En nombre de los poetas

Introducción

Cuando iniciaba mi visita turística por la calle de los Reyes Católicos, allá por el mes de febrero, pasaba un poco de largo por la plaza del Sofer, aunque sí hice mención a alguno de sus edificios, porque es algo que resalta a la vista. En esta ocasión nos detenemos un poco más para curiosear y he de admitir que tenemos más suerte o perspicacia de la que en un primer momento me esperaba. De nuevo la ciudad nos sorprende doble y gratamente. Si no nos muestra sus intimidades porque éstas quedan ocultas bajo el suelo de madera, hace que fijemos nuestra atención en esos detalles que casi están a la vista de todo el mundo y que por las prisas pasan un tanto desapercibidos al turista y al paseante.

En nombre de los poetas y de los artistas, en nombre de los que sueñan y de los que estudian, se prohíbe a la civilización que toque a uno solo de estos ladrillos con su mano demoledora y prosaica.»

Gustavo Adolfo Bécquer

Nos detendremos a curiosear en la plaza y en el arquillo del Judio,

La Plaza del Sofer

Justo frente al acceso de la Escuela de Arte se encuentra una pequeña plaza con suelo de madera de reciente recuperación. Debajo se esconden los restos arqueológicos de la Sinagoga del Sofer (escriba, en hebreo).

Su construcción se remontaría a los siglos xii o xiii.​ Estaba ubicada en la ciudad española de Toledo, en concreto al oeste del casco urbano, en el entorno de la actuales calles del Ángel y de los Reyes Católicos.​ Se especuló sobre la ubicación de la sinagoga, desaparecida hace siglos, hasta hace poco.​ Quedan restos del inmueble, localizados tras una serie de obras realizadas en el lugar hacia 2010. La concejala toledana Ana Isabel Fernández Samper buscó promocionar el espacio como un posible punto de interés para los turistas judíos que acuden a la ciudad.

Wikipedia. Sinagoga del Sofer
Plaza del Sofer

Esta antigua sinagoga, probablemente ya desaparecida tras los ataques de 1391, se ubicaba justo al lado del Arquillo de la Judería, que marcaba la entrada a la Judería Mayor de los siglos XIII y XIV y donde se ubica una curiosa leyenda sobre un judío prestamista que aceptó las joyas de la Reina Isabel la Católica para financiar la exposición de Cristóbal Colón.

Tras la expulsión muchas sinagogas fueron destruidas y otras convertidas en iglesias. Actualmente solo quedan la Sinagoga del Tránsito y la Sinagoga de Santa María la Blanca.

La llamada Sinagoga del Sofer fue construida hacia 1190.

Desaparecida hace siglos, había constancia documental de su existencia y de su localización aproximada, pero su exacta ubicación, hasta hace poco, era una incógnita.

Probablemente dejó de ser utilizada como sinagoga en 1391, tras los tumultos antijudíos. Los textos en los que se la menciona corresponden a la época en que ya estaba abandonada:

Es citada entre 1397 y 1480 en documentos relativos a las casas vecinas conocidas como de la Higuera y de la Atahona.

El judío Don Sulemán Jarada poseía en 1391 una casa llamada de la Higuera, entre la casa de la Atahona y la sinagoga del Sofer.

La sinagoga del Sofer, la casa de la Atahona y la casa de la Higuera formaban un conjunto urbano.

Plaza del Sofer

En 1397, la casa de la Higuera es objeto de venta judicial a causa de una deuda de 993 maravedíes que su propietario, don Sulemán Jarada, dejó pendiente al abandonar Toledo en 1391.

La casa se hallaba “cerca de los tintores”, entre una casa de don Mose Izrael y la sinagoga “que dizen del Sofer”.

La venta está registrada en un documento de 1402 que concreta la situación de la casa de la Higuera junto a una casa “que dicen de la Atahona” y la sinagoga del Sofer.

Se trata de una casa en la judería, “la qual dizen de la Figuera, que se tiene con casas que dicen del Atahona e con la sinoga que dizen del sofer, las cuales eran en suelos de soror doña maria, hija del rey don Pedro”.

Un año después, otro documento menciona de nuevo que don Çulemán poseía en la judería, “en la calle que llaman Abendonja”, una casa llamada de la Higuera, entre la “atahona” de don Alvar Pérez y la sinagoga del Sofer (la atahona era una panadería).

La sinagoga vuelve a aparecer en documentos de 1446 y 1447, relativos a un inmueble que estaba junto a la casa de la Higuera y las “casas de la xinoga que llaman el Sofer”; un inmueble “que lindaba con la sinagoga que disen del Sofer”; situado en la colación de Santo Tomé, “fondón de la puerta de la judería de parte de fuera”.

