Ahora es luego

Introducción

Los que están en la plaza, una vez que han salido todos de la iglesia, se encaminan hacia la casa que utilizan de comedor para tener una pequeña celebración de la Resurrección de una manera un poco más festiva y lúdica. Es su última noche y a pesar del cansancio acumulado de los días previos todos tienes ganas de fiesta, aunque no vayan a armar demasiado ruido ni a trasnochar en exceso porque siguen de Pascua y por la mañana habrán de madrugar.

Son quince y el sacerdote que van a reunirse con las tres chicas que se les han adelantado para preparar el chocolate caliente. Aunque es de destacar que la intriga de algunos, sobre todo Manuel, es si se reunirá con Ana y si ya por fin tendrán tiempo para hablar. Sin embargo, sus expectativas no soy muy alentadoras vistos los precedentes y sus temores a que los demás no lo sepan entender de la misma manera.

Ha escuchado comentarios referentes a que en realidad Ana le rehuye, por todo lo sucedido a lo largo de la tarde, porque los demás han visto, pero no han oído, porque los demás se temen que Manuel se muestre demasiado impulsivo. atrevido, cuando hasta ahora Ana le ha mantenido a distancia.

¿A quién hacer caso? A su corazón que entiende que ya no hay impedimentos para acercamiento y complicidad con Ana ¿O a la razón, que le recuerda todas sus torpezas y le hace temer una cierta actitud protectora por parte de los demás?

A tus brazos

El grupo se presentó en el comedor una media hora después y sin que nadie se hubiera quedado por el camino. Me hubiera desilusionado, si Manuel no se encontraba entre ellos y me faltó tiempo para correr a su encuentro, esperando que en medio de la confusión por las felicitaciones de la Pascua los dos segundos de margen fueran dos minutos.

Ana. Silencio en tus labios. Domingo, 20 de abril, 2003

Cuando para cenar Ana fue la última en acudir al comedor, Manuel la recibió con cierta indiferencia, aunque debido a cómo se había organizado aquella última cena, Ana estuviera segura de que a los demás les habían recibido con la mayor de las sonrisas y todo el entusiasmo del momento. Manuel no se quiso poner en evidencia, ni siquiera por seguir el ejemplo de los demás y aunque por encima de cualquier otra consideración se tratase de su compañera del Emaús.

Sin embargo, para esta velada, basta con que Manuel se asome por la puerta para que Ana deje todo lo que está haciendo en esos momentos y acude a recibirle, pretende que se a él al primero a quien felicite la Pascua, la Resurrección, sin que le frene el hecho de que los demás les observen o se sorprenda por esa reacción. Se trata de Manuel.

Manuel (Imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Ana, como Manuel es consciente de que los demás no comprenderán este comportamiento, pero, sobre todo, el hecho de que al ser ella la dirigente de la Pascua y de su grupo, los demás también querrán felicitarle la Pascua y se contrarían un poco al ver que es Manuel quien acapara toda su atención. Ana se merece todo el aprecio de los demás, su gratitud, no van a entender que ésta tenga sus preferencias en esos momentos.

Sin mediar palabra, sin perder tiempo en repetir por cuarta vez eso de «Te quiero, tonto. Luego hablamos» y sin cohibirse por al presencia de los demás ni por la reacción de Manuel ante tanta explosión de afecto, de cariño, le da planta un beso de cada mejilla. Un beso cauto de felicitación por la Pascua, pero también un beso de quien ya no se puede reprimir y necesita reafirmarse.

¡Qué sí, han sido dos besos!

Dos besos, uno en cada mejilla. Si Manuel hubiera tenido más mejillas, no le habrían faltado besos por recibir. Besos de Ana, de la misma Ana que en los días previos se ha mostrado esquiva y fría con él; de la misma Ana que en sus encuentros previos al considerado el último de posibles pretendientes para acaparar y recibir sus besos. Esta vez, los dos primeros son para él, todos enteros y sin que haya de esforzarse por merecerlos.

Ana (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Manuel, que se ve un poco sorprendido por este recibimiento con afectuoso en un primer momento no sabe cómo reaccionar, cómo corresponder, dado que en esta ocasión Ana no le rehuye ni se aleja. Se queda ahí a la espera de alguna reacción por su parte dado que los «te quiero» se le agotan, si no hay una respuesta firme y clara por su parte.

Como estábamos allí, en la celebración de la Pascua, con los del grupo, y no para romanticismos, le contesté de manera que me entendiera y no resultase demasiado llamativo. Le di otros dos besos, uno de disculpa, si le había fastidiado un poco la Pascua y el otro de gratitud porque, a pesar de todo, quería que ese fuera el inicio de nuestra relación, aunque sus motivos para obrar así se debían a que quería evitar malentendidos, en vista de que yo no me lo estaba planteando totalmente en serio.

Manuel. Silencio en tus labios. Domingo, 20 de abril, 2003

Aquí Manuel ya va lanzado, consciente de que acaparar la atención de Ana en una noche como esa iba a resultarle, más bien, imposible, porque los demás también esperan su turno y ocasión para felicitarle la Pascua, aunque no esperen recibir por parte de está el mismo cariño ni entusiasmos.

¿Cuántos besos de mejilla se le pueden dar a una chica?

Los demás también le han contado las mejillas a Ana y ésta tan solo tiene dos. ¡Tan solo dos! ¿Está claro? Derecha e izquierda.

El resto de las mejillas por besar, el resto de las sonrisas por repartir, de felicitaciones, el resto de todo le pertenece a los demás.

Se entiende que Manuel ya ha felicitado la Pascua a los demás mientras estaban en la plaza, mientras unos y otros se interrogaban por el paradero de Ana y demostraban su inquietud por su modo de actuar, por lo cual a Manuel ya no le debe de quedar por repartir, ni los demás lo esperan. Sin embargo, Ana se lo ha reservado para cuando acudieran al comedor.

De manera que sin excesivos miramientos, sin querer atender a los reclamos del corazón, de este momento de romanticismo, los demás tardan poco en separarles, en llevarse a Ana del lado de Manuel, sin que tengan tiempo de decirse nada, aunque casi pueda parecer que ya se lo han dicho todo y que ahora lo que importa es el grupo y no su individual relación de pareja.

Ana se deja «secuestrar» sin oponer resistencia. Ahora ya sabe y entiende que sus sentimientos son correspondidos, que Manuel ha sabido interpretar lo sucedido y que todo está bien entre ellos, que, a diferencia de lo sucedido durante la cena o la Vigilia, Manuel estará pendiente de ella y acudirá a su lado sin temor en cuanto surja la primera ocasión. Ahora se han despejado todas las dudas.

Tienen una conversación pendiente para dar un poco más de sentido y de esencia a esos «te quiero», que sin embargo, no pueden apartarlos del trato con los demás, de hecho de que el algo que empieza a florecer y de lo que todos se habrán de mentalizar, pero no «luego», sino a partir de ahora.

Origen