Limosna de agua

Introducción

Todas las casas de Toledo tienen aljibes parecidos, adonde, en la estación lluviosa, van a parar las aguas de los tejados por unas canales. Esta es la única agua que se emplea para beber; la del Tajo, considerada como insalubre, sólo se usa para la limpieza, y la suben por las empinadas y angostas calles en cántaros de barro a lomo de unos pollinos. Como la ciudad está en una montaña de granito, no tiene fuentes. En cuanto al agua llovida, después de sedimentarse en los aljibes, es muy gustosa y potable; los aljibes se limpian dos veces al año. Durante el verano, muy riguroso en esta parte de España, las familias pasan casi todo el día en los patios, cubiertos con un toldo de lienzo; el calor de la atmósfera se templa por la frialdad que sube de los aljibes, que responden al mismo propósito que las fuentes en las provincias meridionales de España.

George Borrow. La Biblia en España (1843)

Sin embargo, esta vez me quiero centrar en la calle de los Aljibes, es uno de esos rincones de la ciudad llenos de historia y de leyenda

Calle próxima a las plazas de Santo Domingo el Real y Capuchinas. Su nombre aparece en 1838 al redactarse el inventario de inmuebles que pertenecían al convento de San Pedro Mártir. También se incluye su nombre en el plano de Coello e Hijón de 1858, en cambio no se pudo identificar en el Libro Vecindario, de 1776-1778, siendo el más antiguo catastro urbano de Toledo, donde dice que su nombre lo tomara debido al brocal, ahora cerrado, bajo un tejaroz, que surtía agua al convento de las Capuchinas.

(Fuente: Historia de las Calles de Toledo).

Rincón de la calle de los Aljibes

Calle de los Aljibes co el rincón que le da nombre

La Real Academia se ha dirigido al Ayuntamiento con la siguiente petición, para que haga llegar al Consorcio de Toledo la conveniencia de devolver a una histórica ventana de la calle de los Aljibes el aspecto que tenía antes de ser tapiada, y así pueda recuperar este rincón la belleza que siempre ha conservado.

En nuestra ciudad de Toledo, el agua potable, ha sido en numerosos periodos de nuestra historia, especialmente en las épocas cíclicas del estío y en periodos de sequias, un elemento si no escaso, sí poco abundante. Esta carencia y la dificultad para poderla conseguir, la llevo en determinados momentos de nuestro pasado a convertirla en objeto de limosna.

Esta curiosa circunstancia se dio en el pasado, cuando en épocas de carencia prolongada de precipitaciones los aljibes de algunas comunidades religiosas de clausura se agotaban, y entonces los vecinos de Toledo llevaban el precioso líquido para donarlo las monjas de clausura.

Un caso concreto lo encontramos en el convento de las religiosas capuchinas franciscanas, que, al ser una comunidad de clausura, no podían abandonar su cenobio para poder obtener el agua necesaria para su subsistencia.

Iglesia de Convento de las Cauchicas.
Plaza de las Capuchinas, entre la calle Tendidas y la calle de la Merced

Era entonces cuando los vecinos y el pueblo de Toledo acarreaban en cántaros y cubos el líquido elemento y, sin pasar al convento, vertían el contenido de sus recipientes en las ventanas que comunicaban la calle con los aljibes situados en el interior.

La calle de los Aljibes, (vía así llamada por tener la peculiar característica de tener las bocas de entrada de dos de estos aljibes interiores de las Capuchinas), conserva dos de estas ventanas; una se encuentra a nivel de la calle y la otra está más elevada y a ella se accede por una pequeña escalera de fábrica con envejecidos escalones de granito. Estas dos ventanas han llegado en perfecto estado hasta nuestros días, y hasta hace pocas fechas conservaban su romántico y bello aspecto de sólida hechura de madera envejecida por el paso del tiempo.

Ventana de los Aljibes
Ventana de los Aljibes

Pues bien, recientemente una de esas ventanas, que cerraban la comunicación entre la calle y los aljibes, ha sido inútilmente destrozada.

Interior de la ventana

Pasado un tiempo, se tapó provisionalmente su vano con unas tablas de cajón burdamente clavadas y posteriormente se ha cerrado con unos ladrillos y yeso.

La esquina de la calle los Aljibes donde se encuentran estas ventanas es un bello y romántico rincón de nuestra ciudad en el que se da, además, esta característica de haber sido testigo de esta curiosa tradición histórica de la “Limosna de Agua”.

La dama de los ojos sin brillo

Representación de la leyenda

Las leyendas que narran visiones de personas ya fallecidas son una constante en Toledo. La ciudad inspira apariciones y misterios narrados en la noche de los tiempos, en versiones diferentes de un mismo mito que todas las culturas que aquí han morado repiten una y otra vez. Ahora aquí reproducimos, en su versión caballeresca, una de las leyendas toledanas más repetidas.

Viajamos en el tiempo al Toledo del año 1590

La infanta Catalina de Austria, duquesa de Saboya e hija favorita del Rey Felipe II recibió en Toledo una majestuosa fiesta en una noche que se hizo memorable en los anales de nuestra ciudad por el indudable porte de los asistentes a tan sonado festín…

Patio de una casa en la calle de los Aljibes

A media noche, cuando aún resonaban las campanadas en el reloj del monasterio de Santo Domingo el Real, cercano a donde se realizaba el acto, uno de los nobles caballeros invitados al ágape, a la sazón consejero general de Finanzas y auditor de su Majestad, don Sancho de Córdoba, presenció como una bella dama pasaba sigilosamente entre los grupos allí congregados.

