Esas noches de verano en Toledo

Esperando a mi Daddy

Introducción

Si seguimos con la visita a Toledo, con este paseo de acompañamiento a Jessica y Daddy, aunque ya he hecho mención a lo que sucede dentro de la muralla, lo oportuno es que es que antes de ir más allá de la puerta del Cambrón, nos detengamos un momento, a observar con detenimiento lo que sucede a orillas del río, porque el río, como tal, tiene sus leyendas, su historia y su importancia estratégica y defensiva.

Las entradas anteriores de este recorrido son:

Pero como es de buena educación dejar salir antes de entrar, permite retrocedamos un poco en esa subida por la Bajada de San Martín y nos asomemos a contemplar la orillas del río. Quedémonos un momento a observar quién sale. Retrocedamos hasta el mirador del puente y no corramos tanto como Jessica aquella tarde de domingo, que atraída por la curiosidad del puente se olvida un poco del río.

Me he dado cuenta de que casi sin pretenderlo me he saltado un detalle curioso de la novela, de esta historia de Toledo, que cuando Jessica contempla el puente no reprime a curiosidad de buscar la manera de bajar hasta la orilla del río y se pregunta eso de «¿Dónde está la playa?» Es decir, que por eso de tener prisa, porque las prisas nunca nos buenas, se me ha pasado por alto contarte que desde el Mirador del puente de San Martin se puede bajar hasta la orilla del río. Es más, casi es una visita obligada. Lo de bañarse es poco recomendable y está prohibido por las malas condiciones del agua.

Mirador del puente de San Martin, Bajada al Baño de la Cava

Jess: Si cruzamos el puente ¿nos llevará hasta la orilla del río? ¿Hasta abajo del barranco? – Le pregunto por si ella se orienta y conoce el lugar mejor que yo.

Ana: Mejor que no nos aventuremos demasiado. – Me recomienda. – Subamos por esa calle y vayamos a ver monumentos. – Me propone. – Conozcamos la ciudad.

Está claro que no me puedo entusiasmar demasiado por saber dónde estamos ¿Así no sé cómo espera que lo descubra? En realidad, me da lo mismo, porque quisiera que me llevase a casa de Daddy, pero no la veo con mucha intención. Si no sé dónde estoy, tampoco tengo argumentos para pedirle nada en ese sentido. Mi sueño sería que estuviéramos en Toledo, que por esa calle de subida o al otro lado del puente se encontrara la casa de Daddy, que sin que lo supiera Ana me hiciera pasar por delante de la puerta, pero me temo que lo que intenta evitar es eso, que nos crucemos con Daddy, porque yo quiero pensar que, sin que me lo haya dicho, me ha traído a Toledo, que se aprovecha de mi ignorancia para que me pique el gusanillo de la curiosidad y, en cuanto se descuide, busque y encuentre todo lo que pueda sobre Toledo, que me confirme que la ciudad tiene un río como éste, con puentes que crucen su cauce y una parte antigua amurallada, pero que no se pueda bordear al completo. Es demasiada información, demasiadas pistas, como para que no deje volar mi imaginación y encuentre un claro y evidente contraste entre mi fantasía y la realidad. Si estamos en Toledo ¿Dónde está la playa? Si alguna vez fue la capital del mundo ¿Dónde están sus palacios? ¿Sus grandes avenidas? ¿Sus enormes edificios? ¿El aeropuerto? Lo que he visto hasta ahora la verdad es que me confunde. Hasta ahora la ciudad más grande que he visto ha sido Boston y me supuesto que la panorámica de Toledo habría de ser mucho más impresionante. Por lo cual, o yo estoy muy perdida, o Ana me ha traído a una zona desde la que tan solo se ven colinas o la ciudad de Toledo no es tal ni cómo me la he imaginado hasta ahora.

Sunday, July 2, 1995

Quienes somos de Toledo ya lo sabemos que esta zona del río hace algunos siglos, era una zona de baño para los residentes en la ciudad y a aquellos a quienes se lo contamos se piensan que es una de esas muchas leyendas que se cuentan.

