Hasta luego

En ocasiones escribo o releo mis novelas y me encuentro con secuencias que no sé muy bien cómo se me han ocurrido. Es cierto que la novela «Silencio en tus labios», en ese primer libro/capítulo, hay mucho de autobiográfico, pero también he maquillado bastante esa realidad para que encaje con el argumento de la novela y no parezca que son escenas que se han metido con calzador para contar mis aventuras y desventuras.

Pag. 49

A la hora de salir de allí lo hicimos todos a la vez. Ana hubiera salido con sus amigas para que las pandillas quedasen mejor definidas de cara al plan que cada cual tuviera para después. Sin embargo, y con la excusa de que nos habíamos sentado juntos, prefirió conservar mi compañía, sabiendo que sus amigas nos seguían y no se perderían cuando salieran a la calle. En esa ocasión no sería como tras el retiro, no se quedaría nadie y por descontado yo descartaba repetir el detalle de quedarme a hacerle compañía o ir con ella a ninguna otra parte. Desde allí tenía claro que me marchaba a casa y, si no encontraba quien me acercase en coche, lo haría andando por corto o largo que fuera el paseo en medio de esa fría noche. Lo cual, en cualquier caso, me vendría bien para reflexionar sobre lo sucedido y aclararme las ideas, aunque no me plantease tomar ninguna medida que complicara mi relación y amistad con Ana, incluso en el caso de que ésta jugase conmigo para ver si me merecía un voto de confianza y cambiaba de parecer.

Pág. 62

Salí con él, seguida de mis amigas, fue algo que no pensé, pero estaba confusa, eran demasiados pensamientos y sentimientos los que se cruzaban por mi cabeza, muchas disyuntivas e incoherencias. No quería que se marchase sin más. Necesitaba un último momento de complicidad entre los dos; algo que diera sentido a todo lo ocurrido entre nosotros, a aquel cúmulo de acontecimientos, aunque no esperase un arranque de romanticismo ni nada por el estilo, pero al menos algo que justificase mi regreso a Toledo en el siguiente retiro o me retuviera en mi casa, a pesar de la insistencia de mis amigas en que mi encierro carecería de sentido. Por absurdo que aquello me pareciera, hacía que todo dependiera del comportamiento de Manuel, que, si el día antes había ido con la idea de que huiría espantada, aquella noche mis sensaciones parecían en sentido contrario. No tenía la impresión de que me hubiera enamorado o superado mis recelos a esa posibilidad, tan solo que algo había cambiado entre nosotros y era para mejor; quizá tan solo la satisfacción personal de haber contribuido a que él se integrase más en el grupo y la necesidad de que aquel primer paso no se quedara en nada. Sin embargo, tampoco me parecía correcto que me implicase en su vida, ni aunque ello fuera un motivo para que me interesase por él.

Esta secuencia, este párrafo, de las dos versiones, no sé muy bien qué tiene de autobiográfico y qué tiene de novelesco, porque no me atrevo a afirmar con rotundidad que ello haya sido fruto exclusivo de mi labor creativa, dado que, en principio, parece que es una secuencia más de la historia, del final de un día un tanto atípico en ese tira y afloja de los protagonistas, donde no queda muy claro, si se buscan el uno al otro o, por el contrario, se ignoran y se terminan encontrando sin pretenderlo.

Es un día en que el se enfrentan de verdad el uno al otro, mantienen una de esas conversaciones en las que ambos toman conciencia de su propia realidad. tras lo cual cada uno debería seguir su camino y dar por terminada su pretendida y fallida historia de amor. Sin embargo, como podéis leer en estos fragmentos, sucede justo lo contrario, da la sensación de que se sienten más unidos y conectados que nunca.

Diréis: «¡Es que, si no, no hay historia ni hay novela!»

El caso es que entre ellos dos hay una despedida, un último momento de complicidad, en apariencia potenciado y buscado más por parte de Ana que de Manuel, pero a ninguno de los dos deja indiferente. Manuel se marcha a casa y Ana se queda con las amigas, cada uno sigue con su vida, él vencido por el cansancio y ella llena de vitalidad.

