El otro pueblo

Blog-Silencio en tus labios

Introducción

En la entrada anterior hacía referencia a cómo se repartían en los coches y se marchaban hacia el otro pueblo. Todos nos quedábamos un poco anonadados con el grito de Ana desde su coche. ¿A quién se le ocurre ponerse a dar voces en mitad de la plaza del pueblo? ¡Vaya un recuerdo van a dejar estos chicos! Vale que en ocasiones Manuel llega a ser un poco desesperante, pero en esta ocasión no ha dado motivos, sin embargo, el grito que Ana ha dado lo han escuchado hasta en su casa

zAna en su coche, Imagen ilustrativa

Grito de Ana: ¡MANUEEEEL!!!!!!

Es que esta chica está enamorada, aunque aún no nos haya confesado de quién de manera formal y oficial, pero como se lleva comportando desde que la ha despertado esa mañana, porque los chicos se la han encontrado metida en el saco de dormir cuando se han presentado en el alojamiento de las chicas, ésta se comporta de una manera un tanto extraña. Parece haberse olvidado de que a la pascua no se viene a hacer el tonto.

  • Que si está muy callada, incluso con sus amigas, aunque se sigue cobijando en la compañía de éstas
  • que si se busca cualquier excusa para cruzarse miraditas con Manuel;
  • que si le roba una galleta a Manuel cuando supone que no la ve nadie
  • que si se pone a gritar el nombre de Manuel en mitad de la plaza del pueblo, sin bajarse del coche y sin que le cohiba que la escuche todo el mundo.

Viaje

Y en este estado de ánimo, de exaltación de la felicidad que irradia su corazón, es como conduce su coche y lleva a sus amigas hasta el otro pueblo. mientras que Manuel ha de viajar en el coche de una de las parejas de Toledo, sin que se aclare quiénes ni cuántos más van en cada coche, ya que tampoco parece un detalle demasiado relevante. Ni siquiera se hace mención de la conversación que llevan durante el trayecto. Lo que sí se comenta del miércoles

Durante el trayecto, la pareja, con quienes iba en el coche, comentó lo peculiar de mi situación, le restaron gravedad, dado que no era relevante la situación sentimental de cada uno. Se iba a la Pascua para vivirla en fraternidad, y no sería el único soltero ni aquella tampoco era mi primera Pascua,

Manuel, miércoles 16 de abril. Yendo hacia el pueblo

Dado que las chicas que se subieron en mi coche sabían que había sido la encargada de la composición de los grupos, se aprovecharon de la confianza que tenían conmigo para que les adelantara algo al respecto y que la sorpresa no fuera tal. No me dio la sensación de que estuvieran muy mentalizadas de lo que nos esperaba, sino, más bien, que se tomaban aquellos días como una convivencia más de las que organizaba el Movimiento a lo largo del año, pero no las culpé por ello.

Ana, miércoles, 16 de abril. Yendo hacia el pueblo

Nos podemos imaginar que el comportamiento de Ana podría haber sido uno de esos temas de conversación. Con el coche de Ana con la tranquilidad de tratarse de una confidencia entre amigas, siempre que ello no suponga una peligrosa distracción para quien conduce. Mientras que en lo referente a Manuel, en el sentido de dejar constancia de que ya todo el mundo ha deducido y sabe que él es el objetivo y causante de todo, que, por mucho que pretenda guardar silencio, lo lleva escrito en la cara.

El otro pueblo

Su llegada al pueblo, en un primer momento, se asemeja más a lo que han sido esos reencuentros previos. Allí se reúnen con la gente de Toledo, y de otros lugares, con aquellos que han sido testigos de sus desencuentros y desavenencias de los meses previos. Sobre todo con el hecho de que todo son prisas porque hay mucho que hacer y poco tiempo. rato de oración en la iglesia; comida juntos, asamblea final y subirse a los coches para marcharse cada uno a su casa. Lo prioritario son las actividades de la pascua, el compartir con los hermanos. Las cuestiones personales quedan aplazadas hasta que haya un momento de relax.

Cuando llegamos al otro pueblo, ya nos esperaban, porque habían previsto un rato de oración en común antes de la comida. No hubo tiempo para muchos saludos. La asamblea final no debía retrasarse porque para algunos el viaje de regreso a casa sería largo y a otros les convenía llegar con tiempo y que la tarde les fuera provechosa. 

Manuel, 20 de abril llegada al otro pueblo

Los de la convivencia de este pueblo aún no saben que Ana se muere por tener ese momento de oración compartida, por tener la ocasión de coincidir en el banco, de modo que, como es su costumbre, las amigas ejercen de «gadgets amigas» y hacen lo posible por mantenerles separados.

