“Silencio en tus labios” 2020

Esto es un análisis literario de las consecuencias del Covid19 porque lo quiera o no admitir, para mí tiene una consecuencia directa en el desarrollo de una de mis novelas, “Silencio en tus labios”. Deja sin sentido la segunda parte de toda a trama, al tratarse de una novela que escribí en la década de los 90 y terminé de perfilar en los primeros años del 2000, sin que por aquel entonces tuviera demasiado conocimiento de los acontecimientos venideros y menos aún para las fechas en que se supone debía desarrollarse la novela, ese reencuentro de toda la familia y sobre todo ese final romántico de toda la historia, cuando por fin los dos protagonistas principales se dan cuenta de que se necesitan el uno al otro en la salud y en la enfermedad, para lo bueno y para lo malo…. Para todo eso a lo que se supone renuncian al final de la primera parte, cuando toda la historia queda con un final abierto porque se espera que pasen muchas cosas, pero que de haber acabado así nada de la historia, de la novela hubiera tenido sentido.

En realidad, la historia de segunda parte de inicia a finales de 2019, por el mes de octubre. Cuando hay más gente, aparte de los protagonistas principales, los que se preguntan por aquel sinsentido de sus vidas, que hay demasiadas preguntas, ninguna respuesta y una curiosidad insaciable por saber lo que ha pasado, mientras que los protagonistas principales se ignoran o, más bien, intentan en vano mantener las apariencias de cara a los demás porque en el fondo se siguen buscando.

Ana arrepentida por su marcha, sobre todo el secreto que se llevo consigo y sobre lo que siente que ha de confesar antes de que sea demasiado tarde porque de nuevo se enfrenta al mismo dilema, pero reconocerlo abiertamente implica admitir que entonces se precipitó, se equivocó, pretendía alejarse para que nadie más que ella sufriera su dolor y teme que volver atrás sea como hacer pasar por todo aquello a quienes de verdad le importan, pero sí o sí, algo tiene que hacer.

Por su parte Manuel, mi personaje, ha de enfrentarse a su realidad, a sus circunstancias, con la sensación de que todo le supera y se le vuelve en contra, que tiene una deuda con su pasado, pero también obligaciones con su presente y su futuro. Vive, en cierto modo, atormentado por aquella ruptura a la que no se atreve a mirar de frente, pero que tiene la sensación de que le persigue allá donde va.

Todo eso está muy bien, más o menos estructurado dentro de la novela, con sus distintos narradores, en esta segunda parte todos entremezclados porque su vida es así, una trenza de caminos, para los cuales unos son más conscientes que otros. Sin embargo, con esto del Covid-19 y sin que como tal pretenda cambiar lo más mínimo el desarrollo de la novela, lo que podría parecer que tiene un atisbo de realidad de autobiográfico, sin serlo, se queda como lo que es, las páginas de una novela, en la que no se hace mención a la mascarillas, cuarentenas ni nada de eso que a día de hoy es una realidad, aparte que con todo esto de la restricciones en la vida social, con esto de reducir a lo mínimo las concentraciones sociales que se ha de vivir casi como en una burbuja no tiene mucha lógica esto de que mis personajes, en caso de actualizar la novela, vivan en medio de esta vida entrecruzada, más cuando entre ellos alguno podría estar considerado dentro de los grupos de riesgo y en consecuencia no tendría sentido que se estuviera moviendo de aquí para allá como si nada. Tan solo estaría un poco más justificado que estuviera como escondido. Sin embargo, la historia que se relata en la novela pierde toda la gracia si no se convierte en algo así como jugar al escondite, un seguir pistas y rastros que igual no llevan a ninguna parte o conducen a un desenlace tan deseado como inesperado.

Por algún lado del blog a lo largo de estos años he ido dejando pistas sobre el desenlace de la novela. Como me suele pasar soy de los que escriben para dejarlo todo guardado en el cajón, pero he de admitir que resulta mucho más ameno compartir mis reflexiones, porque ya se sabe eso de que – el asesino es el mayordomo y que, en las películas, suele ganar el bueno,- lo que hace interesante una novela es que se hable de ésta, que no deje indiferente a nadie. si algo tiene esta segunda parte de la novela, es que se reflexiona sobre la primera para saber lo que pasó, lo que de algún modo es la base de estas reflexiones en el blog.

Algo tiene sentido

Quizá lo único que podría enlazar la realidad con el relato de la novela, lo que admito que es un detalle un tanto difuso y no demasiado bien explicado es que se le pierda la pista a  Ana, algo que ni ella misma se termina de explicar y que sirve de algún modo como desencadenante del desenlace, de los últimos días de la novela y en consecuencia de la reunificación familiar. Con esto del distanciamiento social, de limitar el acceso de las visitas a los hospitales, del traslado de los pacientes, los ataúdes se entregan cerrados por evitar los contagios. Sí, porque se da la circunstancia de que llega la mala noticia del fallecimiento de Ana, lo que da pie al cumplimiento de sus últimas voluntades, pero no es una gestión que se pueda hacer sin más, dado que Manuel, mi personaje, ignora la realidad de sus circunstancias y hay que disponer la situación para que el cambio sea lo menos traumático posible. hay demasiada gente implicada y demasiados secretos que desvelar por parte de unos y otros.

Si me animo, intentaré reajustar ese final de la novela a todo lo que conlleva el tema Covid-19, con el confinamiento, pero que tendré que modificar varios pasajes porque los personajes se mueven bastante tanto por dentro de la ciudad como en sus visitas familiares, a parte que los menores acuden a clase y los adultos trabajan. En todo caso ello no cambiaría la trama central de la novela, porque sí es cierto que se produce esa separación aunque en la novela son por razones muy distintas, por un lado la delicada salud de Ana y por el otro el hecho de que mi personaje quizá se centra en exceso en el trabajo.

Ya veré cómo lo gestiono cuando me ponga a ello, si algún día me decido a hacer la correspondiente adaptación a la realidad.

21. septiembre 2020

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