El lugar donde se desarrolla la novela

Introducción

Paseando por el claustro de la catedral, como una de esas curiosidades que a uno le sorprenden y le hacen poner en duda su propio conocimiento. Queriendo alejarme un poco de las típicas visitas al claustro de la catedral, me hemos enterado que el claustro el claustro tiene dos plantas, que desde el jardín de aprecia bien este detalle. Que tendremos que venir más por la catedral porque entre sus muros se esconde un mundo que hasta ahora me es desconocido.

La cuestión es que presumía de originalidad por haber situado alguna de las escenas de mis novelas en el claustro de la catedral, por eso de acudir el 15 de agosto a beber del botijo, como una de las muchas tradiciones que tiene la ciudad, con la única particularidad de que mis personajes se permiten la osadía de llevarse un botijo roto, como recuerdo de su estancia en Toledo. Y tenía que ser un botijo roto de la catedral del Toledo para hacer un regalo muy especial.

La cuestión es que ha habido quien ha recorrido ya toda la catedral y la la utilizado como escenario de un de sus novelas «La catedral»

Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 29 de enero de 1867-Menton, 28 de enero de 1928) fue un escritor, periodista y político republicano español, propulsor del naturalismo y del realismo. En torno a su figura y al periódico El Pueblo, fundado y dirigido por él, se desarrolló en la ciudad de Valencia un movimiento político republicano conocido como blasquismo.

El claustro de la catedral

Sobre el antiguo al-caná o alcaná (barrio comercial hebreo), en el costado norte de la catedral, el arzobispo Pedro Tenorio planeó el claustro y una capilla que le serviría de sepultura.

Claustro alto y Torre de la catedral

Las obras del claustro se iniciaron el 14 de agosto de 1389, con la colocación de la primera piedra, y terminaron en 1425. En ellas trabajaron los maestros Rodrigo Alfonso y Alvar Martínez en una construcción de cuatro crujías con bóvedas cuatripartitas.​ La construcción del claustro no estuvo exenta de historia y leyenda. Al encontrarse la feria en el lugar donde Pedro Tenorio planeó su construcción, los propietarios de los puestos y tiendas fueron reacios desde el primer momento. Eugenio Narbona cuenta el interés del arzobispo por ocupar cuanto antes «las alcaycerías, que es el lugar donde las mercadurías se venden». Durante el tiempo en el que el arzobispo y los propietarios discutían sobre la compra y los precios, el infortunio llegó en forma de incendio que destruyó todo el mercado. Aprovechó entonces Pedro Tenorio para su compra y, aquí la leyenda, se acusó al mismo de haber provocado el desastre para poder adquirir los terrenos.​

Vistas de a catedral desde el claustro alto
Vista desde el claustro alto, Se ven las ventanas de la segunda fila de habitaciones

Dado el relieve de la zona, se construyó metro y medio por encima del nivel de la planta de la catedral y de modo que pudiera soportar dos alturas, lo que ocurrió con la llegada del cardenal Cisneros. Tenorio no escatimó esfuerzos en conseguir que la grandeza y majestuosidad del claustro fuera merecedor del gótico catedralicio. En las galerías de la planta baja hay una serie de pinturas al fresco con escenas de santos (Eugenio, Casilda, Eladio). Once de estas pinturas son de Bayeu y dos de Maella.​

Vista desde el claustro alto

Es de notar que, no existiendo en la catedral orden monástica, el destino del claustro y el resto de las piezas que en su contorno se construyeron tuvieron funciones muy distintas en el tiempo: desde almacén a aula; como lugar de transacciones mercantiles (recuperando el sentido de la antigua alcaná o de oración). Llegó a ser lugar de reunión del municipio y una de sus salas fue capilla mozárabe.

Galería de claustro alto de la Catedral de Toledo.

EL CLAUSTRO ALTO
La de Toledo es una de las catedrales españolas de doble orden. Este segundo claustro es de traza mucho más sencilla, más estrecho y bajo en altura, adintelado, y con estructura de madera. Se asienta sobre un podio de tracería calada y lo sostienen elegantes columnas de finos capiteles. Si el claustro bajo se levantó por el impulso de Pedro Tenorio, un nuevo prelado, el poderoso Francisco Jiménez de Cisneros (1495-1517) sería decisivo para impulsar y acondicionar esta segunda planta. Este sobreclaustro comunica con el bajo a través de la mal llamada “escalera de Tenorio”, construida también por Cisneros como muestra su heráldica. Se ubica en el lado norte del claustro, adosada a la capilla de San Blas, y es, posiblemente, una de las primeras escaleras de “rincón” de claustro” aparecidas en Castilla.
Aquí, Cisneros levantaría “unos magníficos edificios” que, por un lado, servían de “hospedaje y palacio del arzobispo y de sus criados y familia y del portero y otros oficiales de la iglesia”. Por otro, en la galería este se construirían unos aposentos para la reina Isabel, siguiendo la costumbre de la monarquía hispana de edificar palacios conventuales en algunos centros religiosos. En Toledo se les denominó “Casa de la reina” y se levantaron entre 1498 y 1499. Estas dependencias reales comprendían varias cámaras, una sala grande artesonada, un pequeño patio porticado, una capilla, y hasta una fuente. Estaban decoradas con yeserías -de las que queda algún resto- y con ricas pinturas y azulejos. Además, como dice Ortiz, “desde él se alcanza a ver y adorar el altar mayor y principal de la iglesia”.

