cabecera de "Silencio en tus labios" Ana

Que hable el corazón

Introducción

Tras el despertar, llega el momento del desayuno, de empezar a tomar consciencia de todo lo que sucederá a lo largo del día y de darse de bruces con la realidad, porque sabemos que Ana se ha despertado ilusionada, de este día no pasa que se sincere con Manuel, pero claro, tiene que haber una cierta correspondencia y expectativa positiva por parte de éste.

Ana llama a gritos a su caballero andantes, necesita a ese chico que llevado por ese impulso del corazón no se frene ante nada, que no haya impedimento ni obstáculo que haga brotar de debajo de las piedras, del corazón más frío, la pasión más ardiente.

Estamos en Pascua y durante la convivencia de la Pascua no se viene a hacer el tonto, pero es que Ana está enamorada y necesita sentirse correspondida, especial, por parte de aquel se ha convertido en el residente de su corazón y de sus pensamientos.

Desayuno

Comedor durante la convivencia, visto desde la puerta// Diseño 3D propio

Para desayunar Manuel no parece tener duda de dónde se sentará Ana en esta ocasión, la silla del rincón ya tiene la forma de su trasero, no hace falta que nadie ponga un cartel para indicar que ese sitio está reservado. Esa, la silla del rincón, es la única que tiene dueña, que ya parece muy puntería y suerte que nadie se le adelante ni rivalice por ésta.

En esta ocasión, por lo que Ana da a entender, parece que no le hubiera importado demasiado que por una vez Manuel hubiera sacado a valentía, el coraje o la osadía de otras ocasiones e intentado compartir mesa con ella, hasta el punto de atreverse a sentarse a su lado. Sin embargo, demuestra una completa falta de interés. Más bien, resignación ante lo inevitable

Para el desayuno me senté en la silla del rincón y en aquella ocasión con un poco más de descaro y mejor humor, no me pude reprimir porque de todas maneras ya presentía esa mirada de recriminación e impotencia de Manuel, ya que de mi actitud casi se interpretaba una invitación para que él se sentara en la misma mesa, pero ni siquiera hizo intención. 

Ana. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

¡Este chico es que no se entera!

No se daba cuenta de que mi corazón ardía de pasión, pero su actitud era como un jarro de agua fría que hubiera apagado cualquier incendio descontrolado.

Ana. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

Nos vamos al campo

Tras el desayuno, acompañados por el sacerdote, emprenden la caminata hacia las afueras del pueblo, en busca de un lugar alejado y apartado del mundanal ruido, lo bastante lejos como para que alguno se sienta cansado tan solo con pensarlo, pero también animado y dispuesto a no dejar que la flojera del sábado les frene en el último momento.

Ermita.

En la novela no se dan demasiados detalles sobre el lugar al que van, tan solo se hace mención a la distancia y que salen al campo, en parte porque cuando escribí los primeros borradores de la novela tampoco me pareció que el sitio como tal fuera relevante, hasta que me dio por escribir la versión de Ana. aun así, el sitio sigue sin especificarse demasiado.

Mientras van de camino a ese rincón, Ana se refugia en la conversación con sus amigas, muestra una aparente frialdad e indiferencia con Manuel, quien da a entender le sigue de cerca como un sumiso corderito.

Ana con gesto alegre (Imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

El valiente caballero andantes que debía conquistar el corazón de esta dulce damisela, se limita a dejarse llevar y seguir al grupo.

Dispersión

Cuando llegan al campo, después de lo que entendemos son unas pequeñas aclaraciones por parte del sacerdote, todo el grupo se dispersa por la zona cada uno se va en busca de un rincón donde se supone que han de quedarse a solas, que es largo, larguísimo momento de reflexión personal e individual de uno consigo mismo.

Es momento de vaciarse por dentro, para dejar sitio a ese cambio del corazón que se espere llegue con la Vigilia. Es, en cierto modo, un momento para refugiarse cada uno en su propia vivencia del Sepulcro. Son momentos de soledad y desierto, para que uno de dedique a la oración, a la lectura o a mirarse el ombligo, según lo considere oportuno.

El único que admite compañía es el sacerdote, que se muestra dispuesto a dar conversación a todo aquel que necesite confesión o dirección espiritual, incluso un momento para acallar esa voz y ese silencio interior que le pudiera estar atormentando.

Manuel, incapaz de quedarse tranquilo y sentado a la sombra de un árbol, como si el paseo no le hubiera resultado ya lo bastante largo o le asustara el hecho de verse solo, sin que nadie le preste atención, se dedica a dar vueltas de aquí para allá, sin molestar a nadie, ni pretender incomodar, pero se siente incapaz de aislarse en su propio mundo interior

Ana, por su parte, en un primer momento se esconde, busca esa tranquilidad, espera a que el grupo se disperse, la situación se calme y tener así la oportunidad de pasar desapercibida en sus movimientos, hasta que encuentra su turno y momento para hablar con el sacerdote.

Temas a tratar con el sacerdote:

  • Terminar de perfilar la charla de esa tarde
  • Sus dilemas personal y sentimentales en cuanto a Manuel
  • Organización de «el camino de Emaús» para cuando hayan de regresar al pueblo.
  • Quizá sobre el tema de esa conversación que aún tiene pendiente con Carlos

Casi se da a entender que de los dieciocho que son en el grupo, aparte del sacerdote, Ana es la única que esa mañana se sintió exenta de ese «desierto» y que cualquier otro que hubiera necesitado de ese respaldo espiritual se quedó con las ganas porque la mañana se quedaba corta para todo lo que Ana tenía que hablar

El diario

De todas maneras, la conversación con el sacerdote tampoco se eterniza, dado que Ana aún tiene tiempo de escribir en su cuaderno, en el diario, para plasmar en éste sus reflexiones, pensamientos y expectativas para aquella tarde.

Queda claro que ésta es la tarde, sí o sí, está dispuesta a sincerarse con Manuel y darle una nueva oportunidad al amor en su vida.

Aun así, se teme que su plan pueda tener algún fallo, dado que no es algo que Manuel se espere y sobre lo que Ana tiene claro que éste no tomara ninguna iniciativa, pero es que ella no puede marcharse de la Pascua, a su casa, sin que se haya aclarado esa cuestión.

O es esa tarde o mejor olvidarse del tema para siempre, dado que o Manuel la toma en serio o será ella quien se tome a broma esas supuestas insinuaciones románticas que no parecen llevar a ninguna parte, si no hay una implicación directa y efectiva por parte de ambos

Origen