Un día llegué yo

Manía, exceso de imaginación, de creatividad….., Llamadlo como queráis, pero el caso es que cuando Daddy tiene que hacer mención a algo relacionado con la novela “Esperando a mi Daddy“, no se pone en plan sabiondo para contaros con pelos y señales lo primero que se le ocurre; no recurre a esas reflexiones personales para ensalzar las virtudes y defectos de los personajes, ya que, cuando se trata de algo con cierto carácter autográfico, él sin lugar a dudas, es Daddy. Firma con su nombre real y se anota un punto en su orgullo personal. Sin embargo, según parece, no tengo muy claro dónde ni lo ha leído ni quién se lo ha contado, pero los escritores han de tener la capacidad de abstraerse, de ir más allá de su propia realidad e imaginarse un mundo completamente distinto, aunque en el fondo no sea más que la vida misma, pero pintada de otro color, con un prisma distinto. De ahí que sin que en su caso sea una novedad, porque ya os ha contado eso de que escribió una misma novela con dos versiones. Daddy se cree más original que todo eso, de manera que, sin admitir discusiones al respecto, desde octubre del año pasado más o menos, (“Secuestrado“) a quien sienta delante del ordenador, por definirlo del algún modo, es a mí.

De manera que, por si aún hay alguien que no me conozca, la novela “Esperando a mi Daddy” no trata sobre Daddy, sino de mí. En realidad, tengo la sensación de que Daddy quiso alejarse tanto de su realidad, de sí mismo, que, en vez de imaginarse un mundo fantástico, en una galaxia muy lejana, porque estaba en una época un tanto cambiante de su vida, de descubrimiento personal, no se le ocurrió nada mejor, que dárselas de novelista serio y echarle ganas. Que si para escribir una buena novela hay que investigar, ¡pues te arremangas e investigas! Bueno, yo creo, más bien, que empezó como siempre, quiso contar su vida desde otro punto de vista y, casi sin darse cuenta, aquella extraña chica llegada de no se sabe dónde, con una historia personal un tanto estrambótica, poco a poco se ha adueñado de su trabajo como escritor, porque, para bien o para mal, para disgusto o agrado de aquellos que le siguen, él no ha cambiado ni un pelo de su cabeza, – ya me entendéis. Tan solo le ha dado por pensar que le estaba poniendo mucho de sí mismo a todo lo que escribía y le faltaba un toque un poco más critico, hasta cierto punto burlón. Ya sabéis lo que le encanta esto de que escribir sea como un dialogo abierto, más que un monologo consigo mismo o con vosotros, con esos lectores a los que no siempre es tan fácil poner cara o a aquellos que la tenéis no sabe si le seguís.

La cuestión es que un día de esos de verdad, de hace algunos años, de los que se marcan en el calendario por el motivo que sea, a Daddy se le ocurrió la genial idea de contar una historia. Más bien, se puso a escribir cómo hacía entonces, por demostrarse a sí mismo que le gusta eso de escribir y es capaz de escribir más de tres líneas sin que el folio acabe en la papelera ni en el montón de los asuntos pendientes que nunca ha llegado a retomar. El caso es que pensó que yo podría tener una excusa un poco rocambolesca para llamar a su puerta, para hacerle una visita. Ya sabéis, para eso de escribir, él tiene el premio a la originalidad.

No creo que ni el mismo se acuerde de los motivos, pero el caso es que aquello le terminó sonando a lo mismo de siempre, con la única diferencia de que la chica que entraba a formar parte de esas realidad literaria y paralela tenía una justificación un tanto extraña ¿Quién se lo iba a creer? Probablemente casi nadie.

De hecho, la idea de esta novela, la base de toda esta historia, como él ha contado en alguna ocasión, ni siquiera se puede considerar original, propia. Tan solo fue por darle un sentido un tanto rebuscado a algo que leyó por casualidad, sobre una chica a la que ponían en duda sus orígenes étnicos. De modo que una anécdota ajena, que Daddy leyó por parte de terceros, de la manera más fría posible, a día de hoy es una de sus novelas y, por deferencia, como es lógico, ha encontrado a ese otro narrador. Aunque yo soy más de pensar que ya lo había encontrado, pero a quién no dejaba salir por inseguridad personal. Por suerte para mí, poco a poco he ido saliendo de ese rincón, de ese montón de papeles de donde me tenía atrapada, encerrada. Pero, ya os digo, él sigue siendo Daddy, porque hasta le molesta un poco que sea yo quien escriba su nombre.

Como os decía, los inicios de la novela fueron esos, que alguien puso en duda la identidad étnica de una chica en referencia a su padre. La identidad de ésta la dejaremos en el anonimato porque tampoco viene al caso, ni su vida tiene relación con la novela, aunque en alguna ocasión y, de manera un tanto sutil, Daddy tiene el detalle de aludir a ésta en la novela, de asegurar que nos parecemos, pero tampoco es un detalle tan relevante. Son libertades creativas que se permite de vez en cuando y porque necesitaba ponerme una cara. La que tengo en la actualidad, que más o menos parece la definitiva, dado que tan solo se trata de una foto trucada, de un fotomontaje, al parecer a Daddy no le desagrada del todo y tampoco se aleja tanto de la idea original. A mí me gusta pensar que últimamente soy algo más que una cara bonita, pero el mérito es de la tecnología, porque en el fondo aún soy tan solo cara original, si es que se me puede definir así, dado que es una mezcla de todo y de nada a la vez.

