¡Es un escándalo! (Revisado)

Silencio en tus labios

Aclaración

He dividido esta entrada en dos partes, porque entiendo que se trata de escenas diferenciadas de la historia, en este caso se trata del lavatorio de los pies, el escándalo es por lo que uno y otro piensa, por las consecuencias que se deriven de los acontecimientos, sobre todo por las implicaciones que van más allá de este clima de fraternidad bien entendida.

Introducción

En la entrada anterior (jueves 17 de abril de 2003), un día en apariencia sin nada destacable para Manuel en cuanto a su relación con Ana, dada la frialdad en la actitud de ésta. El contraste estaba en la intensidad con la que Ana parece vivir cada momento, que ella no esconde el hecho de que prefiere que la dejen tranquila, pero tampoco puede pasar por alto el hecho de que Manuel se encuentra allí y éste no la ignora, a pesar de tampoco darle motivos.

La entrada, ese día de la novela contado en la novela, termina con que hay que pasar página de manera literal, aunque la sucesión de acontecimientos aún no haya llegado a su fin, todavía no sea el momento de irse a los alojamientos, el reloj marca las doce de la medianoche y cambia de día, de manera que en la novela hay un punto y final a ese día para dar paso al siguiente, hay que pasar página, nuevo día y, en consecuencia, una entrada distinta en el blog, aunque para los personajes el pasar del tiempo es lo de menos.

Les hemos dejado en la iglesia con el rezo de la Hora Santa, como anticipo de lo que será la noche el vela del jueves, ocasión para turnarse y que eso de dormir, de descansar, se vea condicionado por el hecho de que siempre ha de haber alguien en la iglesia, ante el Monumento. Será una noche de sueños interrumpidos, de sigilos imposible a la hora de acostarse o levantarse en medio de la oscuridad y la placidez de quien a esa hora ha conseguido conciliar el sueño, o se siente desvelado, de paseos nocturnos por el pueblo.

Sin embargo, como se trata de contar la historia de dos enamorados, de que como en toda novela debe haber un momento de ruptura porque el jueves ha sido demasiado tranquilo en ese sentido antes de que se inicien esos turnos de vela, de que cada cual saque fuerza de flaqueza y decida en función de la disponibilidad de los demás, cuándo le apetece interrumpir su descanso para para un hora en silenciosa y solitaria oración, llega el momento en que de algún modo es el desarrollo de la novela lo que se adueña de los acontecimientos.

El detonante es un improvisado lavatorio de los pies un poco menos ceremonial que durante los Oficios, con un espíritu de fraternidad, para que se laven los pies unos a otros, en un sentido de humildad y de petición de perdón por las ofensas y los malentendidos, porque no siempre resulta tan fácil pedir perdón y tampoco perdonar a quien nos ha hecho daño.

Y sí, en la novela esta escena está puesta con toda intención, como ruptura, como una manera de enfrentar a nuestra pareja de tortolitos a sus conciencias ¿Alguno de los dos tiene un motivo para pedirle perdón al otro? ¿Algo que perdonar? ¿Están dispuestos a pedir perdón y a perdonar?

lavatorio de los pies

Como es comprensible, en su caso el dilema, la disyuntiva, va más allá de esa cuestiones morales, que es lo que en este caso más se pretende resaltar, que la discreción con la que en enero consigue disculparse con Manuel, después de haberle aquella desafortunada carta de desahogo personal, ahora se ha de corresponder con el hecho, no de tender la mano, sino de lavar y dejarse lavar los pies.

¿Qué implica ese lavarse los pies más allá de ese sentimiento de fraternidad dentro del grupo? ¿Qué consecuencias y trascendencias puede tener? Se trata de poner el pie desnudo en las manos del otro, más que del hecho de que adoptar esa tarea de lavar los pies a modo de disculpa. Va más allá del orgullo o la defensa de la integridad personal, ya que cuando detrás de este disculparse con el otro no hay más que una sincera amistad, no hay mayor problema. Sin embargo, en esta ocasión, entre nuestros tortolitos, la trascendencia va más allá de ese voto de confianza sincera o comedida.

Lavatorio de los pies para Manuel

Mi primera elección fue Ana, recordé como ella me había dado la paz y zanjado así nuestras discrepancias. Sentí la necesidad de esa reconciliación con ella, en realidad conmigo mismo por cómo vivía aquella Pascua. Sin embargo, aquella hubiera sido la peor de mis torpezas, se hubiera avivado algo que parecía superado y olvidado.

