Tanto va el cántaro a la fuente

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Introducción

Aquí en el paseo de la Rosa, frente a la estación del tren se encuentra otro de esos rincones extramuros que forman parte de la historia de la ciudad, hasta el punto de que cuenta con su propia leyenda y por eso me quiero detener en este punto, dedicarle una entrada del blog, ya que se entiende que ésta es una de las vías de acceso a la ciudad. La zona se ha modernizado en los últimos tiempos, pero se ha mantenido la fuente, situada en medio de una rotonda, a las puertas del aparcamiento de la estación.

Por medio de la calle de Cabrahigos se sube hasta la zona de la Academia de Infantería, el Hospital Provincial y el Castillo de San Servando, sin necesidad de dar un rodeo

Fuente de Cabrahigos

El agua ha sido, y en parte hoy con el río Tajo lo sigue siendo, un problema que nos ha acompañado a lo largo de los siglos. Desde hace años existen diversas fuentes para el abastecimiento de agua en la ciudad, aunque la mayor parte de ellas hoy no estén en funcionamiento (por cierto, otra demanda que se lleva haciendo desde hace mucho tiempo por parte de vecinos y turistas). Una de esas antiguas fuentes es la de Cabrahigos, en el barrio de Santa Bárbara, la cual identificamos los vecinos como todo un símbolo y que llegó a tener un caudal de 10.000 litros en 1902 cuando se realizaron unas reformas en la misma que tenía por cierto dos caños. Todavía por aquellas fechas los aguadores bajaban a Cabrahigos a por agua para luego venderla en la ciudad.

En la prensa de 1904 encontramos una pintoresca escena que reproducimos en estas líneas, ya que representa a aquellos aguadores o azacanes cargando sus cántaros de agua. Pero una de las primeras fuentes que funcionó y solucionó (en parte) el problema del agua en el casco histórico Toledo, fue la de la plaza del Ayuntamiento la cual comenzó a usarse el 19 de marzo de 1863. El acto de inauguración fue presidido por el alcalde Azcárate y la fuente fue bendecida por el Cardenal Primado Cirilo Alameda y Brea. Parecía que ya no iba a ser preciso acudir al río, a lejanos manantiales del extrarradio o pagar a alguno de los azacanes que cada día movían 230 caballerías cargadas de cántaros para repartir los 33.000 litros de agua destinados a las tinajas domésticas de los toledanos.

(Fuente: ABC, artículo de Rafael del Cerro Malagón)
Fuente de Cabrahigos

Siendo Toledo un muestrario de estilos no podía faltar un ejemplo del rococó, siquiera resulte poco adecuado para el tono general de la ciudad. 

Bien por esta causa o por no tener ya fácil acomodo dentro de sus murallas, se escogió el camino a La Mancha para adornarlo en 1786 con obras de este estilo, no ejemplares desde luego, pero que, al menos sirven para completar la lista de cánones estéticos.

No es fácil saber si la urbanización de este paseo carretero aspiraba a tener más adornos que los que en él se hicieron en todo caso no nos quedan hoy sino la puerta de Alcántara, bastante disonante y de mal gusto, construida en 1721, previa demolición de la torre fuerte que allí había, con entrada en codo, y fue durante siglos una de las fortificaciones más avanzadas de la ciudad por este lado, siempre firme frente a los repetidos asaltos musulmanes.

La Fuente Nueva de 1786, a la derecha conforme se baja por el paseo, muy sencillo; otra fuente a mitad de camino, llevada hace pocos años al cigarral oficial del Cerro de los Palos y, ya casi al final, la discreta fuente de Cabrahigos, nombre derivado del manantial que allí existe y que produce el mejor agua que tuvo Toledo hasta la conducción del caudal del Torcón en 1945.

Fuente con la estación de tren de fondo
Fuente con los edificios del barrio de Santa Barbara de fondo

Según indica una de las inscripciones que porta la fuente de Cabrahigos, ésta se levantó en tiempos del Rey Carlos III, en 1775, siendo corregidor de Toledo don Juan Díez de Villagrán. En un principio estuvo situada a unos metros de su emplazamiento actual, allí donde existió un manantial conocido por el mismo nombre. En 1775 el Ayuntamiento acondicionó el manantial y mandó construir esta fuente barroca de granito. 

Fuente de Cabrahigos

La Fuente Misteriosa de Toledo

Durante la Guerra de la Independencia, en el año 1809, ubicamos esta misteriosa leyenda, sobre la fuente misteriosa de Toledo situada en el actual “Paseo de la Rosa”, muy próxima a la estación de tren AVE.

Toledo estaba desarmado, sin ejército, sin poder resistirse a la invasión francesa que ocupaba sus calles, sus conventos, sus casas. Era el año 1809, comenzada ya la Guerra de la Independencia, y los envalentonados soldados franceses sometían a la población toledana a injustificables humillaciones.

Tal conducta, impropia de un pueblo educado, motivó la antipatía entre los toledanos, a la vez que facilitó que ciertos vecinos se organizaran en partidas guerrilleras para intentar, con sus hábiles escaramuzas, expulsar al invasor. El barrio de San Miguel fue el primero en organizar tretas contra los soldados imperiales, y como resultado de sus aventuras, compusieron coplillas como la que sigue:

No muy lejos del Castillo de San Servando, en el Barrio de Santa Bárbara, frente a lo que ahora es la estación del “AVE”, existe una preciosa fuente, a la que los toledanos denominan “Fuente de Cabrahigos”. Hasta aquí llegó cierta tarde de verano un “dragón” francés y una joven toledana, que gustaba de alternar con los ocupantes, ambos dispuestos a dar buena cuenta de una buena merienda, y tras esto, lo que surgiera.

Al cabo de un rato, y tras finalizar la merienda, los dos jóvenes se disponen a ocultarse tras las piedras y el depósito de agua de la fuente y en éstas estaban cuando se levantó un viento tormentoso que a su paso por las ramas de los cercanos árboles, produjo sonidos misteriosos y poco tranquilizadores.

Observando la fuente, el joven francés se percató de que ahora el agua salía con más brío, y el viento se llevaba los chorros que salpicaban en todas las direcciones. Tras unos minutos, el sonido del vendaval les dejó a ambos escuchar lo que parecía un susurro, sobrecogedor, que provenía de la fuente y que repetía aquello de…

Viva San Miguel el Alto

con su corona de Plata:

vale más un migueleño

que todos los de la plaza…”

El capitán francés desenvainó su espada de inmediato dispuesto a atacar a cualquier guerrillero oculto en la fuente, pero por más vueltas que dio a las piedras y se aproximó a los matorrales cercanos no halló a nadie, y pensando que era una mala jugada del viento o una broma pesada, salieron despavoridos del cobijo de la fuente con el rostro descolorido por el miedo, pues la copla seguía sonando en sus oídos…

Ambos refirieron el suceso a sus amigos y compañeros, los cuales, en otras noches de viento no dudaron en acercarse hasta la fuente para comprobar como por los caños metálicos se oía perfectamente aquella terrible copla.

Tan popular se hizo el hecho y por tanta gente escuchado que a partir de entonces a la fuente se la conoció como “la fuente misteriosa de Toledo”, y narra la leyenda que aquella joven, asustada tras escuchar el terrible sonido de los versos, que entendió como una recriminación por su relación con el ocupante, terminó por volverse loca.

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