¡Venga, a hacer el «aspie»!

Asperger

Introducción

Hacía tiempo que no pasaba por una esas experiencias personales merecedoras de una entrada en la web, pero esta vez no me puedo reprimir.

Primero quiero aclarar que entiendo el trasfondo y la intención del comentario, que asumo que dicha recomendación tiene su justificación y, como tal, nada que objetar al respecto: «No, no se debe hacer el tonto». Por mi parte espero y no tengo intención de defraudar la confianza que han depositado en mí, que, de seguro, es mucha y se agradece que de vez en cuando piensen en uno para asumir este tipo de responsabilidades.

La cuestión es que, después de las oportunas explicaciones sobre esa «tarea» que se me ha encomendado, de preguntarme si me veía capaz de ello, me han recalcado eso de «¡y no hagas el tonto!». Así, tal cual, con esas mismas palabras y en mi cara, en tono afable y con la confianza en que me daba por enterado y comprendía la intención.

Lo cual me ha llevado de inmediato a pensar tal vez de más, sin perder la sonrisa, que hay cuestiones que se pueden decir de muchas maneras y ésta no ha sido la más acertada. Pero uno ya tiene mucha vida como «aspie» y ha escuchado de todo.

Me ha resultado molesto, ofensivo e incluso discriminatorio, aunque sin saber cómo ha sido la conversación individual mantenida con el resto de los implicados, entiendo que es una apreciación un tanto subjetiva por mi parte.

La discriminación se entiende como tratar a alguien de manera diferente. Pero lo de «la discriminación en positivo» es una manera de tratar a los diferentes como a los iguales. Ante lo cual asumo que ha sido una manera de establecer ese matiz para evitar malentendidos posteriores: «No hay que hacer el tonto, ni tú (yo) ni nadie». Es comprensible que para los demás esta observación ha sido innecesaria, se sobreentendía, y conmigo se ha pensado que había que recalarlo por si acaso

Mi primer pensamiento, tan solo pensamiento introvertido, ha sido justo el contrario, que se esperan y haga justo eso, que se lo temen. Que lo de «hacer el tonto» es el leitmotiv de mi vida, porque ya he hecho suficiente tonterías desde que me conocen. De tal manera que ese voto de confianza ha quedado un poco deslucido.

Los «aspies» no hacemos el tonto

No lo digo yo porque quiera justificar mi manera de actuar, que soy el primero que reconozco que, en ocasiones, me dejo llevar en exceso por mi naturalidad y ello me ha dejado en evidencia delante de los demás en más ocasiones de las que puedo contar e incluso de las que pueda ser consciente. Los «aspies», por mi experiencia personal, y por lo que me han dicho y he llegado a leer al respecto desde que me considero uno de ellos, como a mí me gusta pensar y decir, «somos turistas en nuestro propia casa».

A los aspies se nos da muy bien eso de ser actores, de camuflarnos con la realidad que nos rodea, vivir con esa careta, con el deseo de integrarnos o de no molestar por nuestra particular manera de actuar.

No enumeraré la enorme lista de «aspies» que han protagonizado las grandes películas de cine, incluso alguno se ha llevado un Oscar al mejor actor o actriz por su interpretación. No hay más que recurrir a la wikipedia o a la biografía de alguno de éstos, para quedarse boquiabiertos por pensar que detrás de tal o cual actor o actriz hay un «aspie»

Ya, pero es que yo hace tiempo me cansé de vivir con esa careta, y no tengo alma de actor, si es que en algún momento la he llevado. Lo mío es escribir novelas protagonizadas por alguien que se parece mucho a mí. ¡Así me va! Un aspie con cara de «bueno» al que le piden que no haga el tonto.

Si no haces «el tonto», te quedas encerrado, aislado. No en tu casa, como quizá habrá quien se tema. Si no haces el tonto, te conviertes en un tipo insociable, que no se relaciona con nadie, que no se esfuerza por integrarse en el grupo. Porque sí, yo he sido de ese tipo de «aspies». ¿Para que te vas a esforzar, si te van a echar en cara que haces el «aspie»?