Antiguo puente de barcas, con varios accesos a diferentes alturas que servirían para acceder al río en las diferentes épocas del año independientemente del nivel que alcanzara el agua. Es un torreón cuya construcción actual es resultado de intervenciones cristianas sobre una antigua estructura árabe.

Torreón del Baño de la Cava
Baño de la Cava

La judería  de Toledo la cual ocupaba el barrio de San Martín “Madinat al-Yahud” (Ciudad de los Judíos)   también contaba con su recinto amurallado, levantado después de la invasión árabe, en el año 820, para la protección de los judíos, quedando así establecidos los límites de separación con los árabes y cristianos. Este recinto fortificado contaba con distintas puertas que comunicaban las zonas de la judería con otros barrios de la ciudad. Es en 1480, cuando los Reyes Católicos en las Cortes de Toledo, obligan a la integración del barrio hebreo, y penalizan el no cumplimiento de esta nueva ley

Murallas de Toledo
Baño de la Cava y Muralla del barrio de la Judería

El Baño de la cava

A escasos metros del puente de San Martín, a la orilla derecha del Tajo, podemos contemplar los restos de lo que se viene denominando desde hace siglos como “El Baño de la Cava”. Numerosos y eruditos investigadores han tratado de dar respuesta a este enigma arqueológico, afirmando que se trata del estribo de un antiguo puente, anterior al de San Martín, que cruzaba el río en otra época. Otros afirman que se trata de un pequeño embarcadero donde se amarraban las barcas que navegaban por el Tajo. Pero otros aseguran, sin que haya podido desmentirse su versión, que nos hallamos ante los restos del palacio del conde don Julián, dando pie a la célebre leyenda.

Bajada hasta el Baño de la Cava

Porque hubo un tiempo en que la gente se bañaba en el río Tajo, lo cual se prohibió en 1972 pero esta historia se remonta a la época de los Visigodos, cuando en Toledo reinaba Don Rodrigo (710 y 711). Rey que, si ha pasado a los anales de la historia, no ha sido sólo por ser el último rey visigodo, sino también por ser el más ruin y mezquino de todos ellos

Orillas del río Tajo, Vega Baja.

El Conde Don Julián era un noble visigodo jefe de las tribus de Gomara en el Norte de África. Como era habitual, envió a su hija Florinda a la Corte de Toledo para que hiciera carrera palaciega y se labrase un buen futuro como cortesana. Florinda, muy bella, enseguida fue objeto de deseo del Rey Rodrigo. Sin embargo, ella no le correspondía.

Recreación de un baño al atardecer

Así, una noche de verano, Florinda estaba bañándose en esta zona del Tajo y el rey la tomó por la fuerza. Florinda se lo dijo en secreto a su padre, quien se sintió enormemente agraviado y ofendido y juró venganza cuando la ocasión se presentara. Narra la leyenda que poco después, el rey Rodrigo pidió a Don Julián le enviase unos halcones y gavilanes para usarlos en cetrería. Don Julián dijo al rey que le enviaría unos ejemplares que jamás antes habían sido vistos. El conde había pactado con los hijos del anterior rey Witiza y con el obispo Oppas ayudarles a recuperar el trono con ayuda de tropas musulmanas del norte de África. De este modo los árabes invadieron la Península tras la batalla de Guadalete, traicionaron a los hijos de Witiza, a Don Julián y a Oppas y se produjo la caída del reino visigodo con su último rey, Rodrigo, a la cabeza.

Toledo Olvidado

La invasión árabe provoca,  a orillas del Guadalete en 711, el enfrentamiento del rey visigodo D. Rodrigo con las tropas de Táriq ibn Ziyad, formadas por musulmanes bereberes procedentes del norte de África. Tras ser derrocado el rey D. Rodrigo dará comienzo en España la dominación  árabe. Toledo, tras la conquista islámica, dejó de ser la capital del reino visigodo, pero se convirtió en una de las principales ciudades de Al-Andalus.

