Pelearos conmigo

¿Por qué nos peleamos?

Disculpad, pero hoy me quiero pelear con vosotros.

En serio, pelead conmigo hasta que tan solo uno quede en pie.

Me he dado cuenta de que en mis poemas de vez en cuando hablan de eso, de la sensación de que me peleo con vosotros, contra vosotros, contra alguien a quien no llamaré de ninguna manera. Porque cuando uno está enfadado la verdad es que no le apetece pronunciar ni escribir ese nombre, porque sientes que te ha defraudado de tal manera que no se merece ni tan siquiera el esfuerzo de esforzarse por olvidar. Como diría aquel poema “Te tengo olvidada en el olvido...”

Pero no, mis poemas no hablan de tipo de peleas. En mis peleas poéticas, aunque lo pueda parecer, hay más el reflejo de la impotencia, la necesidad de luchar juntos contra aquello que nos abate en la dificultad. De manera que pelead conmigo. Disfrutad de esos poemas cargados de sentimientos, de vivencias y pelead conmigo.

Ante la dificultad, me dejo llevar por la derrota, me cierro en mí mismo, me rindo y bato en retirada. Cuando escribí estos poemas, la verdad es que no sabía el motivo. Era fácil culpar a los demás y sentirme frustrado. No sé si a día de hoy, en ese sentido, me alegro de haber aclarado esa duda. Como poeta me siento bloqueado, falta esa sinceridad en mis palabras; esa impotencia; esa furia interior; esos sentimientos e impulsos a plasmarlo en cada verso y palabra. Ahora, si me derrotan, en realidad, no tengo motivos para sentirme mal contra nadie. Más bien, al contrario, me muestro comprensivo, lo entiendo.

Puede decirse que ya hace muchos años que nadie se pelea conmigo y siento el anhelo de esas peleas, de ese sentarme en cualquier rincón y, en un rato escribir, tres o cuatro poemas de desahogo que años después son verdaderas obras de arte, al menos para mí.

Echo de menos esas peleas poéticas, diría que la inspiración. La verdad es que no, no es agradable pelearse con los demás. En el plano personal se pasa bastante mal, unas veces porque sabes lo que ha pasado, lo intuyes y  te echas toda la culpa. Otras sencillamente porque pasa y ¡se te queda una cara de bobo que se te van las ganas de escribir!, porque todo eso que sientes es algo que te recuerda al pasado.

Si a alguien le apetece pelearse conmigo, ya sabe, yo encantado, pero tan solo en el plano poético, porque en lo personal me duele como a todo el mundo,  aunque pueda parecer lo mismo, no lo es.  Por encima de todo siento el anhelo de que nos entendamos y que no haya necesidad de pelearse para escribir un poema ni de escribir un poema para expresar y compartir lo que sintamos. Sobre todo, si nos peleamos, me gusta que me sorprendan, que me emocionen, que me hagan sentir que la pelea es merecedora de un poema. Si no sale el poema, pues nada, como suele decirse, quedamos como amigos o no quedamos de ninguna manera y así evitamos pelearnos.

Habrá quien piense que siempre voy buscando pelea, que soy un tipo conflictivo y me gano la mala fama a pulso, que así nadie querrá nada conmigo. En ese aspecto, admito mis torpezas y malentendido, que cada cual aprende de su experiencia y la experiencia me dice que no he aprendido porque, cuando lo he intentado, se han peleado conmigo, se han quedado en el hecho de que esa no es manera de comportarse. 

En mi novela “Silencio en tus labios” la relación entre la pareja de protagonistas parece estar basada en esa falta de entendimiento, que cada uno se quiere acercar al otro, pero antes o después, ante cualquier tontería, chocan y así es normal que la relación no funcione todo lo bien que uno y otro quisieran. Me gusta pensar que es una novela “pre” síndrome de Asperger, de antes de ser consciente de la razón de mis falta de habilidades sociales, es una manera de descubrirme a mí mismo. El personaje de Ana, es paciente. En más de una ocasión reconoce que termina hasta el gorro de esas discusiones, que así no se puede estar y en determinado momento opta por la ruptura, para darse cuenta que esas discusiones en el fondo son puro romanticismo, la manera de romper el silencio. Por supuesto, a ninguno de los dos personajes le gusta discutir, ambos sienten esa impotencia por no tener una relación un poco más calmada, porque esos momentos también abundan en la novela, más que las peleas. El amor es ante todo comprensión, paciencia, aceptación del otro, aunque esperes que el otro te haga un halago y no que te dé una contestación fría y poco delicada, como que en vez de lo preciosa que estás con ese vestido nuevo, que te has comprado para lucirlo estando con él, que vas a ser la chica más hermosa de la fiesta, y se fije en que estáis a comienzos del otoño y vas demasiado fresca. ¡Vamos, para matarle!  En la novela hay varios ejemplos por el estilo, pero hay que saber encontrarle el encanto, porque en el fondo lo tiene.

