¡Es un escándalo! (Revisado(y 2))

Introducción

Segunda parte de la revisión de esta entrada, continúo con la historia en la que se produce un pequeño impass tras lo que pudo haber sucedido y no pasó en el improvisado lavatorio de los pies, porque aquello hubiera sido un motivo para más de un murmullo y comentario. Sin embargo, Ana ha demostrado saber manejar la situación, evitado que la situación se volviera comprometida. Mantuvo sus pies y su decencia lejos de manos demasiado pretenciosas. Aunque, sin duda, hubiera sido una ocasión para un acercamiento, un momento de complicidad, para romper con la tensión entre ellos. En cualquier caso, mejor no pasarse de listo ni de tonto. Ese tipo de complicidades son para aquellos entre quienes ya hay la suficiente confianza y por el momento entre nuestra pareja no hay la suficiente.

El caso es que, tras este pequeño paréntesis en lo que suele ser la celebración de la Pascua, todo vuelve a la normalidad. Es momento de ponerse serios, regresar a la iglesia y de centrarse en los turnos de vela, en la Pascua. En aprovechar la noche para descansar, si no se quiere permanecer en vela.

Sin embargo, la primera que desaparece por la puerta, que da muestras de flaqueza, quien se supone ha de dar ejemplo, es Ana. Se marcha a dormir sin que nadie la acompañe, casi sin que nadie se entere, con su discreción habitual. Se imponen los turnos de vela y ella ya sabe cuál será el suyo, de manera que prefiere irse a descansar.

Entré y tan solo me quedé diez minutos sentada en el banco más próximo a la puerta, mientras los demás se colocaban en torno al Monumento. Ni siquiera mis amigas se quedaron conmigo.

Ana, turno de vela

Digamos que Manuel es uno de los primeros que se percata de esa ausencia, de esa huida en mitad de la noche, mientras que él se queda allí con el resto de la gente. Permanece junto al grupo.

Ana fue la primera en que se marchó, mientras que los demás aguantamos según nuestras fuerzas. Su marcha me sorprendió bastante, después de lo centrada que había estado durante la mañana.

Manuel, turnos de vela

Es la segunda noche de la convivencia y la despedida entre ellos se mantiene igual de fría, aunque en esta ocasión es Ana quien se va por su cuenta, ¿La razón? Que cada cual saque sus conclusiones

Tal vez alguno pensara que les abandonaba, que me rendía antes de tiempo, me fallaban las fuerzas, pero lo cierto es que ya estaba más dormida que despierta y era consciente de mis propias limitaciones, aunque no negase el hecho de que quizá necesitara ese refugio a mi inquietud. Mi último vistazo, mi última mirada antes de irme, fue hacia Manuel. Sentí cómo me observaba desde la distancia y se dolía por mi marcha, pero a la vez se mostraba comprensivo y resignado, que entendía que era mejor que no coincidiéramos en los turnos de vela.

Ana, turno de vela

Lo escandaloso es que, cuando Ana se marcha, la iglesia se encuentra llena de gente, se queda allí todo el mundo, pero cuando regresa, cuando acude a su turno de vela, el panorama ha cambiado por completo y más ante el hecho de que se llega a quedar sola y pasan las horas sin que parezca que nadie venga a tomarle el relevo. Todo el mundo descansa menos ella.

Cuando entré en la iglesia, del grupo aún quedaban un chico y un par de chicas, pero éste se marchó pronto, como si me hubiera pasado el testigo y por su parte parecía que las chicas aguantaban más porque se les hacía tarde para irse a dormir, que porque las fuerzas les aguantasen.

Ana, turnos de vela

Esta secuencia de la novela, cuando la planteé, me pareció importante acentuar esa soledad por parte de Ana, el hecho de que ésta prefiera quedarse tranquila, que disfruta de esos momentos. Ya sabemos que es una chica que brilla con luz propia en medio del mundo, pero en ocasiones se convierte esa vela que con su luz inunda la habitación más oscura. Ahora parece que quiere esconderse de todo el mundo, en particular de Manuel, aunque se sorprende un poco por el hecho de ser ella la última en ese turno de vela. Encuentra refugio en la oración, más bien, en la preparación de la charla/catequesis sobre la Vigilia Pascual. De manera que lo mínimo es que se concedamos, sin olvidarnos que esto es una novela romántica y siempre hay que dar ocasión a que fluya la historia en el sentido que nos gustaría.

Esta tranquilidad, este silencio, se rompe como se tiene que romper en una novela en una historia, con algo inesperado y lo bastante significativo como para que a Ana no le sea indiferente. No es la llegada de la gente del pueblo, no son los ruidos típicos de los pueblos; no es nada que se pueda considerar esperado y previsible.

He de confesar confesar que ha sido con el paso del tiempo, con una lectura un poco más calmada de esta secuencia cuando me he dado cuenta de lo que deduce tras una lectura entre líneas. En cualquier caso, la secuencia me encanta. me resulta cómica, pero también con muchos detalles de romanticismo, de empezar a ser conscientes de que se buscan el uno al otro casi sin pretenderlo.

