Introducción
Aunque sea meterse en correspondencia ajena en la novela, somos cómplices de este primer intercambio de cartas entre Ana y Manuel, de cómo progresa este romance y se mantiene a pesar de la distancias y de las dificultades que esta situación les puede generar.
El diario de Ana
En este pasaje de la novela ( Manuel. Silencio en tus labios) incluyo todo el diario de Ana, casi puede decirse que es el documento original e integro, lo que da mucho más fuerza a la escena y mayor valor. Este diario, junto con las alusiones al chat de citas, es lo que conforman las raíces y el fundamento de la versión de Ana.
Se puede observar de una manera un tanto más resumida cómo han evolucionado los sentimientos de Ana hacia Manuel a lo largo de la semana, aunque quizá se echa en falta que no haya mención a la complicidad e implicación de las amigas, pero se entiende que Ana es una chica bastante discreta.

Ana muestra su inquietud ante la presencia de Manuel en la convivencia, con alusiones a lo que fue su experiencia del encuentro en febrero, admitiendo que fue ella la instigadora para que se quedasen solos y pudieran hablar, sin que en esos momentos hubiera demasiado romanticismo en aquella conversación.
De igual modo Ana alude a los problemas que ha tenido Manuel en pascuas anteriores por su trato y relación con los demás, de lo cual ella teme verse también afectada y perjudicada. Más bien se siente fuerte y capaz de afrontar la situación, si ha de verse en esa tesitura, que no sea por sus temores que éste se quede sin vivir la Pascua.
Y así pasaje a pasaje, de manera personal y un tanto concentrada, este diario de Ana es una reflexión sobre la vivencia de estos días desde un punto de vista espiritual, personal y romántico, donde sobre todo Ana refleja cómo ha sido ese juego del perro y el gato con Manuel para hacerse la fría e incalcanzable.
También, por como está escrito el diario, en primera persona, es fácil intuir en qué momento del día se dedicó a su escritura, porque menciona acontecimientos que están por suceder y cuya resolución queda un poco pendiente de cómo se desarrolle
La respuesta de Manuel

También le conté cómo me había ido la Pascua. Reconocí que su actitud hacia mí me había llegado a confundir; que, en algún momento, había provocado que estuviera más pendiente de ella que de lo que allí se vivía; que tal vez lo único que habría cambiado de aquellos días fuese ese jugar al escondite conmigo cuando no había razón para ello. Todo hubiera sido más fácil, si en vez de evitarme, me hubiera dado la oportunidad de hablar con ella con la misma fraternidad que los demás. Tal vez no como lo habíamos hecho en febrero, pero sí con una actitud conciliadora.
Manuel. Silencio en tus labios, Domingo, 20 de abril, 2003 (10)
Éste se lamenta por ese juego, por no haber estado lo bastante centrado en la Pascua ni tampoco haber disfrutado como hubiera sido su deseo de la compañía de Ana.
En cierto modo, culpa a Ana de sus distracciones en vez de reconocer que andaba un tanto despistado. Sin embargo, sin quitarle responsabilidad sobre sus propios actos y comportamiento, hemos de recordar que Manuel acude un poco engañado por las amigas y sobre todo con la pretensión de vivir la Pascua desde una postura demasiado egoísta, de probarse a sí mismo, en vez de mostrarse confiado.

Me respetarás ¿Verdad? Porque, si has llegado hasta aquí y has leído esto es porque he encontrado el valor para dejarte que leas mis reflexiones.

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