¡Ni regalada!

Continuo publicando la novela “Esperando a mi Daddy” esta vez en vez avanzar con el viaje por ese nuevo mundo por descubrir retrocedo un poco en el tiempo, unas horas, para que quede más clara la simpatía de Jessica, por qué está castigada a averiguar por su cuenta dónde van, aunque con una criatura tan dulce como ella, sorprende que Ana la haya escogido como compañera para este viaje ¡Menudo viajecito les espera!

23 de junio 1995, 10:30 am

Jessica adolescente. Fotomontaje
¡A ver, a ver! ¡Daddy es un exagerado! yo en esa época era un encanto, lo que pasa es que Ana me pillo desprevenida, como en el 98% de las ocasiones porque, si no, no me encuentra, aunque eso de escaparme del internado cuando empiezo a escuchar no nombre en cuestiones que no eran de mi agrado, como que me han encontrado una familia de acogida o que me llevan lejos del internado sin que se haya averiguado nada sobre Daddy, ya no era tan habitual, entre otras razones porque a mis catorce años de entonces y dados los precedentes, ya ninguna familia se interesaba por mí y en esas fechas una vez terminado el curso, 8th Grade, tenía la promesa de Ana de que me quedaría en el internado al menos otro año más, cuatro, si me comportaba, siempre y cuando me comprometiera a acudir a clase de Spanish, al menos durante un año en el instituto, en el High school, y por supuesto aprobase. Bastaba con que aprobase y no tuvieran que echarme de menos en el aula cada vez que el profesor de la asignatura asomara por allí la nariz. En serio que estaba dispuesta a cumplir. Un año de Spanish se pasa rápido y después serían tres años con la asignatura de lengua extranjera que a mí me apeteciera. Es decir, cuatro años más de margen para que Daddy me viniera a buscar o al menos para que encontrásemos alguna pista que nos ayudase a localizarle y que éste supiera de mi existencia.  
Idea de cómo sería mi dormitorio en 1995
Es decir, que yo, esa mañana de viernes me encontraba en mi habitación, donde no molestaba a nadie, mientras las demás terminaban de recoger sus maletas y marcharse con sus familias de acogida, de campamento o donde les correspondiera según el caso. La idea era que al final nos quedaríamos Ana y yo solas, como en veranos anteriores, aunque Monica y ella se suelen turnar porque ambas aprovechan los meses de verano para ocuparse de sus asuntos y descansar. El caso es que yo estaba en mi dormitorio, haciendo planes para el próximo curso, con la tarea de organizar una fiesta por mis quince cumpleaños, porque era de esperar que para finales de curso  hubiera algo que celebrar, ya fuera mi aprobado en la asignatura de Spanish y mi permanencia en el internado o como me ponían de patitas en la calle, aquello de lo que mis resultados académicos me hicieran merecedora.      
De manera que estaba yo ahí, tan tranquila, centrada en mis asuntos, cuando sin previo aviso, Ana se asoma por la puerta con intención de alterar todos mis planes y expectativas  para los siguientes días, Que yo ya me veía tomando el sol el Carson Beach, aunque a cambio tuviera que dedicar tiempo a la lectura no comprensiva de textos en español. Como los albañiles iban a estar alborotando en el internado, lo de pasar los días en la playa no parecía mala opción y venir al internado tan solo para dormir y estar pendientes por si llegaba alguna noticia de Daddy. 

Ana: [Se asoma por la puerta] ¿Jessica, en cuánto tiempo te preparas la maleta? – Me pregunta con toda intención y gesto serio. – Nos marchamos dentro de una hora y más vale que te des prisa. – Me advierte. – No hace falta que te cambies. Así vas bien. – Me dice para que no me entretenga.

¿Un viaje? ¿A dónde? ¿Tenía yo maleta que preparar, que llenar? Toda mi vida he estado estado en el internado, desde que me recogieron en el hospital porque nadie me reclamó y desde entonces tan solo me había movido de allí para ir al colegio, a misa y a Carson Beach, sin contar mis escapadas al parque ¿Para qué iba yo a necesitar yo una maleta? ¡Ah, sí, para cuando Daddy viniera a por mi, para meter en ésta mis escasas pertenencias y marcharme con él! 
Si nos íbamos de viaje, Daddy no iba saber dónde ni como encontrarnos. Pues que se marche Ana sola, que yo me quedo, aunque sea en casa de los curas de la parroquia, si el internado va a estar invadido por los albañiles, por las obras. Me acurruco en un rincón y ni se enteran que estoy allí. Con que se aseguren que sigo viva y me den de comer de vez en cuando es suficiente. Molesto menos que una mosca. ¡Eso! ¡Yo me quedo!   
Y mientras yo medito en silencio, me cierro en banda y busco argumentos para quedarme, Ana se ocupa de vaciar mi armario y de llenar mi maleta. Pero, yo me quedo ¡eh! Eso que lo tenga claro. ¡A mí no se me ha perdido nada donde sea que quiera llevarme!  

Ana: Por mucho que te empeñes, me parece que la tontería no cabe en la maleta. – Me responde en tono afable. – Le haría un hueco junto al cepillo del pelo, pero seguro que en el aeropuerto lo rechazan por sobrepeso. – Me dice sin perder el buen humor.

Pero es que yo no quiero ir a ninguna parte, que estoy segura de que este año sí que vendrá Daddy a buscarme, ya no soy una niña de colegio, sino de de high school ¿Por qué no podemos ser un poco más optimistas en ese sentido. Ana es de las que siempre me ha dicho que no renuncie a mis ilusiones, pero ahora es la primera que les quita importancia. ¡Es ella quien me anima para que busque a Daddy, aunque también sabe que en ese sentido y en otros menos relevantes, no soy de las que le hago caso.    

Ana: Alegra esa cara. – Me ruega animada. – Cualquiera diría que te llevo a la cárcel o algo peor. – Alega. – La verdad es que no sabes la suerte que tienes y estoy segura de que a más de una de las chicas les entusiasmaría un viaje como éste. – Me dice. – Como sabes, no es habitual que me lleve a ninguna conmigo, de manera que considérate una privilegiada.

¿Cuánta ropa cabe en la maleta? ¿Cuánta ropa se necesita para un viaje de dos semanas? La pregunta, en realidad, sería: "¿Cuánta ropa tengo yo en el armario que mientras más se llena la maleta éste parece mucho más vacío?"; ¿Cuántas son mis pertenencias? 
Vale que en el internado no hay dinero para derroches y como yo ya me he hecho mayor lo de tener ropa para alguien de mi edad se convierte en un capricho caro, pero no sé, ahora que parece que va a sobrar sitio en la maleta tal vez sea momento de replantearse un poco mas en serio mi situación. que voy a ser una chica de high school, en un centro público, de manera que en vez de gastarse el dinero en viajes tontos se podría invertir en algo más provechoso.  

Ana: ¿Quieres algo más? – Me pregunta. – No sé si la maleta es demasiado grande o tú estás escasa de ropa, pero aún queda sitio para algunas cosas. – Me indica. – Si no dices nada, la cierro, te llevo de las orejas al cuarto de baño para que hagas un pis rápido y nos bajamos a la calle porque el taxi está a punto de llegar.

Jess: ¡Ya voy! – Le contesto porque está claro que no me deja otra alternativa y ahora mismo no me concede ningún voto de confianza.

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