Una de mis “fotomontajes”

La cuestión es que antes que una foto o una cara más o menos bonita, en “Esperando a mi Daddy” se cuenta mi vida, ya que, a parte de ese día en que se supone yo llamé a la puerta de la casa de Daddy con una excusa un tanto estrambótica sobre la identidad de padre, con el tiempo, según Daddy rellenaba esos folios en blanco y, en particular, cuando pasó del papel a utilizar el ordenador, su propio ordenador, yo me fui poco a poco adueñando de mi vida. Gráficamente se puede decir que él empezó a sentir curiosidad por saber quién era yo en realidad; mis orígenes; las razones por las cuáles una chica como yo tendría el convencimiento de que una hipótesis, en apariencia tan absurda como esa, podría llegar a llamar a su puerta y, sobre todo, conseguir que incluso él se lo creyera, porque analizado en frío, se parece más al típico timo de la estampita. Muy bonito por fuera, pero sin nada que lo sustente en el fondo.

Pues nada, ahí tenéis a Daddy hurgando en mi pasado, cada vez un poco más atrás en tiempo hasta el mismo instante en que se supone que el mundo tiene por primera vez constancia de mi existencia, sin que haya querido ir más atrás, aunque por lógica y coherencia haya abundantes alusiones a ello, porque de otro modo no tiene ninguna justificación que yo me presente en su puerta, que necesite hacer ese viaje para descubrir si todo lo que sé de mi misma tiene algún sentido o en el fondo no son más que una sarta de mentiras.

Lo curioso de mi historia, como os he comentado al principio, es que Daddy se evade de su propia realidad para contar mi historia, mi vida. Él no está, no interrelaciona conmigo, no nos cruzamos por la calle ni tan siquiera se pueda decir que nos conozcamos. Bueno, miento, eso de que nos lleguemos a cruzar por la calle, que sepamos del uno del otro, es algo que por coherencia tiene que pasar, pero yo no soy demasiado consciente de ello, no quiero serlo y él, sencillamente, toma constancia de que yo existo, pero tampoco es que haga nada especial por buscar ese acercamiento. Tan solo me deja pistas más o menos claras para que le encuentre y llegue hasta él, si es que de verdad quiero encontrarle. Un océano se interpone entre nosotros, un mar de ignorancia y de silencio me rodea, de lo que en parte yo soy la única responsable.

Como Daddy no forma parte de mi mundo, de mi realidad antes de yo presentarme en su puerta, éste, en esa faceta de escritor, o, más bien, yo, ante la necesidad de crear mi propia realidad, rodea de gente, dado que no vivo en una isla perdida en mitad del océano, aunque en ocasiones lo llegue a parecer que niego a ver, a saber que hay más allá de lo que alcanza mi vista. Ya les he mencionado con anterioridad en el blog y ahora basta con aludir a éstos de manera general. Son mis amigos, cada cual con sus vivencias ¡Qué trabajo da eso elaborar la ficha del personajes! Ponerles cara, nombre y darles personalidad propia, porque, como se trata de mis amigos, tengo que conocerlos casi también como a mí misma, al menos hasta dónde éstos me permitan o me sea posible. Ellos, de algún modo, son quienes me han aportado eso que a mí me ha faltado hasta que me encontré con Daddy, pero después tampoco me han abandonado del todo.

Entiendo que Daddy, en el fondo, no es más que eso, un osito de peluche esperando dejarse querer, de manera que mi historia es tan solo su vida, pero pintada de otro color. Porque, como os digo, yo llegué en una época en la que él se estaba descubriendo a sí mismo, cuando a su realidad, a su vocabulario, llegó un termino llamado “Síndrome de Asperger” y en vez de escribir sobre sus propias experiencias, sobre qué implicaba todo eso para él, le dio una pequeña vuelta de tuerca a su historia y al final aquella anécdota contada en las revistas sobre esa chica que debía defender la identidad de su padre o el hecho mismo de necesitar de ese redescubrimiento personal, han confluido en esta novela, que quizás tenga de Daddy mucho más de lo que él ha querido plasmar de manera consciente, pero que, en el fondo, tan solo cuenta mi vida, la vida de Jessica Marie Bond, “Jess” para los amigos, desde hace algunos años desde aquellas primeras líneas sobre el papel, que a día de hoy son muchas páginas en el procesador de texto y varios cientos de megas en el memoria del ordenador, o dispositivo donde Daddy tenga guardada las copias de seguridad.

Entiendo que he venido para quedarme, pero, ya sabéis, igual un día de éstos a alguna otra chica le da por llamar a la puerta con una historia de esas que no se cree casi nadie. Lo único que sé es que quien llama a esa puerta no tiene tiempo para aburrirse. Y si te aburres, llamas a las amigas y que te cuenten sus historias y sus líos. Yuly os contará lo que ocurre en España, aunque hagáis como que no la escucháis; Sharon agotará vuestra paciencia con todo lo que le apetece hablar de cualquier cosa; Luz le pondrá un poco de sentido a vuestra vida, con un poco de necesidad se desahogará por las locuras de Jack. Si Ana tiene un rato libre, os convencerá de que hacéis mal por no hacer nada por saber algo más de Daddy.

De modo que nada, si queréis algo de Daddy, así en confidencia y ahora que no nos oye, sé dónde vive y que llamar no es tan complicado. Le digo que venís y organizamos algo para pasar la tarde.

Un comentario en “Un día llegué yo

  1. “…los escritores han de tener la capacidad de abstraerse, de ir más allá de su propia realidad e imaginarse un mundo completamente distinto, aunque en el fondo no sea más que la vida misma, pero pintada de otro color, con un prisma distinto…” Lo enmarco, para releerlo de vez en cuando. Saludos.

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