Entrada (7 de junio 2021)

Nueva publicación de la novela «Silencio en tus labios»

Viernes 18 de abril. Versión de Ana

Viernes 18 de abril Versión de Manuel

Turnos de vela

Tras el lavatorio de los pies, quien primero se marcha a dormir, quien no da ejemplo de compromiso, es Ana. Ella que se supone que es la responsable del grupo. Entra con todos en la iglesia, pero se sitúa de tal manera que en cuanto dejan de prestarle atención, sale por la puerta y se marcha a dormir. Si la noche del miércoles es Manuel quien se desentiende del grupo, porque no considera necesario acompañar a las chicas hasta su alojamiento, esta vez es la propia Ana quien no se espera a que la acompañen. Se marcha en mitad de la noche. Ella que destaca por ser la luz que anima a todos, que más destaca allá donde se la convoca, que parece que tengan energías infinitas, desaparece sin más. Su último pensamiento, su última mirada es para Manuel, que a la vez parece ser el único que ésta pendiente de ella y se siente un poco defraudado ante el hecho de que no pasan juntos más de diez minutos.

La noche del jueves no se ha hecho para dormir y aquel que se siente el más débil del grupo se queda allí; aquel que pocas horas antes parecía sentirse fuera de lugar, parece querer agarrarse al banco con todas sus fuerzas, que de allí no habrá quien le mueva. Él se va a quedar por lo dos. Parece que lo que le ata y le motiva es demostrarle a Ana que es capaz de estar a la altura de los demás y hacer frente a sus propias debilidades.

Lo escandaloso es que cuando Ana regresa al amanecer, cuando acude a cumplir con su turno de vela, no queda la menor evidencia de que Manuel hasta estado allí demasiado tiempo y Ana casi se queda con la sensación de que a los demás también les han fallado las fuerzas esa noche porque tarda poco en quedarse sola. De hecho, en vez de hacer más notable su presencia opta por esconderse, por pasar lo más inadvertida posible tanto para la gente del pueblo como para la gente del grupo.

Sin embargo, mi llegada rompió el supuesto silencio reinante y ello provocó que reaccionara quién en aquellos momentos me había pasado inadvertida porque estaba sentada en el suelo y con la espalda apoyada en una de las columnas, 

Manuel, 18 de abril

Y así, de pronto, cuando nada parece que vaya a romper la tranquilidad de Ana, aunque entra y sale gente cada dos por tres, quien llega casi como si entrase en un elefante en una cacharrería, como si los cinco sentidos de uno se focalizasen en el otro, se produce ese nuevo cruce de miradas, que por mucho que Ana pretenda jugar al escondite con todo el mundo, siente ese palpito en su corazón, dado que Manuel siente lo mismo.

Se trataba de Ana. Una vez se cercioró de quién era el escandaloso que había irrumpido en la iglesia, retomó su oración y no me prestó más atención.

Manuel, 18 de abril

¿¡Qué escándalo!? No, ¡Qué escandaloso!

Mi tranquilidad, la que hasta entonces había primado en la iglesia, se rompió de pronto, una de las veces que se abrió la puerta entró una bocanada de aire frío, 

Ana, 18 de abril
Ruido

Ambos hablan de tranquilidad, porque Ana permanece ajena y escondida a todos lo que sucede en la iglesia. Por las horas que son, cerca del mediodía, se intuye que los que prima en la iglesia es bullicio previo a los preparativos del Vía Crucis, pero nada de eso altera la tranquilidad ni la calma que Ana parece haber disfrutado, quien tan solo ha tenido que esconderse un poco, pasar desapercibida, para seguir a lo suyo como si allí no hubiera nadie más. El único que la altera es quizás el único que acude a la iglesia buscado lo mismo que ella, quien por encima de todo destaca el hecho de que parece que en la iglesia no hay nadie.

¿Qué os parece? Es un detalle de esos de la novela que a mí me dejan un tanto sorprendido «¿Y esto lo lo escrito yo?» «¡Qué bonito!»

Ellos buscando un momento de complicidad, un acercamiento, un momento de tranquilidad para los dos y en el momento y lugar más escandaloso, como si ni ellos mismo quisieran ser conscientes de ello, se produce ese cruce de miradas. En principio Ana se ha escondido de todo el mundo y Manuel también busca ese refugio, lo que provoca que, de manera inevitable, se encuentren, pero mientras que para los demás la primera impresión parece ser la primera que tiene Manuel cuando se asoma por la puerta, la realidad es que la única que destaca para él es Ana.

La próxima vez que Manuel procure hacer un poco menos de ruido, porque en medio de ese escándalo en el ambiente, él es el único que consigue que Ana pierda la concentración. Además, la iglesia no debe ser demasiado grande, porque el único sitio donde Manuel busca para sentarse ya está ocupado.

¡Qué escándalo!