Atraído por la belleza de la dama, y la fascinación que inspiraba, a ella se aproximó e invitó para acompañarle en el baile que en ese momento comenzaba. No recibía respuesta a sus palabras de elogio de tan bella mujer, a la que ahora guiaba. La sensación que emanaba era de una lividez extrema de su rostro que, incluso facilitaba la sensación de no pisar la maravillosa alfombra que adornaba el área destinado a la danza en tan bello palacio toledano.

Tras finalizar el baile, salieron al patio exterior, maravillosamente adornado con innumerables plantas, al estilo de cómo se hace en Toledo durante el Corpus, que no quedaba muy lejano, y de las que emanaban un frescor acompañado por el murmullo de una fuente central magníficamente realizada. Hacía cierto frescor nocturno y la dama no tapaba su generoso escote con alguna prenda de abrigo, por lo que él, puso su roja capa con noble broche de oro sobre los hombros de la dama, que caminaba sin decir palabra. Tan sólo, tras acoger la capa en sus blancos hombros profirió una queja, un lamento: “Qué frío”.

Calle de los Aljibes por la noche

Llevó el caballero a la Dama dando un breve paseo hacia su residencia, y al llegar cerca del Miradero, la dama rompió su silencio de nuevo:

– Caballero, no de un paso más en mi compañía, pues de seguir a mi lado me haría una grave ofensa. Envíe al día siguiente a un criado a por su capa a la calle Aljibes, en la casa de la Condesa de Orsino.

El caballero accedió cortésmente con la esperanza de ser él mismo el que recogiera la capa.

La dama se perdió entre las sombras de la noche toledana, mientras él la veía alejarse lentamente, observando fascinado el suave caminar de ésta.

Durante la noche, no dejó el caballero de pensar en la intrigante y fría belleza de la dama. Pero lo que más le intrigaba era su mirada: sus ojos no tenían brillo.

Al día siguiente, dirigióse él personalmente en busca de la capa. El palacio estaba en una estrecha calleja en cuyo fondo se observaba una cruz. Llamó al enorme portón de madera y al poco se escucharon unos pasos y el descorrer de un pesado cerrojo tras el que se abrió un pequeño cuarterón de la puerta tras el que un anciano le preguntó qué era lo que deseaba. Preguntó por la dama, a lo que el anciano respondió que allí nadie vivía que respondiese a esa descripción, aunque permitió el paso del caballero, que fue recibido posteriormente por una noble señora enlutada, a la que refirió toda la historia acontecida la pasada noche. La dama le respondió que probablemente habría sido objeto de una pesada broma, puesto la dama a la que él hacía referencia, por la notable descripción realizada, era su hija y ya iba para dos meses que era muerta y enterrada.

El caballero sintió pesar por lo que creía una terrible equivocación, y cuál no fue su sorpresa que, buscando el salir de la casa, levantó los ojos y contempló un cuadro de gran tamaño que representaba a una dama exactamente igual a la de la noche anterior: el mismo rostro, el mismo vestido, el mismo anillo en su mano izquierda…

– Señora ¿quién es esta hermosa dama?
– La misma hija que por desgracia os dije que perdí.
– Pero… ¡si es la misma a la que yo anoche acompañé!
– Caballero, de nuevo ofendéis mi casa… Soñáis, acaso, o sois presa de alucinación, pues ya os dije que hace tiempo que falleció.

Como hechizado salió de esta casa y regresó a su palacio. Pasó dos días con terrible pesar, seguro de lo que había vivido aquella noche.

A la mañana siguiente, un hombre se presentó con la roja capa, que puso sobre los hombros de la dama aquella noche… Había reconocido al dueño de la capa por las armas del broche que portaba…

– ¿Dónde la hallaste? Preguntó con ansiedad el caballero.
– En el Campo Santo, junto a la tumba de la condesita de Orsino.

Palacio de los Condes de Orsino (Calle Aljibes, 10)

Edificio familiar de noble traza, en buen estado de conservación. Fachada de ladrillo de dos alturas; portada de piedra con dos columnas que sostienen dintel tallado con dibujos geométricos, rematado por dos bolas de granito en sus extremos. Accedemos a ella por su puerta de madera claveteada que nos lleva al patio con cuatro columnas de granito con capiteles dóricos, dos aljibes encerrados en la pared con puertas de celosía de madera, entablamento y zapatas de madera. El solado primitivo era de losas blancas y negras y fue sustituido en su restauración por losas en color naranja. Acceso a plantas superiores por escalera de baranda de forja sencilla. La rehabilitación del inmueble fue realizada por el Consorcio en 2012.

Interior del patio

Tiene en su parte alta una soleada sala de vistas, por desgracia muy poco utilizada. Aprovecharemos dicha sala para indicar que otro de los elementos habituales que encontraremos en las salas son los remates de forja en las partes más altas de las cubiertas, sobre caballetes o en el encuentro de las limatesas, como en este caso. Veleta, cruz, pararrayo, bola o espadañas empotrada sobre el nabo central o la hilera de la armadura de madera. (Textos: José María Gutiérrez Arias)

Azotea

Web de referencia

miratoledo.blogspot.com aljibes-y-patios

Ventana de la calle de los Aljibes – Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (realacademiatoledo.es)

La Dama de los ojos sin brillo – Leyendas de Toledo

patios de toledo calle aljibes, 10