No hubo opción ni ocasión de que Manuel y yo nos sentásemos en el mismo banco, lo que hubiera supuesto nuestra última oportunidad de rezar juntos. Sin embargo, no me esperó, no dio ocasión. Supongo que se cohibió un poco porque me vio demasiado entretenida con las amigas y, en vista de los precedentes, no se planteó que mi postura fuera a ser distinta.

Ana, 20 de abril llegada al otro pueblo

Cuando salen de nuevo a la plaza, cuando se forman esos corrillos de gente para contarse de manera informal cómo les ha ido en uno y otro pueblo, los unos no pueden evitar comentarles a los otros que la gran noticia del día es que:

«!ANA ESTÁ ENAMORADA!»

Tras el rato de oración, el ambiente se relajó un poco, era momento de los saludos y de hablar unos con otros. Como alguno comentó, era el momento de hacer hambre. Fue inevitable que uno de los asuntos más comentado entre los corros de gente fuese el de mi enamoramiento, sin que nadie se atreviera a dar el nombre del afortunado por temor a equivocarse o porque tampoco era algo tan relevante en aquellos momentos. 

Ana, 20 de abril Tras el rato de oración

Así, como si fuera un titular de portada en los periódicos de tirada internacional, como si tuviera que ser la noticia que abriera todos los noticiarios, lo más importante y irrelevante que cualquier otro acontecimiento del universo, aparte del hecho de estar en Domingo de Resurrección. «Sí, Ana, nuestra Ana, está enamorada y su nuevo gran amor se encuentra entre nosotros». «¡Qué sí, que sí! ¡Que se trata de Manuel!»

Atención, gadgets amigas, operación ‘Comida romántica’, que somos muchos, pero Ana está loquita de amor por su amado y se teme que no haya sitio para que ellos desplieguen toda esa pasión. Para el Emaús el muy «….» le fastidió el plan. Sin embargo, esta vez no vamos a dejar que se escape. Que, si Ana tiene hambre, se lo vamos a servir en bandeja.

Pero eso sí, hasta que ellos no lo hagan público seamos discretas, que no se note demasiado.

Mesa y comida compartidas

A la hora de comer, consciente de que mi pequeña confidencia nos había puesto en el punto de mira de mis amigas y que la presencia de éstas cohibiría a Manuel, me decanté por la compañía de éstas, con la particularidad de que éstas quisieron hacer gala de esa complicidad de amigas y, aunque no hubo posibilidad de que me sentase al lado de Manuel, consiguieron que nos sentásemos en la misma mesa, lo bastante cerca el uno del otro como para que él comprendiera que aquello era una pequeña trampa de la que ninguno de los dos tuvo escapatoria.

Ana, 20 de abril. Durante la comida

Es decir, que aunque quise sentarme en el mismo banco que ella no pude, como tampoco durante la comida, aunque ésta se sentó tan cerca de mí como para quitarme la comida y que yo compartiera la suya. De hecho, me dio la sensación de que para Ana suponían un alivio aquellas prisas. Los demás esperaban que se confirmase esa confidencia y ella seguía manteniendo el secreto, la incertidumbre.

Manuel, 20 de abril Durante la comida

Ahora es «luego»

Después de comer, cuando parece que la situación se ha calmado, que la noticia ha perdido toda su relevancia, porque quién no ha visto ese fuego de pasión entre ellos es porque no ha prestado atención; cuando Ana entiende que ya puede lanzar su cuerda de amor y atrapar al chico de sus sueños, arrancarlo de la atención de los demás, porque le quiere y necesita todo entero para ella, los dos van a sentarse a uno de los bancos de la plaza. Apartados de todos ya pueden hablar con toda tranquilidad, sin que nadie les preste atención. Ahora tan solo están el uno para el otro: «¿Me quieres?» «¿Cuánto me quieres?»

Me acerqué hasta donde estaba, confiada en que en aquellos momentos contaba con la complicidad y el respaldo de mis amigas. Me sitúe a su espalda y me limité a susurrarle “Ven” para que me siguiera. Era momento de que mantuviéramos aquella última conversación antes de la despedida y hasta cierto punto de la asamblea con la que concluirían las celebraciones de la Pascua.

Ana, 20 de abril. Tras la comida
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Nos sentamos en uno de los bancos de la plaza, a la sombra de un árbol, apartados de todo el mundo, aunque conscientes de que aquello sorprendería y extrañaría a la mayoría. Allí, tomados de la mano, con la mirada en los ojos del otro, sin saber muy bien cómo expresarlo sin que resultase muy forzado, me declaró su amor, compartimos nuestra primera conversación como pareja. El uno al otro nos confesamos cómo habían sido aquellos cuatro últimos días de nuestra vida.

