White and sweet Christmas

A Daddy le debe gustar la Navidad, porque no se reprime al escribir sobre ello en la novela y, por lo tanto, los dos somos un poco más conscientes de la relevancia de esas fechas en mi vida, tanto antes como después de conocernos, aunque no estoy muy segura de que las alusiones que hace sean muy navideñas ni ayuden a entender cómo son estas fechas en Medford ni siquiera cómo se celebran aquí en Toledo, en familia. Pero, si me permitís, os hago un pequeño resumen de los recuerdos que he compartido con él y se ha tomado la licencia de incluir en la novela para describir cómo era mi vida por aquel entonces.

Mis primeras fiestas de navidad, como le pasaba a cualquier chica en mis circunstancias de entonces, fueron en el internado. Pero, claro, las demás niñas tenían a sus familias de acogida, mientras que yo me quedaba sola. ¡Vamos que de allí no me sacaba ni Papa Noel, ni aunque se hubieran presentado los Reyes Magos por eso de que son tres y hubieran ejercido mayor fuerza o capacidad de convicción! Alguna de las tutoras se debía quedar conmigo, con la suerte de que en los Estados Unidos las vacaciones son poco más cortas, después de Año Nuevo todo el mundo de vuelta a clase, que se pasa lista. ¡Y si te pasas de lista pues atente a las consecuencias! La cuestión es que con el internado nació durante toda una semana mucho ambiente de fiesta no había y no sé era peor cuando las demás regresaban de sus vacaciones cargadas de regalos y felices después se haber pasado unos días maravillosos que en poco o nada se parecían a lo míos, apenada por la falta de noticias de Daddy.

Cuando pasé a estudiar en el instituto, ya mentalizada de que me quedaba como la mayor de todo el internado por una concesión especial que atribuía más a mi cabezonería que a otras cuestiones un poco más coherentes, el hecho de conocer y hacer amistad con Yuly contribuyó a que cambiara mi manera de plantearme estas fiestas porque para ella el último día de clase antes de las vacaciones le animaba a cantar como si fuera una de las niñas que cantan el Gordo de Navidad, porque aseguraba que eso era muy típico en España y en cierto modo soñaba con que alguna vez a ella también le tocase la lotería. Hasta Mr. Bacon estaba al corriente de cuál había sido el número afortunado ese año de mi asistencia a clase de Spanish y le tuvo que pedir que moderase su entusiasmo porque ella no estaba entre las agraciadas, como es lógico yo tampoco.

Por aquel entonces las navidades de Yuly estaban condicionadas por la visita o no de su familia de Vigo, porque para ellos era un poco complicado hacer el viaje con tan poco tiempo, aparte de que también fueran fechas para celebrarlas con su familia de Boston. A mí me llegó a invitar en alguna ocasión, pero como es lógico yo no me sentía muy animada ni dispuesta a cambiar mis costumbres, sin que en ese sentido en el internado se produjese ninguna novedad, salvo por el hecho de que una vez que ya tuve edad para trabajar y estaba clara mi intención de ir a la universidad, mi ociosidad se compensaba con trabajo, salvo en los días festivos, que al menos tuviera dinero para mis gastos y para que ahorrase porque ni la matrícula ni a estancia en la universidad me las iban a regalar nadie, si me quedaba encerrada en el internado tampoco iba a conseguir nada.

Al pasar a la universidad, dado que las vacaciones se alargan hasta mediados de enero, por eso del cambio de semestre, Yuly se encontraba con más tiempo para viajar a Vigo, por lo que en ese sentido alguna Navidad me he sentido un poco más sola, aparte de por el hecho de no poder volver al internado, salvo cuando me invitaban a comer y porque como os he comentado, para mis las vacaciones eran una buena época para centrarme en el trabajo y dejar a un lado los estudios durante unos días, sin que pudiera presumir de ser una estudiante universitaria destacada, pero si no hay que ir a clase, tampoco hay porque cruzarse de brazos.

Mi complicación de esos años estuvo en Bowie. No está claro sí fue él quien me escogió a mí o yo quien me apiadé al encontrarme esa bola de pelo con patas al pie de la escalera, en mitad de la nieve. Ya me dijeron que no me comprometiera porque me iba a buscar más problemas de los que ya tenía, porque lo que me faltaba era tiempo para todo, si tenia que compaginar estudios y trabajo, pero siempre me he considerado una chica con corazón y no fui capaz de abandonarle ni de desentenderme. Me hizo compañía en mi primera Navidad lejos del internado y en cuanto se reanudaron las clases Ana me ayudó a proporcionarle un hogar donde pudieran cuidarle durante las clases y de ese modo la casa de Jenny se convirtió también en mi casa para las vacaciones, cerca del campus y del trabajo, ya que no sólo debía costearme la universidad, sino, además, asumir esa responsabilidad extra, que os confieso asumí encantada.