Murallas de Toledo
Puerta en la muralla de la Judería
Bajada al Baño de la Cava Google maps Mayo 2021

Victoriosos los árabes en el Guadalete, donde acudiera a detenerlos la parte más fuerte y vigorosa del pueblo godo, y envalentonados con su triunfo; derruidos, casi totalmente, los muros de las ciudades, y faltos de armas los brazos por disposición de Wittiza, que cambió todos los útiles de guerra en instrumentos de labranza, fácil fue a los vencedores, acaudillados por Tarik, apoderarse del resto de España. No tardaron mucho en llegar a la vista de Toledo, que se preparaba a resistirlos, cuando los judíos que vivían en el arrabal, y que tantas injurias, tantas ofensas tenían que vengar de los descendientes de Sisebuto, les abrieron las puertas de la ciudad. Desde aquel día, y durante 374 años, Toledo yació en la servidumbre, y sobre su alcázar y sobre sus muros flotó la media luna mahometana.

Poco tiempo después de esto, los habitantes de la parte de Toledo inmediata al antiguo palacio de los reyes godos donde hoy se alzan la Puerta del Cambrón y San Juan de los Reyes, estaban amedrentados, y todas las noches, mientras el viento bramaba con furia, comentaban con terror la aparición de una mujer loca y desmelenada, que, prorrumpiendo en carcajadas salvajes, recorría con extraviados pasos las orillas del río, registraba con inquieta mirada su revuelto fondo, y sin detenerse nunca, sin alzar jamás los ojos al cielo, proseguía eternamente su carrera murmurando palabras incoherentes y sin sentido que llevaban el miedo y la tristeza al corazón de cuantos la oían. En vano hubo algunos bastante arrojados para esperarla en su camino y pedirla la explicación de sus actos; apenas veía que alguien trataba de aproximarse a ella, sus ojos aprecian prontos a salir de sus órbitas, su agitación era más extraordinaria, sus frases más incoherentes, más salvajes sus gritos: huía, huía, sin que nadie pudiera seguirla en su carrera desenfrenada.

Interior

¿Era un ser humano? ¿Era un espectro? ¿Tenía un cuerpo real, o era imaginaria la forma con que se presentaba a los mortales? Preguntas son estas cuya contestación hubiera dado mucho que hacer a los toledanos, que nada podían asegurar en asunto que tanto les importaba conocer. Pero su curiosidad se estrellaba ante un obstáculo poderoso: aquella mujer no quería ver a nadie, y no parecía vivir bien mas que en la soledad.

Mucho tiempo pasó así; mucho tiempo fue objeto de las conversaciones mantenidas en voz baja y al oído, y de las mas aventuradas hipótesis. Un día, desapareció y nadie volvió a verla.

Pero, desde entonces, ocurrió una cosa muy extraña: todas las noches, apenas el sol hundía en el horizonte su disco de diamante y las nubes encapotaban el cielo, en esos momentos de calma que preceden a la tempestad, veíase, en pie sobre el torreón que hoy se conserva de los lujosos baños de la Cava, una figura descarnada y seca, con el cabello suelto al aire, volviendo a todas partes la triste mirada de sus ojos, sin expresión y sin vida; de repente, elevaba la vista hacia el que fue paladio de Don Rodrigo; el viento, que rugía, modulaba un grito prolongado, y, al espirar, otra sombra, la sombra de un hombre armado de todas armas, pero con la cabeza desnuda, surgía también sobre el arruinado alcázar. Y las dos fantasmas se miraban, clavaban uno en otro sus pupilas sin luz, y entonces era cuando el huracán rugía con más fuerza, cuando el río desbordaba su corriente por los campos vecinos e inundaba la fértil vega, cuando la claridad de la luna desaparecía por completo, y las tinieblas más espesas reinaban sobre el pueblo amedrentado. En aquellas horas, largas como el dolor, nadie se atrevía a salir a la calle, por miedo a encontrarse en las sombras de la noche con aquella mirada brillante que parecía desencadenar los elementos para lanzarlos sobre el mundo.

