Miradas en la distancia

SILENCIO EN TUS LABIOS

Introducción

En principio puede parecer que lo que sucede en la iglesia no tiene demasiada relevancia, en ambas versiones ocupa un párrafo un poco más largo de lo que comparto aquí, porque la idea es que aparte de leer mis comentarios, os pique la curiosidad de escuchar la versión por letra de los propios protagonistas. pero bueno, se admite que esto de la web es como una tercera versión o visión de la historia con la madurez que me ha dado paso de los años y la oportunidad de ser un poco más omnisciente en cuanto a los acontecimientos.

Da la sensación de que Ana es una chica de pocas palabras, discreta, prudente, que es su manera de comunicarse con quien es el amor de su vida, que frente a la actitud de éste, ella ha optado por el silencio, que sean sus ojos, su corazón, los que hablen, frente a las torpezas de Manuel, porque a ella nadie le puede acusar de haber ido a la pascua a hacer el tonto, aunque sea ella misma quien lo confiese en su diario.

Frente a la sensación de Manuel de que hay un cierto distanciamiento entre ellos, lo cierto es que, si nos fijamos en los detalles, si leemos la novela con un poco más de atención, en este caso centrado en lo que sucede en la iglesia, sorprende que Manuel no se haya percatado aún de lo mucho que Ana ha querido compartir con él, pero éste con esa cerrazón no parece que se haya dado cuenta.

Como escritor y autor de la novela, dado que la primera versión fue de Manuel y cuando ya novela ya estaba bastante avanzada me planteé escribir la versión de Ana, he de admitir que me resultó curioso descubrir esas miradas; que no ha sido algo que surgiera por querer darle más protagonismo a Ana, tan solo tuve que ponerme en sus zapatos, empatizar con ésta y darle a la versión de Manuel ese giro en el punto de mira

Miradas en la iglesia

Llegan a la iglesia y, como en ocasiones anteriores, haya o no más gente allí, entre Manuel y Ana se produce ese cálido cruce de miradas en cuanto uno se da cuenta de la entrada del otro. Pero, en esta ocasión, es Manuel quien está a la espera y pendiente de que lo sucedido al despertar haya tenido alguna repercusión. Que Ana haya hablado con sus amigas y, sobre todo, que, como se supone que ya son pareja, tienen la ocasión de rezar juntos. Sin embargo, Ana mantiene la misma postura de los días previos y prefiere la compañía de sus amigas guardar las apariencias y las distancias

¿Acaso no está el novio de Ana entre los chicos? ¿Qué pasa? ¿Quién entiende a las mujeres?

La noche anterior se daban besos de chocolate, pero a lo largo de la mañana tan solo ha habido miradas desde la distancia ¿Qué significan? ¿Es cierto que el brillo de en los ojos de Ana es reflejo de su amor o es que se ha dado cuenta de su error y está intentando pedir perdón? ¿Acaso es que Ana se ha dado cuenta de que está enamorada de otro y no sabe cómo decírselo a Manuel? ¿Por qué mantiene esa actitud tan reservada cuando ya todo el mundo se ha enterado de que ella tiene novio, aunque Manuel aún no haya dicho eso de «Esta boca es mía»?

Iglesia. imagen de caracter ilustrativo

Mi motivación, aparte de que como responsable de la pascua me sintiera obligada, fue que tenía curiosidad por ver a Manuel, saber de su reacción ante lo sucedido en la casa, por si alguno de los chicos le había preguntado o él había hablado más de la cuenta. Incluso me preocupaba que estuviera inquieto por mí, porque aquel asunto le daba demasiado protagonismo, aunque de una manera mucho más agradable. Lo único que aprecié cuando crucé la puerta de la iglesia fue que predominaba la misma tranquilidad de cualquier otro día, con la peculiaridad de que era domingo de Resurrección. No me extrañó que Manuel tuviera la mirada puesta en mí, disimulaba, pero estaba pendiente de mi llegada, a la expectativa de dónde me sentara, por si mi postura cambiaba en ese aspecto. Sin embargo, preferí compartir el banco con mis amigas. No me sentía preparada para que nos vieran juntos, que se hiciera público que lo nuestro empezaba a ir en serio. 