Pág. 50

La despedida fue de lo más normal y quien esperase que nos diéramos un beso en la mejilla, se quedó con las ganas. Ya me había dado un beso el día que Carlos nos había presentado y aquella noche no se sentía tan sociable en ese aspecto, aunque tampoco me ignorase para evitar falsas impresiones. Me dio las gracias por la compañía y un “hasta luego” por el que creí que podía marcharme con la cabeza alta y mirando por encima del hombro a más de uno. No es que hubiera dejado de pensar que tenía mucho que mejorar de mi actitud, pero, al menos, en lo referente a aquella velada, si me puntuaba sobre diez, superaba el aprobado. La nota máxima la reservaba para quien fuera su novio. Sin embargo, eso estaba fuera de mi alcance. De tal manera que la siguiente vez que nos viéramos podría estar seguro que no podría ni tendría que pensar que fuera a sentirse más acosada ni dudar de mis intenciones, salvo que de nuevo fuera tan tonto como para hacer oídos sordos a todo cuanto habíamos hablado aquella tarde. Se había desahogado y no esperaba tener que volver a hacerlo.

Pág. 63

Cuando se marchó se despidió con un adiós en general y yo le respondí con un sentido “hasta luego”. Me salió tan natural que en aquellos momentos no hubiera negado el hecho de que esperaba que nos viéramos de nuevo y a no tardar mucho. Algo bueno había surgido entre los dos, que entonces no supe explicar y para lo que tampoco encontraba mucho sentido. Fue la pena e impotencia por la separación y tal vez el remordimiento por todo lo que habíamos hablado aquella tarde y que, en realidad, le había dicho más con la cabeza que con el corazón. Tampoco es que considerase que me rendía a sus encantos ni pretensiones, porque, como le había dicho, había demasiados inconvenientes para que aquello se planteara en serio, a parte que tampoco me consideraba en condiciones de iniciar una nueva relación con nadie porque me sentía limitada por mis problemas de salud, por esas cuestiones que no comentaba con todo el mundo porque lo consideraba una cuestión privada, quería que se me considerase por mí y no por mis circunstancias, que nadie se sintiera obligado conmigo.

Reflexión

Esta despedida me resulta particularmente curiosa y llamativa, extraña en muchos sentidos para lo que suele ser mi costumbre o lo era en la época en que escribí esta parte de la novela.

¿De dónde me he sacado yo esa subjetividad por parte de Ana? Los pensamientos que le atribuyo a mi personaje son del todo sinceros, no tuve que echarle imaginación, porque en ocasiones tengo la creencia de que recibo ese agradecimiento tácito por parte de los demás. Sin embargo, mi subjetividad como escritor en lo referente a Ana es del todo absoluta. De hecho, todo lo que cuento de ese día incluso a mí me sorprende un poco y tal vez por ello considero que es uno de los momentos fundamentales de la novela y algo así como una lección para mi vida normal.

El dialogo es fundamental y estos dos personajes dialogan, primero porque Ana se quiere asegurar que el rumor lanzado con respecto a su vida sentimental no ha partido de mi personaje, con intención de atraer su  atención, de que ella se sienta obligada a desmentirlo y termine por hablar de lo que lleva en el corazón, cuestión que se resuelve con bastante sentido común y discreción. Mi personaje sabe del tema, pero si es cierto que alude a ello como último recurso para escaparse de lo que considera una trampa en la que él sólo se ha metido.

Es decir, que, como parece ser la tónica de la novela, después de una situación un poco desastroso, caótica, hay momentos para la relajación y el optimismo, para pensar que a la novela aún le quedan muchas páginas y capítulos.

En cualquier caso, es un «Hasta luego y no te hagas muchas ilusiones, pero has conseguido que mejore la opinión que tenía de ti». Es un «Ahora hazme el favor y no lo estropees con tus historias».

«Hasta luego, que de los cientos de miles de posibles pretendientes, tú ya no estás el último de la lista, pero para ser el primero aún tienes que hacer muchos méritos, pero mejor no lo intentes»

En la vida real sí sería un «hasta luego» así como os lo he contado, pero esto se trata de una novela y en este primer capítulo la disyuntiva está en saber si la historia puede ir más allá. Por suerte para mi labor creativa supe cómo continuar la historia sin caer en mis tópicos habituales, incluso a pesar de éstos, y escribir una bella historia de amor con escenas llenas de encanto, aunque reconozco que algunas páginas parecen metidas como relleno.

En cualquier caso, este «hasta luego» está lleno de optimismo, no es una derrota, no es el fin de una historia ni de un fracaso por enfrentarme a la realidad, es un hasta luego, un «Continuará…..» y continúa en la página siguiente, no en otro libro/capítulo, en la página siguiente……

Silencio en tus labios 1. Versión de Manuel.  Página 51
 
Miércoles, 16 de abril
 
Ese año, para mi sorpresa, coincidí con Ana…….
Silencio en tus labios 1. Versión  de Ana. página. 64
 
14 de abril, lunes
 
Durante estas nueve últimas semanas…..

12. febrero 2019

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