La torre es la original

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Introducción

Toca volver a perderse por las calles de Toledo, adentrarse por las calles y callejuelas de la zona de la Cornisa en busca de nuevos tesoros y aventuras, porque ya hemos confirmado que el rio Tajo no se va a mover de donde está por mucho que nos acerquemos a éste por los diferentes caminos que nos llevan hasta su orillas. La ciudad de Toledo tampoco se va a mover, pero resulta cambiante con el paso de los siglos, de la Historia, de manera que hay una mezcla de pasado, presente y futuro en sus piedras, en los muros de sus edificios.

Situados de nuevo en la calle carreras de San Sebastián, frente a la iglesia del mismo nombre. en la calle que recorre toda la cornisa, desde el Convento de San Gil, actual sede de la Junta de Comunidades hasta la zona del Puente de Alcántara. Vamos en dirección al convento y nos adentramos por la primera bocacalle que nos encontremos a nuestro paso, cuesta del Camarín de San Cipriano, que por su denominación ya intuimos hacia donde nos encamina, que no ha de estar muy lejos.

Al final de la cuesta, la calle gira a la derecha hacia la plaza del Cerro de las Mejolas, pero nosotros nos adentramos por el callejón de la izquierda, por donde están los escalones, dado que aquellos que pretendan llegar en coche o evitarse las escaleras han de dar un pequeño rodeo por la calle del Calvario y la calle San Cipriano. Por este callejón ya se distingue la torre de la iglesia.

Callejón

Al final del callejón se encuentra la plaza de San Cipriano y como es lógico, el templo de encuentra ahí mismo, este callejón rodea el ábside

Iglesia de San Cipriano

Esta iglesia, es un buen prototipo de las viejas tradiciones y los antiguos monumentos medievales que contiene Toledo y que se irán perdiendo y difuminando en el espacio tiempo, a no ser que seamos conscientes y sepamos guardarlos como a un verdadero tesoro que son. La civilización y los pueblos con ella no paran de evolucionar, pero siempre quedarán lugares con sus posos de tradición,  que siempre nos recordarán que la historia se repite indefectiblemente.

Toledo escondido

Denominada hace mucho tiempo como  San Cebrián, por corrupción de dicho nombre. Recordemos que san Cipriano fue obispo de Cartago.

Pudo ser este  templo, una de las mezquitas mandadas construir por el piadoso santón del Islam Ibn Baskuwal, que se dedicaba a guerrear como murabito en tiempos del mes Ramadán y los demás meses del año los dedicaba a orar en las dos mezquitas que construyó en Tulaytula. Así parece ser, como se observa en la disposición de sus elementos construidos de esta iglesia que aquí nos ocupa. Con alminar exento, patio de abluciones y sala de oración.

Como parroquia latina ya existía en el año 1125 según algunos investigadores y según otros fue construida en el año 1200.  Restaurada, en varias ocasiones a lo largo de toda la edad media en estilo mudéjar, fue contenedora de una imagen románica de la virgen, sentada en su trono con el niño en su regazo, a la que se denomina en esa postura como “theotokos”, (descubierta recientemente al adecentarla, viendo que se trata de una talla románica completa, tabajada en madera de conífera de bastante antigüedad, posiblemente de finales del siglo XIII), denominándose entonces como Ntra. Sra. del Destierro, hasta que en 1576 se la cambió el nombre, por sus expectativas milagrosas.

Se cita en 1125 como parroquia latina, pero lo único que hoy se conserva de época medieval es la torre, debido a que a comienzos del siglo xvii el edificio fue totalmente reconstruido a expensas de Carlos Venero y Leyba, canónigo de Toledo.

Éste levantó el templo desde los cimientos, ampliándolo, ya que por su antigüedad estaba muy arruinado, y como patrono perpetuo lo dotó de retablos, ornamentos y renta para sus capellanes.

Las obras se realizaron entre 1612 y 1613, siguiendo condiciones y trazas de Juan Bautista Monegro, y encargándose de los trabajos el alarife Juan de Orduña. Consistieron fundamentalmente en alargar la capilla mayor, añadiendo a sus lados dos aposentos a la manera de sacristías, para lo cual la ciudad cedió a don Carlos Venero una callejuela que estaba pegada a la capilla mayor. También se abrieron dos capillas al comienzo de la nave, a modo de crucero; la del lado de la epístola, con sacristía particular. Esta reforma supuso la desaparición de la primitiva cabecera del templo -que, como la torre, debía responder al modelo mudéjar habitual- y dio al edificio su disposición actual; sólo modificada, en 1662, al incorporar a la capilla mayor un camarín de la Virgen de la Esperanza.

En 1702 se cubrió la nave con cielo raso de albañilería, con decoración de yeso; reforma habitual para cuando las techumbres de madera se encuentran en mal estado. Ello lleva a pensar en la existencia de una armadura mudéjar, de par y nudillo, en la iglesia primitiva; circunstancia que se vería confirmada por la diferencia de altura existente entre el techo interior y el tejado.