Ana, 20 de abril, rezo de laudes

Las once chicas, ya convenientemente vestidas y aseadas, acudieron al rezo de laúdes. De los chicos alguno mantuvo su intención de acostarse otra vez y tampoco se le intentó hacer cambiar de parecer. Yo, más que en su número, me fijé en sus caras, por si Ana les hubiera dicho algo, pero me dio la sensación de que ninguna había llegado a tal sutileza como para sonsacarle el nombre. Ninguna me lanzó una mirada acusadora ni noté que me sonrieran de manera sospechosa, ni siquiera sentí un leve murmullo acusador. Ana no estaba muy dispuesta a soltar prenda sobre ese tema, como si quisiera mantener la tensión hasta el último momento. Lo que no se me pasó por alto fue la mirada que ésta me echó, consciente de mi inquietud. 

Manuel, 20 de abril, rezo de laudes

Miradas previas

No sé si he conseguido con esto dar la debida importancia y relevancia a estas miradas, a esta búsqueda de la complicidad entre los dos, al hecho de que quizá sin ser aún muy conscientes de ello, empiezan a crear su propio lenguaje, a sembrar lo que ya es su relación.

Es cierto que faltan palabras, más detalles de romanticismo, que todo ha quedado en ese «Luego hablamos» susurrado al oído e incluso dicho en esa misma iglesia la noche anterior, para que Manuel se saliera a la calle porque la Vigilia Pascual comenzaba en la puerta, en la hoguera, con el encendido del fuego y el cirio pascual. Sin embargo, es Ana quien habla y Manuel es quien calla, quien no parece encontrar la manera de romper con ese silencio entre los dos, ya sea por falta de valentía ante la reacción no muy comprensiva de los demás porque Ana no se ha parado a escucharle. Cuando le quiso dedicar dos minutos, éste no supo más que darle cuatro besos para corresponder a los dos suyos y responder a esa improvisada declaración de amor.

Frente al hecho de que quizá Manuel se siente juzgado por sus torpezas, que siente que se le ponen obstáculos para estar con Ana, ésta se limita a mirarle desde la distancia. Lo hizo tras la Vigilia, para invitarle a que se acercase a ella, se sentara a su lado

Busqué ese cruce de miradas entre los dos con la esperanza que su anhelo fuera el mismo que el mío, invitándole a que se acercara, que aprovechase que aún la gente se movía, unos para salir y otros para sentarse más cerca del altar. La verdad es que quedó demasiado patente que estaba nerviosa, que mi actitud no era muy normal. 

Ana, 20 de abril, al finalizar la Vigilia

Tampoco podemos olvidar esa mirada del jueves por la noche, cuando Ana fue la primera que se fue a dormir y tuvo ese último cruce de miradas con Manuel,

Mi último vistazo, mi última mirada antes de irme, fue hacia Manuel, sentí como me observaba desde la distancia y se dolía por mi marcha, pero a la vez se mostraba comprensivo y resignado, que entendía que era mejor que no coincidiéramos en los turnos de vela.

Ana, 17 de abril, por la noche, inicio del turno de vela

Ni su encuentro del viernes por la mañana, cuando Ana se encontraba sola ante en Monumento y la entrada de Manuel fue como una bocanada de aire frío. Es fácil que en la iglesia había mucha más gente, pero la intención es como dar a entender que se encuentran los dos solos, que el único que viene a alterar la tranquilidad que Ana disfruta en esos momentos en Manuel

Mi tranquilidad, la que hasta entonces había primado en la iglesia, se rompió de pronto, una de las veces que se abrió la puerta entró una bocanada de aire frío, lo que provocó que dirigiera hacia allí la mirada y mis ojos se toparon con los de Manuel, ya descansado y con intención de tener unos momentos de oración ante el Monumento. 

Ana, 18 de abril, por la mañana

Sin embargo, mi llegada rompió el supuesto silencio reinante y ello provocó que reaccionara quién en aquellos momentos me había pasado inadvertida porque estaba sentada en el suelo y con la espalda apoyada en una de las columnas, quien, para que la gente del pueblo no la molestase, se había escondido y por su aspecto me dio la impresión de que llevaba varias horas. Se trataba de Ana. Una vez se cercioró de quién era el escandaloso que había irrumpido en la iglesia, retomó su oración y no me prestó más atención.

Manuel, 18 de abril, por la mañana

20 de abril por la mañana

Versión de Ana

Versión de Manuel