Ana, 20 de abril. Charla con Manuel

Allí, a la sombra de un árbol, sentados en uno de los bancos de la plaza, apartados de todo el mundo, le dije que la quería y que había sido su nerviosismo durante el Encuentro diocesano del año anterior lo que había provocado que me fijara en ella de manera particular hasta el punto de no reprimí ese sentimiento; sabía que lo había dejado con Carlos, aunque también reconocí que me había puesto algo pesado con todo ese asunto ante lo cual ella había reaccionado con tanta paciencia y dulzura que me sentía más enamorado por mucho que me diera calabazas y se hubiera negado a admitir que sentía lo mismo que yo.

Manuel, 20 de abril. Charla con Ana

Asamblea final

¡Eh, vosotros dos, que se hace tarde para la asamblea! ¡Que nos tenemos que ir!

¡Eh, que estamos aquí! ¡Que no os habéis quedado solos! Ana, Manuel. A la asamblea final. ¡Vamos, tortolitos!

Para la asamblea nos sentamos formando un círculo y para vernos las caras, aunque quizá lo más llamativo fue que las parejas de novios se sentaran juntos y, por otro lado, quedase bastante delimitado quien había pasado la Pascua en cada pueblo. Pero lo más sorprendente, sin lugar a duda, fue que Ana y yo nos sentásemos juntos, dado que la supuesta charla para cantarme las cuarenta quedaba patente que no había sido tal, aparte de que hubiera sido totalmente inapropiado por la forma y el contexto en que nos encontrábamos. 

Manuel, 20 de abril. Asamblea final

¡Ay, qué bonito! ¡los dos juntos! ¡Ya verás, ya verás! Ahora nos van a decir que se quieren, que se han hecho novios, cuando ya lo llevamos sospechando desde hace tiempo. Eso de que Ana fuera tanto por Toledo debía tener una explicación. Además, Manuel este año se ha animado a venir a la Pascua.

Nos sentamos en círculo en mitad de la plaza, cada cual al lado de quien quiso, por lo cual no permití que Manuel se soltara de mi mano ni se fuera muy lejos de mí. Era el momento para que todo el mundo nos viera juntos y se hiciera oficial algo que en los últimos diez minutos había sido comentado por todo el mundo y que ninguno de los dos desmentiría. 

Ana, 20 de abril. Asamblea final

Para su próximo cumpleaños le regalamos a cada uno una tercera mano, porque les va a hacer falta.

Despedida

¿Alguien tiene dinamita? ¡Que nos tenemos que ir! Ana ha venido en su coche y Manuel se ha de ir con los de Toledo, pero ninguno sabe en qué hora vive.

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Cuando llegó el momento de marcharse, Manuel me acompañó hasta el coche. Como seguía agarrado a mi mano no le di opción, consciente de que en cuando le soltará sería hasta que volviéramos a vernos y las expectativas no resultaban muy alentadoras, dado que establecer una fecha para una próxima cita se presentaba un tanto complicado por parte de los dos, dado que ni él se mostraba muy decidido a tomar la iniciativa de hacerme una visita ni yo tenía muy claro que mis compromisos me permitieran que fuera a Toledo, 

Ana, 20 de abril. Despedida

Venga, de verdad. ¡Ya vale! ¡Qué se hace tarde!

¡Dale un beso y conduce! Venga, Ana, vámonos. Cuando llegues a casa le llamas por teléfono y os pasáis la noche en vela hablando, pero ahora, vámonos que tenemos prisa

Por la presión de mis amigas, para que nos marchásemos de una vez, por mucho que se entendiera que en aquellos momentos no tuviera ninguna gana, la despedida se hizo inevitable. Ya estaba sentada en el asiento del conductor, la llave en el contacto y los pies en los pedales. Aun así, no quise que la despedida, las últimas palabras o expresión de cariño entre nosotros resultase demasiado frío, por lo cual, abrí el cristal de la ventanilla, me asomé y dado que a él también le costaba alejarse, me hubiera costado poco susurrarle al oído lo mucho que le quería.

Ana, 20 de abril. Despedida

Me dijo sus últimas palabras al oído, sacó la cabeza por la ventanilla, con la presión de sus amigas para que cortase esa interminable despedida y que pusiera el coche en marcha, porque tenían ganas de marcharse a casa. Me las dijo al oído, como me había confesado la primera vez que me quería. En realidad, quiso que me acercara para darme un beso en la mejilla y aprovechó la oportunidad y la circunstancia, sin que sus amigas se enterasen de nada.

Manuel, 20 de abril. Despedida

Ana: ¡Qué sí, chicas que ya nos vamos! Adiós, Manuel, nos vemos pronto.

Manuel: Adiós, Ana. Hasta pronto, Nos vemos el mes que viene, pero te llamo el sábado como muy tarde. Adiós, chicas, cuidádmela bien

Sin embargo, debido a que la presencia de mis amigas, la mirada atenta de éstas, me limité a darle un beso en la mejilla,

Ana, 20 de abril. Despedida

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