En 1460, la casa de la Higuera presenta dos puertas: la principal, calle abajo, abre “a la juderia”, “a los tintores cerca de la puerta de la juderia”; la de arriba “sale a la calle principal”.

El inmueble se imbrica en unas casas “que eran xinoga” y ofrece una puerta al nivel del entresuelo que da a la casa de la Atahona.

Esta última “linda de una parte con casa de la Higuera y de la otra la xinoga que disen del sofer”.

Un documento posterior a 1477 registra una casa de la hija del rey, doña María de Toledo, situada en la parroquia de Santo Tomé, “cerca de la puerta de la judería a la mano izquierda como entran por la puerta de la juderia cerca del monasterio de San Juan de los Reyes”; esta casa, llamada “casas de la higuera”, se alzaba junto a otra llamada “de la tahona”.

No se sabe qué fue de la sinagoga, pues no se la vuelve a mencionar desde 1480.

Arquillo del judio

Hay en Toledo una calle estrecha, torcida y oscura, que guarda tan fielmente la huella de las cien generaciones que en ella han habitado; que habla con tanta elocuencia a los ojos del artista, y le revela tantos secretos puntos de afinidad entre las ideas y las costumbres de cada siglo, con la forma y el carácter especial impreso en sus obras más insignificantes, que yo cerraría sus entradas con una barrera, y pondría sobre la barrera un tarjetón con este letrero:

«En nombre de los poetas y de los artistas, en nombre de los que sueñan y de los que estudian, se prohíbe a la civilización que toque a uno solo de estos ladrillos con su mano demoledora y prosaica.»

Da entrada a esta calle por uno de sus extremos un arco macizo, achatado y oscuro, que sostiene un pasadizo cubierto.En su clave hay un escudo, roto ya y carcomido por la acción de los años, el en cual crece la hiedra, que agitada con el aire, flota sobre el casco que lo corona como un penacho de pluma.

Tres Fechas, Gustavo Adolfo Bécquer

Debajo de la bóveda y enclavado en el muro, se ve un retablo con su lienzo ennegrecido e imposible de descifrar, su marco dorado y churrigueresco, su farolillo pendiente de un cordel y sus votos de cera.

Carter dedicado a Becquer

Se encuentra situado en la Travesía del Arquillo. En el año 1391 los cristianos asaltaron y saquearon la judería, después de forzar puertas como ésta que se cerraban de noche.

Muy cerca de la confluencia de las calles Reyes Católicos y del Ángel, donde estuvo situada la sinagoga del Sofer (escriba), datada probablemente entre finales del siglo XII y de principios de XIII (aunque únicamente documentada a partir del siglo XIV).

Se localiza también el conocido como arquillo del Judío, pasaje que unía los barrios de la Assuica y del Alacava, o Al-aqaba con la judería mayor por la travesía del arquillo y que se dice fue testigo de la venta de las joyas de la reina Isabel la Católica para financiar la empresa americana de Colón.

Interior del arquillo de judío
Vista desde el Interior del Arquillo de la Judería
Arquillo desde lo alto de los escalones

En 1391, las tropas cristianas asaltan y saquean la judería forzando puertas como la del Arquillo que permanecían cerradas de noche para proteger los barrios de extramuros.

La Travesía es un interesante rincón, una calle empinada de atractivos colores, donde algunos grafiteros han dejado estampado su brillante arte «callejero». Poco queda de la Toledo judía por aquí, no obstante, el lugar recuerda aquellos tiempos.

Un cartel dedicado al poeta Bécquer, nos recuerda que el lugar fue fuente de inspiración para una de sus leyendas.

Más allá de este arco que baña con su sombra aquel lugar, dándole un tinte de misterio y tristeza indescriptible, se prolongan a ambos lados dos hileras de casas oscuras, desiguales y extrañas, cada cual de su forma, sus dimensiones y su color. Unas están construidas de piedras toscas y desiguales, sin más adornos que algunos blasones groseramente esculpidos sobre la portada; otras son de ladrillos, y tienen un arco árabe que les sirve de ingreso, dos o tres ajimeces abiertos a capricho en un paredón grieteado, y un mirador que termina en una alta veleta. Las hay con traza que no pertenece a ningún orden de arquitectura, y que tienen, sin embargo, un remiendo de todas que son un modelo acabado de un género especial y conocido, o una muestra curiosa de las extravagancias de un período del arte.

Éstas tienen un balcón de madera con un cobertizo disparatado; aquéllas una ventana gótica recientemente enlucida y con algunos tiestos de flores, la de más allá unos pintorreados azulejos en el marco de la puerta, clavos enormes en los tableros, y dos fustes de columnas, tal vez procedentes de un alcázar morisco, empotrados en el muro

Tres Fechas, Gustavo Adolfo Bécquer

Web de referencia

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