De lo que nada dice este autor es de la que fue principal intención de Cisneros: acondicionar unas dependencias en el claustro alto destinadas al clero catedralicio, a fin de que pudieran hacer noche en ellas los seis beneficiados que tuvieran asignado turno de semana en la catedral. Se trataba de evitar que el traslado desde sus casas disuadiera a alguno de estos “semaneros” de acudir al templo y, por ende, de cumplir con sus obligaciones litúrgicas, tal vez porque a oídos del prelado llegó la noticia de que no todos los capitulares lo hacían en la forma debida. La medida generó el inmediato rechazo de los canónigos y demás personal catedralicio, que vieron en dicha construcción una posible vuelta a la vida en comunidad de la que llevaban siglos liberados y, con ella, una vulneración de los derechos capitulares. Los analistas de la figura de Cisneros indican que en modo alguno pretendió restaurar la vida en común y la comida en el refectorio como en el siglo XII, pero sí facilitar un mejor servicio litúrgico y asegurar la presencia en los oficios de los correspondientes semaneros56. De cualquier forma, las quejas y el choque de intereses estaban servidos.

Galerías del Claustro alto

La negativa de los capitulares a ocuparlo propició que las estancias dispuestas para celdas se destinaran a otros usos, preferentemente oficinas y almacenes para custodiar materiales, herramientas y objetos varios. También se utilizaron como vivienda habitual para algunos empleados y servidores del templo – claveros, sacristanes, pertigueros–, lo que llevó a Chueca Goitia a referirse a este espacio como una “ciudad claustral”. Es precisamente en estas galerías altas,conocidas como “las claverías”, donde Vicente Blasco Ibáñez situó su novela La Catedral (1903), que retrata con maestría este pequeño y cerrado universo catedralicio. A la construcción de las dependencias citadas se sumó la adición de un piso alto o sobreático, que se utilizó para fines similares y reproduciría la distribución de la planta inferior con la que se comunicaba a través de pequeñas escaleras interiores.

tenía la melancólica belleza de jardín monacal…

Todo ello incrementó el peso sobre las bóvedas inferiores y generó unos “síntomas ruinosos”, que exigieron tomar medidas correctoras ya en la segunda mitad del siglo XVI. Tal como consta en uno de los informes solicitados por el cabildo sobre el estado del claustro, fechado en 1566, “la intención de los primeros fundadores de la claustra no fue con orden que sobre ella se hiciese edificio alguno, como se ve en el orden de los estribos y en las tiranteces y gruesos de las formas y cruceros que hicieron”58. Tampoco las citadas humedades que se filtraban desde el subsuelo ni la calidad de la piedra, muy porosa, ayudaron a la estabilidad del claustro gótico, que soportaba más cargas de las que estaba preparado para asumir. Por ello el cabildo, oídos los informes encargados a distintos maestros, decidió acometer una reforma que llevarían a cabo Alonso de Covarrubias, maestro de obras de la catedral, con el apoyo de Nicolás de Vergara y Juan Bautista de Toledo. La intervención, entre otras medidas, se concretó en la colocación de unos contrafuertes de granito que fortalecieran los pilares existentes, en la colocación de un nuevo solado y en la eliminación de las tracerías caladas de los arcos.

Los dos claustros de la catedral de Toledo: dependencias y funciones (ss. XIV-XVI)

El claustro de la catedral nos muestra, como ningún otro de la ciudad, un jardín (hortus conclusus) de grandes proporciones y cuidado exquisito, jardín que en su esquema compositivo se repite en otros muchos claustros y patios monacales de la ciudad, 

Enrejado del claustro
Jardín visto desde el claustro alto
Jardín del claustro
Jardiin del claustro
Jardín del claustro

Curiosidades de las claverías (Claustro alto)

Para subir a la campana entonces, (me refiero a la década de los 60 del siglo pasado) se entraba por la calle Hombre de Palo y por la escalera de Tenorio se llegaba al claustro visitándose entonces la sala de los gigantones antiguos y algunas figuras del  monumento de semana santa, que se encontraba entre las altas casas de las claverías, precisamente en las del lado del mediodía.

Vista de la torre desde el Claustro alto

Viviendas que se encuentran sobre las bóvedas colaterales del lado septentrional del templo, sin dejar de ver desde la torre el conjunto de sus cinco naves hasta los pies del mismo, en las que han vivido anteriormente los empleados de la propia catedral, conteniendo cantidad de historias y anécdotas que veremos más adelante.

Por tal motivo se podían ver los interiormente las excelentes vidrieras de la propia catedral en ese lado. Al fondo de la misma sala se encontraba la famosa “Tarasca”, un monstruo “espanta niños” que tiene que ver con el mal. Lo explicaba entonces una señora, la cual desaparecía al llegar al fondo, para cuando te acercabas al monstruo, esta estiraba su larga cabeza, llevándote un susto de muerte. Aún se exhibe este monstruo por las calles de Toledo antes de la procesión del Corpus Christi. Tengo entendido, que quizás algún día se pueda volver a visitar dicha sala y sus gigantes.

Tarasca

Muchos eventos e historias han tenido que ocurrir, apartes de los contados hasta ahora,  entre las gentes que han vivido en las claverías y la torre. Esto nos recuerda como ejemplo a la novela  titulada “Ángel Guerra”, escrita en 1891 por insigne novelista  Dº. Benito Pérez Galdós, que tanto amaba a Toledo. Sobre todo por los paseos de este escritor y su sobrino, por estos claustros y sus recovecos, junto a su amigo Miguel “el zapatero”, campanero de la catedral que los enseñaba los distintos toques de las diferentes campanas, sobre todo los de “la gorda”, dejando impresionado al escritor y este mismo trataba de  imitarlos con otros utensilios caseros.

También entre los vericuetos de la subida a la torre, desde una abertura se observan hacia el claustro otras ventanas y entre ellas un pequeño ventanillo, que es donde moró el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, que escribió aquí durante su estancia en las claverías altas su obra “La Catedral”, publicada por primera vez en 1897, cuyo interesante tema versaba sobre las cuestiones costumbristas  de la misma y sus entrañables personajes, entre ellos el zapatero, que junto con el “Tato” daban rienda suelta a su imaginación cuando interpretaban las diferentes figuras talladas en el trascoro del templo, dejando además de manifiesto el extraordinario archivo de música con que consta la catedral primada.

Ventanas del claustro

Si sus paredes hablaran, nos contarían  cantidad de historias y anécdotas acontecidas entre sus paredes y bajo sus grandiosas  campanas, regidas todas por la de  San Eugenio o “Campana Gorda”, que se encuentra en su centro, ocurridas a los obreros de la torre y a los campaneros, con respecto a los rayos y tormentas, a los toques y movimientos de sus badajos.

No obstante, modernamente en esta estancia que sepamos  aparte de otros eventos, en el año 1954, fueron testigos sus campanas de la primera reunión de la Agrupación Española de Amigos de las Campanas, cuyo presidente era ni más ni menos que el médico y escritor, amante de Toledo Dº. Gregorio Marañón. Este maestro de ceremonias toledanas, atrajo a la ciudad a cantidad de mentes privilegiadas de todo el mundo, siendo un orgullo para él enseñar este tesoro, que ahora es Patrimonio de la Humanidad.

Más tarde, en 1969, en este mismo lugar también se  filmó una secuencia importante de la película “Tristana”, versión adaptada sobre la obra antes tratada, del cineasta surrealista Luis Buñuel,  con una de las escenas donde la protagonista, tuvo una premonición bajo la campana gorda, imaginando lo que la va a ocurrir en el futuro con su protector.

Tristana

En fin, que nos encontramos en una atalaya incomparable con respecto a la historia de la ciudad. Las dos fotografías que aquí presento son de los periódicos de aquellos años, donde podemos observar a Marañón en el despacho de su cigarral “Dolores” o «de Menores», al exterior de la ciudad y a Buñuel fotografiado en el palacio de Dº Suero Téllez, cigarral en el interior de la ciudad, que pertenecía al arquitecto Dº Fernando Chueca.

Web de referencia

Catedral de Toledo – Wikipedia, la enciclopedia libre

Curiosidades de las claverías (Claustro alto) | (toledo-escondido.com)

Algunos hechos contemporáneos entre las claverías (claustro) y la torre de la catedral

www.flickr.com/photos/

Maravillas ocultas de España: La Catedral de Toledo.El claustro ,la sacristía y sus alrededores.Segunda parte (maravillasdeespana.blogspot.com)

Tres Culturas: El Jardín del Claustro de la Catedral de Toledo en el Siglo XVI (I) (ciudaddelastresculturastoledo.blogspot.com)

Vicente Blasco Ibáñez – Wikipedia, la enciclopedia libre