De charla con Jessica

Ejercicio de escritura creativa

Un ejercicio que suele dar buen resultado en mis talleres de novela consiste en colocar dos sillas, una enfrente de la otra y sentarnos en una de ella. Después tenemos que imaginar que nuestro protagonista está sentado delante de nosotros, en la otra silla. Si lo prefieres, puedes sentarte en el sofá y preparar dos cafés o dos tazas de té, e imaginar que tu prota está sentado a tu lado.

Primero, trata de visualizar a tu personaje literario, cómo va vestido, qué aspecto tiene, edad, altura, mirada, gestos del rostro… ¿Se te aparece tal y como lo imaginabas? Tómate tu tiempo. A continuación comienza a hablarle. Puedes hacerle preguntas, sobre todo en relación a aquellas partes de la trama que aún no tienes del todo claro. Trata de imaginar qué te responde, pero tampoco lo fuerces. La respuesta debe llegar de una manera natural. Si no quiere responder, que no lo haga. Aunque tal vez te sorprenda diciendo algo que quizá no te esperas, alguna información importante sobre la historia, sobre él, o sobre su pasado. Anótalo en un papel o en tu bloc de notas de la novela y, más adelante, analízalo con calma.

Publicado en 13/11/2017 a las 14:55 por Escuela de Escritura / Ejercicios de escritura creativa 

¿Tú serías capaz de aguantarme la mirada?

Un ejercicio de escritura creativa, casi como uno de los pasajes de la novela que Daddy y yo protagonizamos desde que estamos juntos. A estas alturas y después de todos estos años, es más fácil planteárselo como una conversación entre amigos, entre convivientes, entre personajes obligados a entenderse. Pero, como a Daddy le ha dado por mejorar sus cualidades como escritor, como si yo no tuviera nada mejor que hacer. Porque no sé él, pero yo tengo una vida y, aunque disfruto de cada momento en que estamos juntos, como suele decirse, tengo la cena en el fuego y es posible que, si no se quema, acabe ardiendo toda la cocina y yo me quedo sin cenar. Ya que no sé si él es muy consciente de ello, pero yo tengo mis obligaciones como todo el mundo.

En mis últimos años de internado, si no iba a clase con normalidad, ya me estaba haciendo las maletas porque tengo alojamiento reservado en otra parte y no eran solo palabras para asustarme. Después fui a la universidad y tres cuartos de lo mismo, que, si no aprovechas el tiempo, no tiene sentido que vivas en el campus porque la gente se piensa que tan solo has ido a perder el tiempo para justificarse. Estudiar, trabajar para costearme los estudios y les alojamiento, encontrar tiempo para estar con Bowie, para participar de la vida social del campus, etc. Que sí, que vale, que dentro de mi ajetreada vida universitaria también había tiempo para pensar en Daddy, echarle de menos e incluso del cuarto de baño porque una chica necesita un mínimo de intimidad y eso lo aprendí desde bien pequeña.

Viajar desde Medford a Toledo no fue fácil y mucho menos económico ¿Cuál fue la aportación económica de Daddy? Si no me hubiera preocupado por trabajar, por administrarme, por hacer mis cuentas y ganarme cada centavo no creo que me hubiera podido acercar al aeropuerto. El mérito en realidad es más de Yuly, a quien le había tocado la lotería y quiso compartir el premio conmigo. Desconozco la cuantía, pero fue lo suficiente como para costearme el vuelo desde Boston hasta Philadelphia y desde Philadelphia a Madrid. Desde el aeropuerto de Madrid/Barajas hasta Toledo tuve que recurrir al metro y al autobús porque nadie me vino a recoger. En parte culpa mía por no haber avisado con suficiente antelación ni esperado una confirmación por su parte.

Pero bueno, ahora ya estamos juntos y, como él dice, nos podemos sentar a charlar. Quiere verme bien en el buen sentido; conocerme un poco mejor y hasta cierto punto darse la ocasión a presentarme a sus amigos, porque en el post anterior me dio un poco de reparo preguntaros sobre mis inquietudes, sobre su manera de proceder con esto de no escribir en primera persona.

Por si alguien no me conoce todavía, soy Jessica Marie Bond, de Nort Medford, Massachusetts. Aunque os cueste creerlo, soy su hija. Hay incluso quien asegura que somos como dos gotas de agua, pero entre nosotros no vemos el parecido por ninguna parte. Cada uno tiene su personalidad, sin que rechacemos ni desmintamos esa herencia genética. Daddy prefiere que no nos parezcamos mucho, que se aprecien más esas diferencias porque así él tiene su mundo y yo el mío. Mi mayor defecto es que si hablo español es porque Daddy me obliga. I usually speak English, aunque Daddy no siempre me entienda. Yo he tenido que aprender su idioma un poco por las malas y otro poco a escondidas.

En general soy una chica bastante normal, un poco más alta que él, más esbelta, puede que algo delgada, pero eso para mí tampoco tiene demasiado importancia. De pequeña me gustaba llevar el pelo corto, parecía un chico, porque no me gustaba la vida en el internado ni aquella vida, pero ya he me acostumbrado a llevarlo largo, luzco una media melena morena. Ya no siento el impulso de  esconder mi verdadera personalidad, ahora que la he encontrado. Si Daddy tiene los ojos verdes, los míos son marrones. Como os he dicho, el parecido entre nosotros no está tan claro.

Lo más gracioso de todo esto, es que al igual que él me ha imaginado a mí antes de conocerme, yo puedo decir lo mismo con respecto a él. Lo cuento en la novela. Me tuve que imaginar cómo era y me atrevo a confesaros que mis expectativas no se cumplieron en todos los sentidos, aunque ya me aconsejaba Ana por aquel entonces que no me crease demasiadas ilusiones y, hasta cierto punto, puedo decir que me sentido un tanto defraudada tras conocerle en persona (Es broma, pero mejor que lo piense así antes de que se le suba el ego) El también me ha atribuido a mí defectos en vez de resaltar mis virtudes. Se ha permitido compararme con otras y no siempre ha escogido lo mejor de éstas, no sé si por fastidiarme o por hacerme sentir como una damisela en apuros a quien haya de proteger. Como siempre digo “él sabrá”.

En lo personal os diré pensando que todo Medford era todo mi mundo y la ciudad de Toledo era algo así como mi lugar de ensueño, por lo que nadie se esperaba que me fuera a dedicar al estudio y análisis del mercado internacional, mundial,que tuviera interés por saber lo que pasa más allá de lo que alcanza mi vista. Daddy dice que soy “la economista”. Yo prefiero pensar que tan solo he tenido la suerte de encontrarme y cruzarme con buena gente a lo largo de mi vida y eso ha facilitado bastante mi situación actual y en general no me puedo quejar de nada en particular. Si acaso de que últimamente, aparte de mi trabajo, de vivir mi vida, tengo que escribir estos post porque al “señorito” no le apetece trabajar y delega en mí todo el esfuerzo, que él está con esto de la escritura creativa y tiene que practicar. Ya le he dicho que espero que me lo compense, ya que como me despidan ya sabemos a quién le voy a pasar las facturas.

Bueno, creo que se me quema la cena. Hablamos en otro momento, si no os importa. Como estaré por aquí algún tiempo, si queréis algo, se lo decís a Daddy y éste me pasará el mensaje. 

21. octubre 2020

Un comentario en “De charla con Jessica

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