Es para ti

Reflexión

Hoy me apetece ponerme en plan reflexivo, poético, dado que la web últimamente se centra mucho en recorrer Toledo y a veces tengo la sensación de que no es más que una excusa para callar lo que fluye por dentro, aunque algún que otro poema ya se me ha escapado estos días, por la necesidad de escribir, de dejar que salga toda esa inspiración, esos sentimientos, por levantar la mano en mitad de este mundo de distracciones para recordar a todo el mundo que sigo aquí.

Me he parado a pensar por enésima vez en este poema «Ruido en el silencio», Me gusta pensar que es mi poema, así, sin menos preciar a los demás ni en una letra, punto ni coma, pero si tengo destacar alguno por encima del resto, por todo lo que implica, por lo mucho que expresan esos versos, sin lugar a dudas éste. Para que no lo busquéis en la web (enlace), aunque sea fácil de encontrar, lo copio.

Ruido en el silencio
Mi silencio ha de cerrar tus labios,
porque no sé cómo hablar contigo,
llevo tanto tiempo hablando solo,
que ya no tengo nada que decir,
ya no escucho a quien me habla,
porque nadie habla ya conmigo,
mi silencio es lo único que oigo,
lo que ahora siento y a nadie digo.

Mis palabras no van a tus oídos,
porque hablo de ti, pero no contigo,
te llamo y nunca acudirás a mí,
es como un silencio tan doloroso,
que me hace daño incluso al salir,
porque yo hablo con las piedras,
con las flores que adornan mi jardín,
pero ni tus oídos son mis orejas,
ni mis palabras pueden ser para ti.

Mis versos decoran todos tus olvidos,
adornan tus manos un momento,
tú los lees como si fueran un cuento,
una historia a la que le falta final feliz,
porque llegas hasta el último verso
y ves que ya no tuve nada que escribir,
que tras el último verso no hay nada,
pero tras el último verso me tienes a mí.

Manuel Pellicer Sotomayor (1995)

He pensado y siempre he creído que mis poemas son una manera de comunicarme con el mundo, contigo, que la inspiración fluye de la vida, de los sentimientos, del momento, de esa necesidad de expresar por escrito lo que a veces cuesta decir de palabra, ya sea por timidez, por temor, o por no ser inoportuno e incluso como superación de todo esos bloqueos muchas veces sin sentido, con idea de que las palabras permanezcan en el tiempo y al menos quede un leve recuerdo compartido. He hablado contigo, he sentido el irrefrenable impulso de decirte algo y si las palabras se las lleva el viento, al menos que esos versos viajen en el barcos de papel.

Ante este poema, escrito en su momento con esa intención, cuando cualquier ocasión y excusa era propicia para remover cielo y tierra en busca de un lapicero y una hoja de papel donde plasmar esos pensamientos, mi sensación después de tantos años, es que este poema cuenta más verdades de las que quiero admitir. Que, si los poemas son como una carta de presentación, un curriculum vitae, éste sin lugar a duda lleva mi firma, porque sí, porque este poema no se acaba hasta que no se firma. La firma es lo que está tras el último verso, pero al la par cada verso del poema se entiende tan solo con la clara idea de que el poema va firmado tras el último verso y no antes. No es

Manuel Pellicer Sotomayor (25/10/1995)

«Ruido en el silencio»

El poema, su composición, se ha de entender tal y cómo está escrito.

pero tras el último verso me tienes a mí.

Manuel Pellicer Sotomayor

(25/10/1995)

Y, si no lees la firma, ¡no has leído el poema! Aunque pienses que te lo sabes de memoria, que entiendes cada metáfora, símil, comparación, hipérbaton o cualquier otro elemento o técnica literaria que de manera más o menos consciente utilizase para la composición del mismo. Tampoco es que yo me crea tan importante, más me gustaría. Mi nombre tan solo eso para la Historia, la Humanidad o la literatura, un nombre. La importancia de esa firma, lo destacable es la propia contrariedad con el poema.