Peleas poéticas    

Mentira
La mentira no nos puede separar,
nuestro amor no es sólo una farsa
es mentir siempre a todos los demás,
hacerles creer que nos peleamos,
para que tras cada pelea venga la paz.
Pero la mentira no ha de ser buena,
si tras una pelea tú me odias y te vas,
Tras la mentira ha de llegar el beso,
la envidia de no besar a los demás,
porque ellos no se pelearon contigo,
ni por mentirles se van a enfadar.
Soy yo quien te exigirá ese beso,
porque por una simple mentira, 
ya no te he podido otra vez besar.

Noviembre 1994

Flechas de amor
Una pelea, una tonta discusión,
para rompernos más el corazón,
para verlo todo de otra manera,
para hacer más enorme el amor.
Cuando al oído llega el silencio
y puedo mirarte yo con ilusión,
admirar lo más alto de la belleza
lo que un día de ti me enamoró,
Y sin quererlo tú, me miras,
sonríes viendo que te miro,
vuelve a ser uno el corazón.
Cupido volvió a mirarnos,
volvió a acertar en el amor,
en vez de una flecha de odio,
vuelven a ser flecha de amor

Enero 1992
No vine por mí
No vine por mí a tantos daños,
fuerzas de mi destino me trajeron,
tú que te cruzaste en mi camino,
más lenta que el caballo del bueno.
No vine a ti buscando peleas
ni he querido robarte tu espalda,
sólo he querido llevarme tu silencio,
las palabras que no has pronunciado.
Yo no vine, ya estaba antes que tú,
pero te sentaste junto a la ventana
y tu cuerpo me ha arrancado de la luz,
me dejaste en la oscuridad del día,
te sentaste en la pupila de mis ojos,
creyendo que allí no me molestarías.

Abril 1994
Sentencia de muerte
Vuelva a ser legal la pena de muerte
y que haya un juez cruel en el mundo,
un juez sin piedad y sin rencores,
un juez que jugué causas de amores
y, sin dudarlo, te condene a muerte,
te obligue a abandonar por mí la vida,
sentencie tu sonrisa a morir de prisa,
así lamentarás seguir estando viva.
Si sabes escuchar mi verso, muérete,
que tu voz no se cruce en mi paso,
ante tu presencia no me detendré,
seguiré adelante con toda mi fuerza,
deseando verte lejos de mí otra vez.

 
Octubre 1995
Te habré perdido
Te tengo olvidada en el olvido,
y volverás cuando me haya ido,
cuando tu ausencia sea recuerdo,
y tu recuerdo lo que ya he vivido,
Volverás porque tienes que volver,
la distancia no se alargará más.

Pero estarás tan lejos cuando vuelvas,
que será como si no te hubieras ido,
porque añoraré el poder añorarte,
saldrás de donde te tenía escondida,
me dejarás ver que tienes vida,
que tu recuerdo es una mentira,
pues sólo en tu ausencia te olvido, 
y olvidando todo te habré perdido.

Mayo 1994
Es una pena
Es una pena, es un latido,
es un corazón desconocido,
eres tú cuando no quieres nada,
cuando tu presencia es mirada,
y mi recuerdo un falso olvido,
porque pude ser lo que no he sido,
estuve aquí, pero ya me he ido.

Es una pena, un dolor insoportable,
un latido que no ha herido a nadie,
lo que soñé y tú has desmentido,
aunque en tu corazón sigue vivo,
porque tus ojos hablan en silencio,
recordando que pudo haber sido,
lo que en mis sueños yo te pido.

Febrero 1995

21. octubre 2015

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