Con otras gafas

Complemento a la reflexión “Trabajo y más trabajo

Cambios, cambios! Esto es como ahogarse en un vaso de agua. ¡Qué digo un vaso! En una gota y de las pequeñitas. De verdad que no es para tanto, todo el mundo pasa por ello y hasta el momento no ha salido en las noticias un titular como “Hallada persona muerta porque hubo cambios en su lugar de trabajo.” Estos cambios, a lo que me he de enfrentar, de verdad que no son para tanto, pero esa inquietud es inevitable. hay quien lo sobrelleva mejor y quien se agobia de manera irremediable.

Mi suerte, mi ventaja, es que mi mejor aliado y recurso ante este tipo de situaciones es mi afición a escribir, a que en mi novelas haya más de un narrador, que mientras uno lo ve desde un punto de vista un tanto débil, el otro muestra mucha más seguridad y firmeza en sus convicciones. En esta ocasión me da la sensación de que casi por primera vez en toda mi larga experiencia como escritor, estas dos visiones se hacen desde la misma perspectiva, lo cual es un cambio del que no dejo de sorprenderme mientras escribo estas palabras. ¡Vaya, otro cambio! ¿Madurez? 

Sea como fuere, la cuestión es que en esta ocasión me siento más seguro y capaz de enfrentarme a mis propios miedos, aunque sea inevitable que afloren y que incluso me sienta tan seguro de mí mismo que no tenga reparo en mostrarlos, no tanto porque busque o espera la compasión de los demás, una consideración especial, sino como la clara evidencia de que soy consciente de mis limitaciones, de lo cual hasta hace unos años me consideraba un ignorante porque eran situaciones que se escapaban a mi control.

En lo referente al trabajo y tal vez la razón por la que me siento un tanto más seguro, es que ya llevo dos años, con todos sus días y sus noches implicado de una manera más o menos directa en este proyecto social, que he sido testigo y participe de sus primeras andaduras y me alegra decir que de los cambios que en estos últimos meses se están produciendo.

¿El cristal con que lo miro? Sigo con la creencia de que sigo viendo el mundo de verde fosforito, aunque, como tal, mis gafas de verdad sean de cristales transparentes, algo desgastados por el uso.

En cualquier caso, se trata de “mis gafas”, que como suele ocurrir con las sillas de ruedas, aquellos que tan solo ven “la silla” desaprovechan la ocasión de conocer a la persona que va en ella. Es muy probable que yo haya estado mucho tiempo condicionado por eso y hasta cierto punto me cueste ver más allá, por eso de la dificultad para cambiar, pero no es agradable cuando tienes la sensación de que al final la gente se queda con eso o que mis esfuerzos por mejorar esa concepción personal en ocasiones van un tanto desencaminadas. En cualquier caso, aunque me descoloque un poco que haya gente que me trate con normalidad, porque es cómo debe ser, me agrada saber que no desisten de intentarlo, que en algún momento habrá algo que cambie dentro de mi cabeza y no me sorprenda.  

03. octubre 2014 

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