Manuel. Lavatorio de los pies

Ella se debió dar cuenta de mi inquietud, ya que zanjó la cuestión porque encontró a alguien que le lavase los pies antes de que yo tomase la iniciativa. Por respeto hacia sí misma y su integridad prefirió que sus pies estuvieran lejos del alcance de mis manos. 

Manuel. Lavatorio de los pies

Lavatorio de los pies para Ana

En un primer momento tuve la idea, que descarté por vergüenza propia y ajena, que aquello sirviera para un acercamiento entre Manuel y yo. Tenía claro que yo no le lavaría los pies bajo ningún concepto y me horrorizaba la idea de que él se humillara de aquella manera conmigo, e incluso que se aprovechara de esa demostración de confianza. 

Ana. Lavatorio de los pies

Para mí suponía una situación tan comprometida que ni siquiera quise que una de mis amigas me lavase el pie mientras cupiera la posibilidad de que coincidiera con Manuel para que esa desnudez no fuera compartida. No tuve tanto reparo cuando me llegó el turno y fue mi otra amiga quien puso su pie en mis manos.

Ana. Lavatorio de los pies

Entrada (7 de junio 2021)

Nueva publicación de la novela «Silencio en tus labios»

Viernes 18 de abril. Versión de Ana

Viernes 18 de abril Versión de Manuel

El viernes 18 de abril empieza mal, pero !qué muy mal! Porque tras la Hora Santa, cuando se supone que ha de haber un poco de recogimiento y oración, el grupo abandona la iglesia y trasladada la reunión a uno de los salones con la idea e intención de lavarse los pies unos a otros. Ahí todos mezclados, «tú me los lavas a mí y yo te los lavo a ti, porque, si en la liturgia «el lavatorio de los pies» está reservado para los hombres, aquí no se hace ninguna distinción: «los chicos a las chicas, las chicas a los chicos, los chicos a los chicos y las chicas a las chicas»

¡Qué escándalo!

Ellos que han ido al pueblo a dar ejemplo de compromiso, cuando llega el momento de que todo el mundo tenga las miras puestas en ellos porque serán quienes se queden a velar el Monumento, abandonan la iglesia casi por sorpresa para hacer algo que en principio parece no tener ninguna coherencia, que desentona por completo con ese ambiente de recogimiento y orden que debería tener la novela y más en una noche como esa. Manuel tiene que hacer tonterías, pero ¿Y los demás?

Reconozco y aclaro que la idea como tal no es original de la novela, mía. Tan solo una reinterpretación personal de algo que me contaron, que sí sucedió en realidad en la Pascua de 2003 y que consideré que encajaba con mi historia, con ese conflicto y esa confianza matizada entre Manuel y Ana. Del hecho real tengo constancia por alguien que me lo comentó sin dar muchos detalles, pero creo haber sabido transmitir en el relato de la novela la contrariedad que debió causar y que entiendo en su momento tenía una explicación lógica, que yo tambien le he querido buscar, que no es ni mucho menos que los personajes de la novela se dedicasen a ello sin ningún control, porque tampoco aquellos que lo vivieron en la realidad perdieron su coherencia de vida ni su sentido de la vivencia de la Pascua. Fue más un momento de implicación personal. La excusa que yo me inventé para dar un poco de coherencia a este momento es que ese «Lavatorio de pies» ha de tener un motivo reconciliador. Que si hay a quien lavarle los pies ese alguien debe tener un conflicto contigo y pretenden zanjar en asunto con un poco humildad personal.

Parece el momento y la justificación perfecta para que haya un primer acercamiento entre Manuel y Ana, después de haber pasado un año un poco malo; parece que ellos son los más indicados para tener ese detalle el uno con el otro y superar sus discrepancias, para que se produzca ese primer y cálido acercamiento entre ellos. De hecho, es una posibilidad que a ambos se les pasa por la cabeza. Ana ya tuvo en enero la oportunidad de pedirle perdón tras una carta no muy afortunada, demasiado defensiva y se plantea el momento para que Manuel haga lo propio, para que admita que no se ha comportado de la manera más adecuada y hasta cierto punto reconozca la gratitud y paciencia de Ana que a pesar de todo, ella ha seguido confiando en él.

El pie desnudo de Ana en manos de Manuel

¡Qué escándalo!

Allí, delante de todo el mundo, sin ninguna discreción, porque, si hay algo que caracteriza y se recalca en el personaje de Ana, es que no le gusta sentirse el centro de todas las miradas. Se confía a la discreción de sus amigas. Mientras que la personalidad de Manuel descata por esa falta de moderación, que se consigue reprimir a tiempo y sin mayor problema.