No sé si os lo creeréis, pero en mi último año de universidad a Yuly le tocó el Gordo de Navidad, cuando yo pasaba por mi momento más crítico porque empezaba a depender en exceso de mis ahorros y mi situación personal se complicaba ante la constatación de que debía hacer algo con mi vida para cuando me graduase, que eso de viajar a Toledo por mi cara bonita no resulta muy creíble. Ni siquiera para mí. El caso es que como somos amigas, tuvo el detalle de compartir el premio conmigo, se comprometió a pagarme el viaje de ida a Madrid, de modo que yo me sintiera un poco menos agobiada en lo referente a mis gastos cotidianos y la inevitable pérdida de mis ahorros, ya que la cuenta de gastos se disparó un poco. En todo caso, ello no hizo que me desentendiera de Bowie porque era mi mejor compañero, aunque contase con el consejo de Ana para que no me dejase llevar por una ocurrencia de última hora y dentro de mis posibilidades, o de lo que ella estuviera dispuesta a mediar, la situación no se volviera desesperada en ningún momento. Que las gemelas pasasen sus fiestas conmigo, siendo yo su familia de acogida, considerado como un gasto extra de internado, contribuyó a que ellas no se quedasen solas, yo tuviera compañía y mi economía se saneara un poco, quien más lo disfrutó fue Bowie porque acaparó el cariño de las tres.

Navidad en Toledo

Mis primeras Navidades con Daddy, como te imaginarás, para mí fueron un poco raras, porque aparte de que estaba completamente fuera de mi ambiente, iban a ser las primeras en familia. Pero no sé muy bien qué líos tienen en esa casa que al final los dos nos quedamos solos en Nochebuena, lo cual quedó bastante deslucido porque distaba mucho de mis expectativas más optimistas y tan solo se medio llenó de gente la casa en Nochevieja. Yo quiero pensar que aquel desbarajuste se debió en cierto modo al hecho de que al tener que contar conmigo, le estaba quitando la cama a alguien y alguno prefirió no acudir a la cena. Lo único que sé es que se cumplían mis tres meses de estancia en el país, pero en vez de verme obligada a hacer las maletas para regresar a Boston, tuve la ocasión de celebrar que me podía quedar en Toledo de manera definitiva.

Las fiestas de Navidad del año siguiente casi estuve a punto de celebrarlas con Yuly en Boston, a donde había regresado a comienzos de noviembre para una entrevista de trabajo y por consiguiente para trabajar, cuando mi deseo volvía a ser regresar a Toledo, porque además se suponía que el trabajo era para cubrir un puesto en Madrid, pero me tenían retenida en Boston para que me conformase. Por suerte pude regresar a Toledo a tiempo, confiada en que para Daddy iba a ser una sorpresa, porque no le quise avisar, aunque hubiera sido la excusa para que me resarciera por no haber ido la primera vez a recogerme al aeropuerto. La sorpresa me la llevé yo cuando me encontré con él en la estación de autobuses.

Esos días como ya se me consideraba una integrante más de la familia, se me había incluido en los planes, porque salvo Daddy, yo creo que todo el mundo estaba al tanto de mi regreso, por lo cual se organizaron de manera que yo no sintiera que le quitaba la cama a nadie. De hecho, como me puse enferma, lo de disponer de una cama fue todo un alivio, aunque me fastidiara eso de no poder seguir el ritmo de los demás. Por otro lado la sorpresa fue mayúscula cuando tato Yuly como mis amigos de la universidad se pasaron a hacernos una visita. Que si me hubiera puesto un poco más de acuerdo con ellos, hubiéramos hecho el viaje en avión juntos, pero yo tenía ganas de volver a casa y no pensé en nada más.

Navidades hoy

Desde entonces las navidades han sido en familia, marcadas por sus costumbres, con la conciencia tranquila porque yo no le quito a nadie yo porque como ya os he comentado en algún post anterior mi relación de familia con Daddy se ha ido afianzando y como él me recrimina con más o menos argumentos cada día me voy trayendo un poco más de mi vida de Medford a Toledo y cualquier día le convenzo le organizamos unas auténticas navidades americanas, porque sabe que él en ese sentido juega con desventaja. Su suerte es que los años han ido pasando y mi capacidad de influencia va en descenso, pero sabe que me lo debe por todos esos años en que me he sentido ignorada .

22. diciembre 2020  

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