También por estos años, en 1708, se reconstruyó la torre; aunque respetando, en este caso, la estructura original. Se trata, como se dijo, del único resto conservado de época medieval. Sigue el modelo más antiguo dentro de la tipología de torres mudéjares toledanas, caracterizado por la construcción de paramentos lisos de mampostería encintada y un cuerpo superior en ladrillo, destinado a campanario. En el interior se mantiene la estructura de planta cuadrada con machón central, rodeado por las escaleras de acceso; disposición que deriva también de los alminares y que es habitual en las torres mudéjares. En su forma primitiva estuvo exenta; pero quedó incorporada al resto del edificio tras la reforma de la cabecera, a comienzos del siglo XVII. Reforma a la que también se debe la portada que está al lado, desde la cual se accede al atrio resultante de la incorporación del antiguo cementerio parroquial. Esta portada, que se repite en la que desde el atrio o compás sirve de entrada a la iglesia, sigue trazas de Monegro y, según F. Marías, responde a la simplificación del esquema utilizado en San Pedro Mártir; se reduce aquí a un arco de medio punto, con aparejo de sillares resaltados y escudos de don Carlos Venero en las enjutas, y a una hornacina entre aletones, que actúa como remate.

Interior del templo, altar mayor

En su interior se encuentra el Cristo del Calvario, procedente de la ermita que se situaba cerca de allí con ese nombre (del Calvario) y que fue demolida a comienzos del siglo XX:

Virgen de la Esperanza

Bajo el altar mayor, se encuentra el cuerpo momificado de este Carlos Venero y Leyba esperando la resurrección de los muertos y tras el mismo el camarín que contiene a la famosa Virgen de la “Esperanza”, que se venera en esta iglesia, cuyo “oboson” tiene mucha trascendencia popular, pues libró de la peste negra a algunos barrios de la ciudad según es tradición.

Puerta de la Iglesia y obosón de la Virgen

Por tal motivo se la tiene una gran veneración en esta ciudad y en la localidad de Ajofrín, por los milagros que se la achacan. Así se observan en varios lienzos con varios  de estos prodigios, llevados a cabo por la virgen de la Esperanza. La salvación de un albañil en el año 1616, cuando restauraba el tejado de esta iglesia y otro de un niño en 1622 que cayó a un pozo en dicho pueblo.

Los muchos milagros que se la achacan a esta Virgen de la Esperanza, nos llevan a entender que es una imagen muy venerada y una de las más queridas de las muchas que hay en Toledo y sus alrededores. Su fiesta se celebra en el día tercero de pascua de Pentecostés.

Dos lienzos más, uno representando una rogativa para hacer desaparecer la peste del barrio donde se asienta y el otro referenciando el encendido de una lámpara por medio de esta virgen, el día 3 de diciembre de 1613. La capilla mayor, se encuentra adornada en su bóveda, con pinturas al fresco del siglo XVIII, todas ellas alusivas a la virgen de la Esperanza.

Contiene esta iglesia muy buenos detalles, como retablos, imágenes, lámparas, varios tipos de cerámicas, alguna de ellas firmadas por el maestro Quismondo, una buena pila para bautizar, su órgano y sus campanillas para el gloria del sábado santo y otros detalles que hacen de esta iglesia otra de las joyas secretas de Toledo, aunque un poco abandonada.

La torre

La torre se observa exenta del templo, aunque reincorporada al mismo tras la restauración del siglo XVII en el año 1708, respetando su estructura medieval y por tanto original, junto con la cabecera y con el patio del mismo estilo. Fue restaurada pues la zona del templo más antigua. Se  encuentra formada esta con tres cuerpos, con arcos de herradura en dos de ellos, en el primero y en el campanario.

Torre de la iglesia

Fue perdiendo su revestimiento barroco, observando que la parte baja es de mampuesto, con ladrillo encintado y para su embellecimiento tiene ventanas islámicas apuntadas, con alfiz. En el segundo cuerpo, vemos un recuerdo de los arcos ciegos con los que se adornaban los alminares toledanos y por encima el tercer cuerpo del campanario cristiano en ladrillo, con dos ventanas apuntadas dobles en recuadro.

Antes de su nueva restauración, se la observaba como una torre de estilo mudéjar original como todas las toledanas de cualquier parroquia. Fue entonces cuando se me ocurrió pintar una acuarela de la misma en el año 1984, sobre el dibujo anterior. No sé si fue premonición por parte mía, pero la di un color rojo a dicha torre y a la entrada del templo. Hace unos años se volvieron a reparar esas mismas zonas, enluciéndolas exteriormente, dejándolas como un pastiche para mi opinión, excepto el testigo mudéjar de la torre que la da entidad.

Iglesia de San Cipriano (Toledo) – Wikipedia, la enciclopedia libre

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La Iglesia de San Cipriano / TOLEDO OLVIDADO

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