Introducción
La conversación de Ana y Carlos, esa que es con nocturnidad, discreción y reafirmación de su ruptura, no se alarga demasiado. Sin embargo, ninguno de los dos se siente con ganas de regresar a la fiesta, a tomar chocolate y escuchar la música de las guitarras, a compartir la felicidad por la Resurrección, de manera que cada uno por su lado y por su cuenta se va a dormir.

No me sentía con ánimos para dar explicaciones a nadie y confiaba en que Manuel lo entendería cuando encontrase el momento de hablarlo con él. Ya le había dado pruebas de mi cariño y pensé que, si las suyas eran tan sinceras como las había sentido, no pasaría nada, si esperábamos hasta la mañana siguiente para continuar con nuestras demostraciones de complicidad.
No volví a saber de Ana durante el resto de la velada, aunque sí de Carlos que había venido con intención de quedarse y terminar la Pascua con nosotros; como era lógico, le encontramos instalado y dormido en la casa donde nos alojábamos los chicos.
Manuel. Silencio en tus labios, Domingo, 20 de abril, 2003 (6)
¿La caballerosidad de la última noche?

En la versión de Manuel tampoco se dice nada de lo tarde que se dio por concluida la fiesta, aunque es comprensible pensar que tampoco debieron trasnochar demasiado. Sin embargo, se deduce que más de lo que duró esa conversación, de tal manera que, en cierto sentido, no fue Manuel el único que se sintió un poco abandonado esa noche.
En realidad, tampoco se dice nada de si los chicos acompañaron a las chicas hasta su alojamiento o éstas prefirieron marcharse por su cuenta para no entretener más a los chicos ni robarles minutos de sueño y descanso, conscientes de que era su última noche de convivencia, en el pueblo.
He de confesar que, cuando escribí la novela, no fue un detalle al que le diera demasiada importancia, ya que para la novela, para la historia, entiendo que tenía más relevancia la conversación y el hecho de dejar claro que Manuel se siente un poco confundido, resignado, ante la evidencia de que Ana se ha desentendido de él por prestarle más atención a Carlos, por seguir con su vida y olvidarse de que ahora ha surgido un vínculo entre ellos dos.
Planteado con cierta retrospectiva, en caso de que quisiera añadirlo, tampoco es complicado imaginarse la situación, en el supuesto de que los chicos acompañasen a las chicas y sin que ese añadido altere en nada lo ya escrito.

Se puede interpretar que Manuel va con todos los demás, que:
- Sale de la casa que les sirve de comedor y se siente un poco confundido al no ver a Ana ni a Carlos por ninguna parte.
- Al llegar frente al alojamiento de las chicas rememora el momento en que Ana le dijo eso de «Te quiero, tonto. Luego hablamos»
- Allí, parado delante de la puerta, quizá intuya que Ana ya se encuentra acostada o punto de meterse en el saco.
En la versión de Ana no se da ningún detalle en ese sentido, más allá del hecho de que tiene un último pensamiento por Manuel, un pequeño remordimiento por haberle dejado solo y no haberle dado las buenas noches. Sin embargo, prefiere mostrarse confiada en que su pequeña torpeza no tendrá graves consecuencias, que el amor todo lo perdona.
Su primera y última noche
Es su primera noche como novios, como pareja, pero también la última que pasan en el pueblo, la primera noche en la que ambos hubieran tenido la oportunidad de tener una despedida un poco más cariñosa, no tan fría ni comedida como las anteriores, sin nada que envidiar a las parejas ya formadas entre sus amigos, aunque con la prudencia de entender que hubiera sido su primera vez.
Hubiera sido un paseo por las calles del pueblo, a la luz de la luna, dejando que los demás se den cuenta de que no es ningún espejismo el hecho de que están juntos, que ninguno esconde sus sentimientos por el otro, que quizá se toman de la mano sin ninguna discreción y ese «Buenas noches y felices sueños» tiene un sentido distinto.
Pero como está escrito, Ana se fue a dormir sin esperar a nadie y Manuel no tiene ocasión de poner en práctica ese romanticismo de primerizos.
La incertidumbre
De hecho, para la novela, para el desarrollo de la historia, me pareció mejor escribirlo así, que quedase todo en el aire, en la incertidumbre, teniendo en cuenta que hasta ahora Ana tan solo se ha sincerado con Carlos en ese sentido, aunque lo sucedido durante el reparto del chocolate pueda ser motivo para que los amigos se percaten del cambio.
Ahora es Ana quien busca la complicidad de Manuel, pero también ha sido quien se ha desentendido de éste en cuanto Carlos ha llegado.
Lo que pretendo crear es justo eso, esa sensación de incertidumbre por parte de todos, de lo que todos parecen dar por cierto, pero ninguno se atreve a confirmar del todo.
- Manuel se ha quedado en la fiesta compuesto y sin novia
- Ana dejó la fiesta sin dar ninguna explicación
- Los demás han visto lo que creen haber visto, pero también es cierto que Ana ha sido bastante discreta en sus confidencias con las amigas y el trato con Manuel
- Carlos ahora conoce el secreto de Ana, pero tampoco les ha visto juntos y ya que se supone que conoce a Manuel, quizá tenga dudas de la firmeza de esa relación.

Todo queda pendiente de lo que ocurra por la mañana
- Que Manuel se dé cuenta de que Ana ha ido en serio con su declaración de amor
- Que Ana se encuentre con que Manuel aún confía en ella y no ha reaccionado mal ante este desplante.
- Que las chicas se terminen de creer eso de que Ana se ha decidido por fin a darle una oportunidad a este chico que le han traído de Toledo
- Que los chicos se den cuenta que ahora Ana observa a Manuel con una mirada diferente.
- Que nadie se piense que la conversación de esta noche es porque Carlos y Ana se hayan planteado retomar su relación.

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