Si no lees lo que hay tras el último verso, si no se incluye esa firma en el poema «Mi silencio ha de cerrar tus labios…..»

Espero ser capaz de dar a entender la idea misma del poema. Que sí, que leído con cierta frialdad y un exceso de objetividad es casi una autobiografía, que cuando tomé consciencia de mi propia realidad, este poema es un resumen abreviado de mi propia existencia. Aflora la tristeza, la impotencia, la frustración de quien quiere hablar y no se siente escuchado, se encuentra con mil dificultades para romper con ese silencio que le rodea «es un silencio tan doloroso«.

Mis versos decoran todos tus olvidos, 
adornan tus manos un momento, 
tú los lees como si fueran un cuento,

¿Qué me gustaría? Escribir ese poema que decore los mejores momentos de la vida de alguien. Con cierta vanagloria me gustaría pensar que alguno de mis poemas, sea como esas canciones que afloran en la mente como esa canción que no eres capaz de olvidar y te ronda por la cabeza una y otra vez. Reconozco que yo tampoco estoy como un disco rayado todo el día erre que erre. siempre ando en busca de un nuevo motivo de inspiración y son infinidad los poemas que se han quedado en el aire tras un paseo más o menos largo.

Vas a la playa, a «mi playa», y, ante el edificio más alto, te acuerdas de mi abuelo. O buscas de ese vagabundo que se asombra con el firmamento al descubrir que amanece ya. O te acercas a Toledo, al río Tajo, y le mandas recuerdo a los peces con el agua que viene de la sierra de Albarracín. Incluso buscas ese recuerdo que se mantiene impasible e inalterado en la orilla, a pesar del paso del tiempo, porque el amor ha de ser más puro que al agua, más fuerte que las raíces que riega. O llega la Semana Santa, el domingo de Resurrección y en la cruz no hay nada. O que se joroben los malandrines que no saben tender las sábanas en el jardín; O que alguien al mirarte se pregunte «¿Me quieres?»; O te diga dónde acaba la vida, si acaso tiene un final…. etc, etc.

Cientos, varios miles de poemas algunos traspapelados y perdidos para siempre por las vueltas que da la vida. La mayoría guardados ya en la memoria del ordenador, con alguno que otro al a espera que encuentre cinco minutos para pasarlo del cuaderno a un documento de texto.

Algunos ya tiene la suerte de estar en esta web, en la sección de poemas. Si me descuido, alguno está por triplicado, incluso analizado hasta la última coma y otros utilizados como excusa para mis reflexiones, de manera que le doy vueltas a la misma idea una y otra vez con cierta frecuencia.

La idea, en todo caso, es que sepas que estoy aquí. que sí, que el poema «Ruido en el silencio» puede parecer un poco triste, sobre todo porque como todos los poemas, éste tiene un primer verso y un último verso, que entre verso y verso se entabla una conversación entre tú y yo, que, como dice el dicho, «Si tú eres tú y yo soy yo, ¿Quién es más «—-» de los dos?».

No es que yo calle porque no quiera hablar contigo, porque no tenga nada que decir, porque «hablo con las flores, con las piedras que adornan mi jardín» No es que tras el último verso quede el silencio que cierra tus labios, queda la esperanza y la alegría, ese final feliz que va más allá de las palabras, de los versos.

Y no es que yo firme ni afirme con ello que mis sentimiento o lo que refleja ese poema sea una realidad absoluta. Es como he intentado expresar por medio de esta entrada. Si te quedas en la pena e impotencia de estos dos versos, la verdad es que el poema frustra un poco

pero ni tus oídos son mis orejas, 
ni mis palabras pueden ser para ti.

Hay que quedarse con lo que dice el último verso

pero tras el último verso me tienes a mí.

Manuel Pellicer Sotomayor