El final del camino, ¿el final del amor?

Introducción

El pueblo es el final del camino de Emaús, tanto para nuestra pareja de protagonistas como para el resto del grupo. Atardece y es hora de pensar en asearse y en cenar, en prepararse para la Vigilia.

Cuando entramos en el pueblo, no le pregunté si me acompañaba hasta el final del paseo o se iba al alojamiento de los chicos por otro lado, para no seguir conmigo, porque temiera que su actitud se entendiera como un acoso o que me hubiera hartado de su compañía. Mi silencio fue premeditado e intencionado, una sutil manera de conseguir que me siguiera como un corderito.

Ana. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

En principio, no hay como tal y un lugar determinado para considerar que el paseo se ha terminado, porque lo que Ana a entender que se trata de la plaza, frente la iglesia, pero quienes les preceden se dirigen hacia el alojamiento de las chicas, porque se supone que llegan cansados y con ganas de darse una ducha después de haber pasado el día en el campo.

De hecho, con la llegada de Manuel y Ana al pueblo nos enteramos que el alojamiento de los chicos y de las chicas no se encuentran en la misma calle, que igual cualquiera de los dos se puede desviar para dirigirse a su alojamiento respectivo, sin necesidad de que hayan de ir juntos hasta la puerta.

Es cierto modo, esta llegada nos retrotrae a cómo fue la llegada de Manuel al pueblo el miércoles, ya que los dos coches procedentes de Toledo fueron directos al alojamiento de las chicas, porque se suponía que ese era el punto de encuentro, donde se les esperaba.

Son los dos primeros chicos quienes, de algún modo, marcan la ruta, aunque, en realidad, Manuel y Ana siguen los pasos de quienes iniciaron el camino de Emaús siendo sus respectivos acompañantes, quienes al ser novios, el chico tiene el detalle de acompañar a la chica hasta la puerta de su alojamiento. La decisión tomada por esos dos chicos tampoco les afecta demasiado.

Calle del alojamiento de las chicas// Copilot designer

Un corderito acobardado

Manuel deja que sea Ana quien decida a dónde van, cuándo ella se desentenderá de él y éste se podrá sentir liberado de esta atadura, de esta tesitura, dado que, en el fondo, con su actitud, da a entender que lo dicho, que sus últimas palabras, aquel mandar a Ana «a paseo», no eran tan firmes ni sinceras como sonaron. Que en realidad él quería disfrutar de ese paseo con ella y aunque silencioso, ha sido un paseo que no espera que se acabe.

Aun en su interior, aunque sin mucha confianza ni optimismo, parece seguir buscando las palabras, la manera de disculparse y que su torpeza no termine por estropear todo eso que aún queda de la Pascua, como es la Vigilia, donde la felicidad y alegría de los demás, contrastará con la seriedad y sequedad de sus caras, con el dolor y la frustración de sus corazones.

Manuel (Imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Parece temer la reacción de Ana, volver a decir algo que la vuelva a molestar, que su enfado y malestar con él se acentúen por el hecho de que, después de haber estado casi un hora de paseo, este tampoco ha encontrado la valentía de disculparse. Lo que a Manuel le lleva a presuponer que esa frustración ha ido en aumento.

Es decir, que, además de haberla dejado en ridículo delante de todos sus amigos, involucrado en sus historias, aún a pesar de que ésta en su momento ya le había recomendado que la mantuviera al margen, ahora ni siquiera tiene la decencia de pedir perdón y reconocer que se ha equivocado, que se precipitó. Incluso de inventarse cualquier excusa tonta para hacer menos dolosa su culpa.

Es más, después de su primera torpeza y de su silencio durante el camino, el hecho de que una vez que se encuentran ante el alojamiento de las chicas, en mitad de la calle y a la vista de todo el mundo, no parece que sea el mejor lugar ni momento para pretender decirle nada. ¡Le asesina allí mismo y no será pecado!

¡Este chico es tonto de remate!

Ana con cara triste (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

En realidad, puede decirse que Ana es quien le retiene con la mirada, que no quiere que se aleje, que se marche, porque entiende que aún se han de dar esa oportunidad, que lo sucedido es irrelevante frente a todas las ilusiones que se han creado. Es Ana quien ahora no acepta que todo se acabe así, sin más

Seguíamos el mismo camino que las parejas que nos habían precedido que, por lo ameno de su conversación, necesitaban que el final del Emaús estuviera tres pueblos más allá, porque la conversación se les había quedado a medias y aún tenían mucho que compartir y decirse, impresión muy distinta a los momentos previos a la salida.

Digamos que mi indiferencia y frialdad hacia Manuel fueron con premeditación y alevosía, más cuando éste se mantenía igual de frío que durante el camino. Esperaba que los otros chicos emprendieran el camino hacia la casa para marcharse y quitarse de mi vista.

Ana. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

Manuel se vuelve a quedar solo

Fue la llegada de la pareja que nos seguía lo que propició que nos moviéramos, dado que venía compuesta por otras dos chicas. Nuestra superioridad numérica, tres contra cinco, resultaba amenazadora. Estas últimas venían con prisa de entrar en la casa para ducharse, temían que la petición de turno en la ducha alargaría la espera. De hecho, creían y suponían que dicho turno se habría establecido e iniciado según orden de llegada, pero aún nos encontrábamos en la calle y ninguna de las chicas se había preocupado por saber quién traía las llaves.

Ana. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

Ana llevaba las llaves, de modo que las chicas no esperaron más y las de aquellas parejas no lo hicieron. Sin embargo, Ana se mostró dubitativa, indecisa, y cuando vio que los otros chicos se alejaban y que yo no reaccionaba. se acercó a mí con paso decidido y gesto bastante serio.

Me dio la impresión de que me cantaría las cuarenta antes de buscar refugio en la casa para llorar su dolor y lamentar toda ocasión en que se hubiera encontrado conmigo en algún momento de su vida.

Mi primer impulso fue que mis pies se movieran, la expresión de su cara no parecía muy amigable. Sin embargo, me quedé paralizado por el factor sorpresa, confié en que no acabaríamos tan mal como parecía, si es que algo se solucionaba antes de que fuera tarde.

Manuel. Silencio en tus labios. Sábado, 19 de abril, 2003

Recuerda:

A la Pascua no se viene a hacer el tonto

Origen