¿A qué quieres que huelan mis poemas?

Dime, ¿a qué quieres que huelan mis poemas?

Pueden oler a río y a sonrías, porque me río, si sonríes. Pueden oler a naturaleza que bajé de las montañas; a agua que fluye en el tiempo, que choca contra las rocas y en sus saltos forma cataratas y allí, desde lo alto del risco, muestra su belleza y como una cortina esconde la ladera de la montaña y tras la cortina quizá oculte un secreto, una cueva misteriosa, pero hay que apartar el agua para verlo, hay que escalar a pared para entrar, hay que vencer el miedo y dejarse llevar por la curiosidad. Pero, si huele como el agua del río, también habrá versos que se lean rápido, que te empujen por la fuerza de la corriente, que se lleven contra las rocas y te alejen de la orilla, que harán volcar la canoa en la que navegas y. si te sientes segura, puedes remar contra la fuerza del agua o dejarte llevar. También huelen a aguas en calma, para que te asomes a sus profundidades, para que admires la belleza de los árboles que crecen en la orilla; para que sientas como las ramas han formado un túnel y te protegen del sol del mediodía, te indican el camino a seguir, porque el agua del río no se detiene, llega más agua detrás de ti. Y, si huelen a río, también huelen a vida, huelen a embarcaciones, a pescadores que lanzan sus redes desde la orilla; huelen a niños que juegan en el agua y se preguntan cuán lejos se encuentra el mar. Si huelen a río, huelen a agua dulce, aguas poco profundas, pero en ocasiones peligrosas.

Pueden oler a mar, porque a eso huelen los poemas, a lo misterioso, a lo que se esconde en la sima más profunda, allá donde no llega ni el submarino más resistente. Pero, si te hundes, si quieres poner a prueba tu curiosidad, baja, llega hasta el fondo de la poesía y cuéntame qué descubres; qué hay más allá de lo que alcanza tu vista, de lo que alcanzan tus brazos, tus piernas. Pero baja con cuidado porque cuanto más te hundas más difícil será que salgas a nado. Pero, si mis poemas huelen a mar, también huelen a orilla de playa, allí donde el sol ilumina tu cara y las olas acarician tus pies, donde más allá del horizonte se encuentra la vuelta al mundo y más allá del cielo, la inmensidad del infinito y detrás de ti se encuentra tu pasado, tus huellas que se han quedado enterradas en la arena, a derecha e izquierda estará la gente. Tal vez me busques, tal vez sea como el mensaje de esa botella procedente de una isla desierta, como ese marino que observa la costa desde la proa del barco; como ese capitán de barco que busca un puerto al que amarrarse, que se deja guiar por las estrellas. Tal vez mis poemas huelan a ese barco hundido en la tormenta y que ahora sirve de refugio a los peces.

Dime, ¿a qué quieres que huelan mis poemas?

Pueden oler como el susurro del viento en la mañana, como a la oscuridad de la noche cuando afloran los sueños. Puede ser como ese caballo salvaje que corre por la pradera; como ese periquito que trina para vencer al silencio que le acompaña en su jaula. Pueden oler a lluvia cuando la sequía ha dejado vacío el cauce del río o a la tormenta que con su fuerza obliga a que se abra las compuertas de las presas, porque donde antes tan solo había un desierto, con el agua se ha convertido en un mar profundo y abierto, una visita intempestiva a la tres de la mañana. Pueden oler a fuego que quema el bosque o al fuego de la lumbre que da calor al alma en las noches de frío, que da calor de hogar, huelen a manta que abriga junto a la chimenea, a ventanas cerradas que buscan privacidad; a eso que los dos sabemos, pero que ninguno debe contar…..

Me dirás que sería poético que mis poemas olieran a algo, pero que son palabras que forman versos, versos que componen poemas, poemas que cuentan una historia, historias que hablan de un sentimiento, sentimientos que son el reflejo de un momento, de una imagen, un recuerdo. Y cuando recuerdo me faltan las palabras, se me nubla la mente y dejo que mis manos, ya sea con el teclado del ordenador o con un lapicero y una hoja de papel, construyan palabras, las palabras versos, los versos poemas…..

Dime, ¿a qué quieres que huelan mis poemas?

Mis poemas huelen a ti, por eso te pregunto ¿a qué quieres que huelan?, aunque llegues a pensar que alguna vez olieron a mi pasado, a mi vida, a cada instante en que he sentido el impulso de escribir un poema y se lo he dedicado a los ríos que fluyen por la tierra; a las olas que llegan hasta la orilla del mar; a caballos que corren libres en la pradera y a periquitos enjaulados, al fuego que queda y al fuego que me ha dado calor…. Mis poemas huelen a ti. Yo tan solo soy aquel que un día tuvo el impulso de escribir y me inspiré en el anhelo de conocerte, en el silencio de tu ausencia, porque me picaba la nariz, porque mis poemas huelen a ti. Que, si tan solo te hubiera visto en mi mente, te recordaría como una imagen; Que, si tan solo te hubiera rozado, ya nunca me hubiera vuelto a lavar las manos; Que si tan solo hubiera escuchado tu voz, me hubiera quedado prendido en tus labios.

Por eso dime, ¿a qué quieres que huelan mis poemas?   

 26. agosto 2019

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