas dos que van de paseo’. De manera que como no hay duda al respecto, Yuly y yo nos giramos y cambiamos el sentido y la velocidad de nuestra marcha porque la advertencia es en serio. Hemos de hacer méritos para que se olvide de nosotras. Al menos para que no tenga en cuenta este pequeño incidente sin importancia, ya que, en realidad, todas hablamos, pero es posible que nosotras hayamos sido menos discretas que el resto y por eso hemos destacado por encima del grupo. Supongo que esto es lo peor que me podría pasar para que los compañeros me tomen un poco más en serio. Aún me queda el consuelo de que comparto el castigo con Yuly, porque en este caso asumo que la responsabilidad es de ambas, aunque haya sido ella quien se ha situado a mi lado y me haya dado conversación, pero yo le he contestado. Me he animado en vez de pedirle que se callara porque nos veríamos en problemas. Lo peor de todo esto es que, si Mr. Bacon le comenta al resto de los profesores como es mi actitud en su clase y Mr. Ford hace algún comentario sobre esto, me temo que me tacharán de chica problemática y la verdad es que yo no soy así, en el St. Clare y en el St. Francis School lo saben bien.

01:05 PM. MHS Sports

Mr. Ford: [Toca el silbato] Todo el mundo a las duchas, menos las dos cotorras, que todavía les quedan cuatro vueltas. – Nos ordena. – Tenéis cinco minutos.

Antes de que el profesor cambie de parecer, las chicas que aún continúan con sus vueltas alrededor de la pista, encaminan sus pasos hacia los vestuarios, el grupo no va muy compacto, pero todas toman la misma dirección sin que les preocupe demasiado quien ha dado más o menos vueltas, las únicas que no tenemos derecho a pararnos somos Yuly y yo, aunque la verdad es que no llevamos la cuenta de las vueltas que hemos dado y por lo tanto no sé si llevamos más o menos que nuestras compañeras, porque en realidad hemos dejado de hablar, pero no acelerado el paso porque hubiera resultado agotador y nos ha parecido que el ritmo que llevábamos era apropiado para resistir hasta el final de la clase. La verdad es que estamos agotadas y sin fuerzas para dar otro paso, pero Mr. Ford nos ha impuesto cuatro vueltas más y contra ello no cabe objeción posible, aunque llegaremos tarde a la siguiente clase y es posible que durante el primer descanso nos obliguen a recuperar el tiempo perdido, con lo cual no iremos con nuestros compañeros.

Detrás de las chicas, se van los chicos, no por la misma puerta, pero sí con la misma intención, para ellos el partido de baloncesto también ha terminado. Aunque a alguno le resulte divertido, no creo que les apetezca ser testigos de esta humillación porque en vista de la actitud que ha tomado el profesor, supongo que no le importará demasiado que haya quien se añada al grupo y las vueltas de castigo aumenten para todos, con lo que ello conllevará. En cualquier caso, es un mal comienzo para el segundo día de clase, tal vez para que yo empiece a lamentar que he haya matriculado en este high school y renunciado a la tranquilidad que seguro disfrutan Jodie y Brittany en el suyo, porque creo que lo único bueno que he conseguido hasta ahora es una amiga, aunque, si esto sigue como hasta ahora, temo que me cause más complicaciones de las que pretende, porque ella es una chica mucho más sociable y abierta que yo. Ese contraste entre nosotras es quizá lo que llame la atención de los profesores y por eso se fijan más en nosotras que en el resto. Tampoco es que después de esto tenga motivos para que Yuly y yo nos distanciemos, ya que ella es la única que se ha acercado a mí con intención de ganarse mi confianza, como supongo que me tendré que ganar la suya, aunque me sea más fácil, porque así lo demuestra.

Mr. Ford: [Toca el silbato] Vosotras dos, dejad de dar vueltas y venid aquí. – Nos ordena.

Vamos a paso ligero hasta donde nos espera el profesor.

Mr. Ford: Esta charla os la debería echar a todas las chicas, pero os ha tocado a vosotras. – Nos dice en un tono más afable, pero sin perder la seriedad. – No se puede perder media clase en el vestuario y salir como con esa tranquilidad. – Nos recrimina. – Si necesitáis tiempo, salid de la clase anterior como si vuestra vida dependiera de ello, pero esta clase empieza a su hora y no admite retrasos. – Nos aconseja y advierte. – Por otro lado, si os tomáis la asignatura como un paseo, con ese desinterés, no os molestéis en venir. Decídmelo ahora, os suspendo y me quito un problema.

Yuly: Lo sentimos. – Se disculpa en nombre de las dos. – No volverá a pasar. – Le promete.

Jess: No, no volverá a pasar. – Le comprometo también.

Mr. Ford: Id a ducharos y no perdáis más tiempo con el descanso. – Nos pide en tono cordial. – Lo de hoy queda olvidado, pero que no se repita. – Nos ruega.

Jess: No lo haremos. – Le prometo por las dos.

Como no quiere nada más de nosotras nos damos la vuelta y nos dirigimos hacia el vestuario con la preocupación de que esta charla nos retrasará con respecto a nuestras compañeras y como no nos demos un poco más de prisa nos toparemos con las del siguiente grupo y ello será motivo de conflicto porque nosotras ya no deberíamos estar en el vestuario cuando éstas lleguen o al menos nuestra presencia no debería ser motivo para que se retrasasen, porque ya hemos sentado un mal precedente y se crearía una cadena que no beneficiaría a nadie, más bien nos perjudicaría a nosotras más de lo que ya lo ha hecho porque nos harán responsables de ello, cuando la verdad es que no toda la culpa tiene que recaer sobre nuestras espaldas. Lo que queda patente, en todo caso, es que no he empezado el curso ni mi estancia en el Medford High con muy buen pie. A este ritmo será un milagro que pase desapercibida o que a final de curso mis calificaciones sean aceptables porque me he convertido en la chica rebelde de la clase, en el punto de mira de todos los profesores y eso no es bueno. Así es normal que nadie se quiera juntar conmigo, a pesar de que a Yuly eso le resulte indiferente, porque de momento gracias a mí confía en tener una buena nota en la asignatura de Spanish y la verdad es que el resto de las compañeras la ignoran bastante, quizá porque se han dado cuenta que pasa demasiado tiempo conmigo.