Para mí esto de no hacer el «aspie», una vez que me mentalizo de que he de hacer el esfuerzo por actuar como una personal, digamos, «neurotípica», por considerarlo el término científico más correcto, me lleva a la necesidad de dar un grito de libertad. Necesito ser yo mismo, asumir mi propio yo y buscarme esas estrategias para quedarme donde estoy y asumir esas responsabilidades que se me encomiendan y ser merecedor de la confianza.

Y si no puedes hacer «el aspie», pues claro, haces el tonto. Porque desde el punto de vista de los demás es lo que se ve, lo que se aprecia. La gente no se comporta así. Da los buenos días al llegar, se despide a la hora de marcharse. Entre medias, si surgen dudas, se pregunta; si hay que mantener una conversación afable, pues se participa o se adopta una actitud de escucha, con interés, mirando a los ojos. Y si esto, pues es esto. Si es aquello, pues aquello. Y si alguien se te acerca no es porque invada tu espacio personal y hayas de echarles a patadas porque se han acercado de más, sino porque entienden que necesitas ayuda e incluso cuando se la has pedido, porque se la has pedido, y no te olvidas de dar las gracias cuando se marchan.

Todo lo demás, porque entre la hora de entrada y de salida transcurre un tiempo más o menos determinado por el horario, todo lo demás que no se ajuste a esas normas, a ese lógico modo de comportarse, para los demás es hacer «el aspie».

¿Qué cosas hace un «aspie» que no son neurotípicas?

No soy psicólogo, ni psiquiatra, de manera que podría hacer una lista muy larga de todo eso que considero no encaja en las expectativas de lo demás. No habría Terabyte de memoria suficientes. Sin embargo, si cabe, eso es lo menos importante. Son mis estrategias, los trucos aprendidos, la experiencia de la vida, en los que me apoyo.

Sí, vale, pero yo intento que sean mis trucos y da la sensación de que monto un espectáculo de circo, que podría ser un poco más discreto y no dar la sensación de que provoco llamar la atención. Que, sin pretenderlo, a la gente le llega a molestar. Pero son mis trucos.

Por ejemplo, por las mañana he de tomar el bus y la parada de llegada lógica, en la que debería ser mi ruta, está justo delante de la puerta. El bus me llevaría de puerta a puerta. Pero, me he acostumbrado a ir por otra ruta porque necesito de ese paseo de diez o quince minutos previos a primera hora de la mañana. La hora de llegada es más o menos la misma, incluso por esta ruta llego un poco antes o a la par que dicho autobús.

Otra manía, porque no me agrada esperar, es que intento salir siempre a la misma hora. ¡y si hay que salir, se sale! Es la hora. Esta vez sí tomo el autobús en la parada que hay justo en frente y casi mejor que no se retrase y mucho menos que se adelante porque no me agrada tener esperar al siguiente. Si tengo que esperar en exceso, me voy a la otra parada, aunque me haya de dar el paseo.

La cuestión es que durante ese paseo de primera hora de la mañana, el impulso normal es darse media vuelta, pero «este aspie» no hace el tonto y sigue avanzando. Y cuando llega la hora de salir «este aspie» echa a correr y se plantea regresar al día siguiente, porque con una sonrisa los días se viven mejor y siempre hay un motivo para sonreír.

Y como entre que llegas y te vas hay tiempo para hacer de «neurotípico», pues intentas no perder la sonrisa y te buscas uno y mil trucos para quedarte. Que seguramente cada cual tiene sus estrategias, pero las mías son de «aspie».

Haré el aspie y no el tonto

De manera que sí, tengo el firme propósito de seguir ejerciendo de «aspie», porque sé que para mí eso que algunos considerar «hacer el tonto», es mi manera de ser «neurotípico».

Como sé que a la gente le incomoda cierta manera de comportarse y habrá quien piense que es intencionado, premeditado, poco serio, y que alguien debería haberme dicho que no se hace el tonto cuando no se debe hacer «el tonto», tampoco espero que se me dé manga ancha para que haga lo que me venga en gana, por mucho que me quiera justificar, porque todo tiene un límite y soy plenamente consciente de dónde se encuentra y de no sobrepasarme ni un ápice.

De manera que me tomo muy en serio eso de no hacer el tonto, pero sí «el aspie»