cabecera de "Silencio en tus labios" Ana

¿Qué escribe?

Introducción

La relación de nuestra pareja de protagonistas, tras el incidente del desayuno o debido a la seriedad del momento, pierde parte de su alegría, se evidencia una pequeña falta de complicidad entre ellos, que no están en la misma sintonía, ya que la alegría y entusiasmo de primera hora de Ana se vuelve silencio.

Se estropeó lo que había comenzado como un día maravilloso y no es que Ana se enfadara conmigo, tan solo pretendió acentuar más el hecho de que estábamos allí de convivencia y oración, no de cachondeo y, en consecuencia, debía esmerarme, si quería ganar nuestra pequeña apuesta

Manuel

Ana con aspecto desenfadado // Copilot designer

Tampoco es que de pronto todo haya saltado por los aires y ello implique el final de su relación porque no se entiendan. No da la sensación de que la situación sea tan grave, pero se hace evidente que ambos están en fases distintas de esa madurez en su relación. Están juntos, pero internamente se ha creado un abismo entre ellos.

Meditaciones mañana y tarde

Están en la convivencia del novios y lo que menos parece destacar es ese romanticismo entre las parejas, que, si se tratase de un partido de fútbol, no se trata de saltar al campo de juego a darlo el todo por el todo para enfrentarse a las dificultades de la relación de pareja, una vez que sienten que les van ganando por goleada. Se trata, más bien, de ver el partido desde el banquillo, de armarse de paciencia.

La vida en pareja no es pasarse todo el día de fiesta ni con demostraciones de cariño más o menos controlado, no se trata de dejarse llevar por los impulsos del corazón y que pase lo que tenga que pasar. Se trata de ser capaces de estar el uno al lado del otro, incluso para aburrirse cuando parece que nada de aquello tiene sentido o el centro de atención se pone en otra parte.

Manuel (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

…lo relevante para mí era que él estuviera sentado a mi lado, unas veces más tranquilo que otras, reclamaba una complicidad que no le daba porque a mí me bastaba con que compartiéramos la oración, que los dos fuésemos capaces de aguantar aquel esfuerzo en silencio. 

Ana

El cuaderno de Manuel

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Durante la mañana y la tarde entre charla y charla del sacerdote que da las mediaciones hay tiempos de silencio, de oración personal, de reflexión, de intentar aguantar el mayor tiempo posible el hecho de estar sentados en el banco, aunque también hubiera la opción de aprovechar para ir al baño o salir al patio a tomar un poco de aire.

Como era su costumbre, y no se reprimió en aquella ocasión, durante los ratos de oración escribió algún que otro poema, plasmó sus oraciones en su cuaderno. Pero también hubo momentos en los que me dejó sola, en los que su aguante en el banco había llegado a un límite y necesitaba salir de la capilla.

Ana

Teniendo a Ana sentada a su lado y debido al silencio que se ha creado entre los dos, por no intentar buscar esa complicidad ni avivar ese cariño entre ellos, Manuel llenó esos silencios como era su costumbre, se siente inspirado y motivado a escribir, sin que le preocupe demasiado que Ana le observe.

Esta vez Ana no ha de esperar a que sean los demás quienes le hablen de las costumbres de Manuel, de esa manías suyas. ella quien sin necesita de alzar mucho la vista, sin moverse de donde está, tiene la ocasión de observar cómo esa página en blanco del cuaderno de pronto se llena de palabras, de versos de poesía.

Sí, es un poema, de esos que quienes le conocen comentan que escribe para él, de esos que llenan sus cuadernos y no comparte con nadie. Sin embargo, en esta ocasión, ella no tiene más que observarlo de reojo, aunque Manuel se muestre un tanto reservado. Se trata de su cuaderno, de ese que no deja que nadie le quite. De algo que es privado y secreto hasta que él considere que algo de lo que haya escrito merece ser leído y conocido por los demás.

La curiosidad

Dado que tanto uno como otro se levantan del banco según les parece, sin ponerse de acuerdo ni coincidir, salvo que sea todo el grupo quien abandone la capilla para comer, se da la circunstancias de que cuando uno de los dos se marcha, el otro se queda como guardián de las pertenencias de ambos.

Quizá sea uno de los detalles más evidentes de complicidad y confianza entre ellos, saber que no tienen motivos para preocuparse, que las pertenencias del otro se asumen como propias y se quedan a buen recaudo, aun cuando no se dan muchas explicaciones entre ellos sobre esas ausencias, ante el hecho de que parecen evitarse, no hacerse compañía.

En una de esa ocasiones, durante la mañana, en que Manuel se ausenta, su cuaderno se queda abierto, sobre el banco, parece que ha tenido un descuido involuntario. Sí, lo deja abierto y al alcance de cualquiera que pase por allí. Detalle que a Ana no se le pasa por alto.

La cuestión es que Ana no puede evitar ni reprimir la curiosidad por lo que hay escrito en el cuaderno, de tal manera que con la confianza, la excusa y el argumento, de que entre ellos dos no hay secretos, pero, sobre todo, que tiene ocasión de descubrir esa faceta más personal de Manuel, no se reprime a la hora de leer el poema escrito en esa página.

  • ¿Qué pensará Manuel, en caso de que la sorprenda?
  • ¿Tiene Ana que confesar esta pequeña osadía?
  • ¿Se dará cuenta Manuel de que alguien ha tocado su cuaderno?
  • ¿Este descuido es premeditado?
  • ¿Se atreverá Ana a mostrarse tan confiada con su cuaderno?

Origen