Espero y confío que no hayan llegado hasta aquí los rumores y comentarios sobre mi comportamiento y actitud durante mis años en el St. Francis School, donde tampoco considero que me haya ganado muy mala fama. En cierto modo, gracias a Ana al final ha mejorado mucho ese mal concepto que la gente tenía de mí, hasta cierto punto inmerecido. Durante los últimos cursos ya no era tan frecuente que me escaquease de los ratos de oración y me he mostrado bastante más distante con los chicos, poco a poco el asunto del trapicheo de la ropa ha quedado en un segundo plano porque ya no me llama tanto la atención la ropa de éstos. Es posible que mi buena actitud se debiera a que en el fondo ya era consciente de que al saltarme las clases de Spanish me convertían en el centro de atención y no he querido que pensaran que me aprovechaba de esa concesión. Aquí, en el Medford High, no serán tan considerados conmigo y ese es el cambio que noto. Me obligarán a estudiar, se valorará mi esfuerzo por encima de cualquier otra consideración, pero ello no significa que quiera llamar su atención, sino todo lo contrario.

Yuly: No consentiré que me coja manía. – Me dice muy segura. – Lo de hoy pase porque es el primer día, pero no me conviene que se fije demasiado en mí. No quiero tirar por tierra todo lo que he conseguido.

Jess: Yo tampoco quiero que me coja manía. – Le contesto y confieso. – ¡Bastantes problemas tendré ya con Mr. Bacon cómo para que se añada otro profesor a la lista! – Alego.

Yuly: Tranquila, si le presentamos un buen trabajo y cumple con lo que prometió, con Mr. ‘Panceta’ tenemos asegurado el aprobado y no podrá tocarnos un pelo. – Me responde.

Jess: No sé qué le parecerá que la alumna más torpe se haya juntado con la más aventajada. – Replico. – Además, si somos sinceras y le contamos mis razones para estar en su clase, me parece bastante dudoso que se olvide de nosotras.

Yuly: Por lo que me han hablado de él, de momento no se ha comido a nadie. – Me contesta. – No te preocupes. Estoy segura de que en un par de semanas te da por imposible y se olvida de las dos.

Demasiado optimista y confiada para el panorama que se nos presenta a las dos. A mí me da la sensación de que Mr. Bacon no llevaba idea de quedarse con los cuestionarios, pero después de haber visto cómo tenía que frenar el entusiasmo de Yuly por participar y que yo soy la más torpe y lenta de la clase, lo del trabajo es lo de menos, Estoy segura de que al final no lo considerará más que un pequeño ejercicio de clase y eso de que tendremos la asignatura aprobada no será más que una mentira para que alguno se la crea y se esfuerce. En mi caso por lo menos a Ana le dará lo mismo que después de presentado el trabajo y de que Mr. Bacon cumpla su palabra y me ponga un A+ como nota final de curso después de tres o cuatro días de clase. Yo tengo que asistir a clase todos los días sin excepción, salvo causa justificada. De momento una calificación insuperable no lo es, sobre todo si no soy capaz de defenderme en español, que mantengamos una conversación más o menos fluida en ese idioma, ya que hasta ahora no ha conseguido ni que le dé los buenos días por la mañana, tan solo que lea y repita la lectura de los textos hasta que no cometa errores en la pronunciación. Según Ana, tengo que recuperar en un curso los cuatro que me he ausentado en el St. Francis. En vista del fracaso de estos primeros días me temo que no será un objetivo tan fácil de conseguir.

Jess: A mí me ha parecido que Mr. Bacon ya nos ha echado el ojo encima y con este otro profesor ya tenemos a dos. – Le indico preocupada.

Yuly: En serio. No te agobies. – Me contesta. – No soy una alumna rebelde, de manera que, si alguien lo espera de mí, se equivocan de chica.

Jess: Yo tampoco me considero una alumna problemática. – Le indico para su tranquilidad. – Pero ya has visto cómo los chicos se burlan de mí y eso me tiene en el punto de mira de los profesores y de todo el mundo.

Yuly: En cuanto se den cuenta que somos más listas de lo que se imaginan, estoy segura de que se fijarán en otras. – Me contesta con optimismo.

Es la hora de acudir a la siguiente clase por lo que hay un doble motivo para salir corriendo, porque a mí me esperan en clase de Science y no quiero llegar tarde, después de esta primera llamada de atención por lo cual las confidencias de chicas habrá que aplazarlas hasta mañana, dado que si quiera nos podemos esperar la una a la otra. No nos lo podemos plantear como si fuera la hora de la de marcharse, porque, en tal caso, las prisas estarían más justificadas, las de Yuly porque a ella la estarían esperando en el aparcamiento y las mías por no perder el bus, si es que no quiero regresar a pie, lo que hoy no me apetece demasiado después de todas las vueltas que he dado. Mejor ir sentada y que sea un trayecto para relajarme, a pesar de que el ambiente que hay en el bus no resulte demasiado alentador en ese sentido, salvo que se hayan acabado las bromas y todo el mundo mantenga una actitud un poco más amigable conmigo.

Period 6       01:22 PM-02:18 PM          Science