Algunos fieles acudieron, para buscar remedio a tantos males, a un viejo ermitaño que, retirado al centro de los montes, pasaba su vida en la abstinencia y el ayuno; le contaron los extraños sucesos que llamaban tan poderosamente su atención, y le pidieron que impetrase del cielo la gracia de que aquellas sombras volvieran a dormir sosegadas en sus sepulcro. Púsose en oración el anciano, cuando a la noche acarició el sueño sus pupilas, apareciósele una figura, semejante a la que le pintaran los toledanos, y esta figura abrió sus labios para hablar y le dijo:

-Yo soy Florinda la maldita, Florinda la Cava, la hija impura del conde D. Julián. Cuando supe que España era, por mi crimen, esclava de los hijos de Mahoma, una voz interior se alzó en lo más profundo de mi alma, mandándome venir, sin tregua ni descanso, a este lugar de mis culpas, a buscar mi honor perdido en las revueltas ondas del Tajo. Perdí la razón, pero no lo bastante para dejar de oír esta voz acusadora, y cruzando valles y llanuras, praderas y montañas, llegué a Toledo, y en Toledo he vivido mucho tiempo, sostenida por una fuerza misteriosa, buscando incesantemente lo que no me era dado encontrar. Por fin, mi vergüenza y mi dolor me mataron; allí, en aquel sitio, testigo de mis torpes placeres, yace insepulto mi cuerpo; mi alma va todas las noches, en penitencia, por orden de Dios, a llorar eternamente mi falta; y evocada por mi llanto, el alma de Rodrigo baja también a llorar la suya a las rotas almenas de su palacio. Vé allí, bendice en nombre del Omnipotente aquellos lugares malditos, y mi alma no volverá a aparecer en ellos.

Y la sombra desapareció, perdiéndose en el espacio.

Despertó sobresaltado el ermitaño, y aquella noche, seguido de los habitantes del arrabal, que llevaban teas encendidas, trasladóse a los antiguos baños de Florinda; apenas entró en ellos la cruz, el cuerpo de la desgraciada mujer, y en completo estado de putrefacción, se levantó por sí sólo, y fue a sumergirse en el río con admiración de todos. El ermitaño bendijo el breve recinto en nombre de Dios, y postrándose de rodillas rezó por las dos almas extraviadas, y todos oraron con él. ¡Cuadro de amor y de ternura! ¡Ver a aquellos seres, libres y felices en otro tiempo, ahora esclavos y proscritos en sus mismos hogares, rezando por el descanso eterno de los que habían sido causa de sus desventuras!

¡Ya no volvió a verse en Toledo la sombra de Florinda!

Pero quedó el romance:

Amores trata Rodrigo
descubierto ha su cuidado
a la Cava se lo dice
de quien anda enamorado.
Miraba su lindo cuerpo
mira su rostro alindado
sus lindas y blancas manos
él se las está loando

Rodrigo que sólo escucha
las voces de sus deseos
forzola y aborreciola
del amor propio efectos.

La Caba escribió a su padre
cartas de vergüenza y duelo
y sellándolas con lágrimas
a Ceuta enviolas presto.

Fragmento final de la versión de D. Eugenio de Olavarría.

Palacio de la Cava

Palacio de los Duques de Maqueda, también conocido como el Palacio de la Cava.

En la Cuesta de San Martín – que arranca de la Puerta del Cambrón y nos conduce hasta el Monasterio de San Juan de los Reyes – encontramos este bello Palacio. La zona se asocia al nombre Cava. 
En las cercanías de la Puerta del Cambrón y del Monasterio de San Juan de los Reyes se encontraba este palacio construido por la familia Cárdenas, duques de Maqueda y magistrados de Toledo entre los siglos XVI y XVIII. 

fachada del Palacio de la Cava. Wikipedia

Según la leyenda, Florinda Cava, hija del Conde Don Julián, merced a su relación amorosa con Don Rodrigo permitió la ocupación musulmana en España. Mas si así fuera también se argumenta que Muley Hazen perdió el trono de Granada debido a su desgaste en la relación amorosa con la dama cristiana Isabel de Solís.
De los restos que se conservan destaca la portada, un ejemplar único de estilo mudéjar construido en el siglo XIV.

Fachada del Palacio de la Cava

Referencia: