Introducción
Esto de rezar, de los turnos de vela y oración ante el Monumento no es tan solo cosas de chicas, aunque por lo que sabemos y ya he comentado en ¿Qué le pasa a Ana?, ésta tras ese improvisado lavatorio de los pies, apenas se queda cinco o diez minutos en la iglesia junto con el resto del grupo.
Ana se escapa a hurtadillas porque ha escogido el turno de las 5:30 de la madrugada, sin que después nadie vaya a darle el relevo, por lo cual, salvo por el momento en que la despiertan para que acuda, puede decirse que en toda la noche no trata con nadie a a aquellos con quienes coincide los trata con una cierta frialdad.
Lo cierto es que por mis experiencias personales, lo cual no está plasmado en la novela, esto de los turnos de vela suele estar un poco más organizado, estos turnos de vela se mantienen hasta la tarde, hasta los Oficios del Viernes Santo. sin embargo, para la novela me pareció importante destacar este vacío, esta necesidad de Ana de quedarse sola, sin que nadie la incomode, en particular Manuel.
¿Acaso Manuel no reza?
Si os fijais en la versión de Manuel, en la que reitero es la novela original, ese intento por mi parte de centrarme un poco más en lo psicológico y romántico de los personajes, eso de que éste se quede a rezar, su turno de vela, pasa un poco por alto.
La idea que se plasma en la novela, y lo que hasta cierto punto es como admitir cuáles son mis costumbres al respecto, el turno de Manuel es el primero, de manera que después su descanso no se vea interrumpido. Es por comodidad, por no molestar a los demás ante la falta de sigilo y en cierto modo a las propias debilidades e inseguridades humanas.

Ana demuestra valentía, seguridad en sí misma, no tiene reparo en andar sola por el pueblo y más teniendo en cuenta que el alojamiento de las chicas se encuentra alejado de la iglesia. Sin embargo, en lo referente a Manuel hemos de recordar que el alojamiento se encuentra relativamente cerca.

¿Dónde está ese chico valiente que rescate a Ana?
¿Qué ha sido de ese chico que en febrero se quedó a hacerle compañía mientras Ana esperaba a que las amigas pasaran a por ella y que después tuvo que ser él quien la acompañase hasta el restaurante después de que Ana le insistiera?
Ese chico que aguantó que Ana tuviera la ocasión de tener ese arranque de sinceridad y decirle todo eso que quizá tan solo por los nervios encontró el coraje de decirle o porque nos podemos creer que detrás de aquellas palabras había una intención oculta
Su marcha me sorprendió bastante, después de lo centrada que había estado durante la mañana.
Manuel. Silencio en tus labios, 18 de abril, 2003
Manuel comenta de esta noche de vigilia es que se siente un tanto defraudado por Ana. Quien, hasta cierto punto, parece haberse convertido en su referente, en la chica a quien se supone él pretende impresionar para mejorar ese mal concepto que Ana se ha creado de él, con más o menos motivos.
Lo único que parece ver Manuel es que la chica a quien han puesto como responsable y coordinadora de la convivencia parece tener un momento de debilidad, de lo que él parece ser el único que se ha dado cuenta; él único que ha visto cómo ésta se marchaba con ese sigilo y discreción.
Entendemos que Manuel puede tener motivos para sentirse responsable, para pensar que en el fondo Ana está huyendo de él, le está evitando y más aún después de lo sucedido durante el lavatorio de los pies, en los que de algún modo ella se ha llegado a sentir un tanto agredida por sus fallidos intentos de reconciliación, por ese frustrado abuso de confianza.

La oración de Manuel
En este momento de la novela se omite el sentido y el fondo de la oración de Manuel, pero es evidente que tampoco hay mucho más que decir sobre cómo se siente.
Vencido y derrotado por las circunstancias se limita a cumplir con el tiempo de vigilia al que se ha comprometido y se marcha. Tal vez se haya fijado en cuál es el turno de Ana, pero prefiere que ésta tenga su espacio, su tranquilidad, que los momentos de oración de Ana sean mucho más placenteros que los suyos.
Tampoco es que Manuel se lamente por encontrarse allí, pero quizá lo único que descubra en todo esto es que sus expectativas menos favorables parecen cumplirse, de nuevo sus meteduras de pata se convierten en un motivo de molestar.
Despertar
Por la mañana el despertador sonó a las nueve para quienes a esas horas estuviéramos todavía metidos en el saco. El panorama que encontré entre los chicos fue que ninguno había sido capaz de pasar toda la noche en vela
Manuel. Silencio en tus labios, 18 de abril, 2003
Manuel se despierta y encuentra con que todos los chicos duermen, tanto los débiles como los fuertes, aludiendo al hecho de que quizá alguno se hubiera hecho e propósito de pasar toda la noche en vela, pero ninguno de ellos ha aguantado.
Para esta historia, para la novela, es el reflejo y la necesidad de Ana de quedarse sola y hasta cierto punto del propio remordimiento de Manuel porque tiene la sensación de que él ha sido el primero que ha fallado y casi de trasfondo se pegunta qué habrá sido de las chicas de ese compromiso de que siempre haya alguien ante del monumento.
Ana:
A las cinco de la madrugada me despertó una de mis amigas
Ana. Silencio en tus labios, 18 de
Recordar que Ana se despertó a las cinco de la mañana, que cuando ella salió del alojamiento de las chicas en dirección a la iglesia se encontró que todo el mundo dormía que no había nadie por la calle, que aquellos que a esa hora se encontraban en la iglesia se dejaran vencer por el sueño y se fueran al saco.

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