Introducción
Tarde del domingo 27 de julio de 2003

Después de la película, mientras ella se tomaba una tila y yo un granizado, me contó a grandes rasgos lo que le pasaba y me hizo ver que tenía sus razones para encontrarse tan alterada.

Para que hablásemos con calma, me invitó a tomar algo, se comprometió a ser él quien pagase en esa ocasión, aunque la diferencia entre el precio de las entradas de cine y las bebidas no fuese equilibrada,
¡Ni en los mejores cines!
El chico serio, pasivo y tranquilo conocido hasta ahora como ‘Manuel’, ese que se deja llevar por los acontecimientos, arrastrar por las decisiones y ocurrencias puntuales de Ana, una vez que salen de la sala de cine, decide tomar cartas en el asunto y preguntarle a Ana por lo que le pasa.
- La inesperada visita y charla con sus padres de aquella mañana
- Que hayan abandonado la convivencia de novios antes que los demás
- las vueltas sin rumbo que han dado por la ciudad para acabar en la gasolinera, porque el coche necesitaba que llenase el depósito
- Acudir al cine para ver una película y que Ana no se haya estado quieta más de cinco minutos
Para ser su primera cita, salida, como novios, lo cierto es que la velada resulta evidentemente mejorable en demasiados aspectos. él se ha quedado en la ciudad con intención de enmendar el desplante del mes de mayo, pero en vista de cómo se desarrollan los acontecimientos, parece más lógico pensar que su decisión de entonces no estuvo tan desacertada.
Manuel se siente parte y protagonista de la película de la que desconoce el guion, así como el desenlace. No sabe si se trata de un drama, una comedia romántica o de suspense, en la que si no hay que averiguar la identidad del asesino, al menos él no espera ser la víctima, porque lo cierto es que no entiende nada. El comportamiento de Ana resulta un tanto extraño, contradictorio
Una tila y un granizado
Para poder hablar se van a uno de los bares del centro comercial y esta vez es Manuel quien invita a quien no le importa echar mano de la cartera, como queriendo dar a entender que le importa y le preocupa lo que Ana le tenga que comentar, que tampoco ha de ser Ana quien asuma todos los gastos, mas cuando ni siquiera se ahorra los besos de cariño en a mejilla.

Ana se pide una tila para calmar los nervios y rebajar la tensión, para calmarse un poco porque entiende y ha de confesar que se encuentra con una difícil tesitura. A sus padres no les convence esa relación y están queriendo que le ponga punto y final. No les convence demasiado eso de que se trata de un chico de Toledo y para ser más específicos que sea en concreto Manuel.
Manuel prefiere tomarse un granizado, para demostrar que esta tranquilo, en actitud de escucha, aunque es consciente de que ha aceptado la hospitalidad de Ana y de sus padres para esa noche, sin que se le vaya a dar un gran recibimiento, más bien, casi mejor que se marche para su casa y no moleste.


Su madre le había dejado claro que yo no le había causado buena impresión y seguía apostando por Carlos. Aunque, si ella se ponía cabezota, al final me aceptaría a regañadientes por no discutir, en espera de que el tiempo le diera la razón, lo cual no dudaba porque sería difícil que se equivocara en su intuición maternal.

Su padre, por el contrario, aunque no le quitase la razón a la madre, parecía más dispuesto a creer en nuestra relación, pero desaprobaba que se lo tomase tan en serio desde el principio cuando aún nos estábamos conociendo. Es decir, le recomendaba moderación y más sentido común.
No le habla de lo importante

Evité las alusiones a mi hermana, porque me pareció que se trataba de una cuestión familiar que no le afectaba y debía guardarme y también eludí lo referente a mis problemas de salud porque, en contra de las impresiones de mis padres, tampoco me pareció un tema tan relevante en mi relación con Manuel.
Ana tiene secretos o cuestiones de las que prefiere no hablar porque le resultan comprometidas y comprometedoras.
Ya en alguna ocasión, en la versión de Ana se ha hecho alusión a la hermana de Marta, la menor de los tres hermanos y más adelante se sabrá que es como la hija pródiga y el principal quebradero de cabeza de los padres.
Los padres parecen tener que en este caso sea la hermana mayor quien siga el mal ejemplo de la hermana pequeña y se mezcle con las personas menos indicadas, porque ya sabemos Manuel no ha causado una primera buena impresión y los precedentes no mejoran esa desconfianza.

Para justificarle de algún modo la preocupación y sorpresa de mis padres ante nuestra relación, le insinué que éstos habían llegado a pensar que entre nosotros había ocurrido algo que los dos sabíamos que no había pasado, por falta de tiempo y sobre todo porque ninguno de los dos había perdido la cabeza hasta ese punto. Mi hermana sí había llegado a estar tan ciega por un chico.
Se temen que Ana sea capaz de cometer una locura y escaparse con Manuel, casi con la absoluta certeza de que éste no sabrá ni podrá hacerse cargo de la situación, que como se suele decir será peor el remedio que la enfermedad.
Hablando de «la enfermedad» tampoco alude al tema ni de la información al respecto. Es evidente que saber de más puede provocar que sea Manuel quien se marche para no volver, quien se asuste. Sin embargo, Ana no considera que sea una cuestión tan invalidante en ese sentido. Dentro de lo que cabe ella lleva una vida normal.

En cierto modo, el hecho de callarme ese tema fue por miedo a su reacción. Sabía y sentía que me tenía demasiado idealizada y que aquello sería como un jarro de agua fría. Era mejor que poco a poco se diera cuenta de mi realidad, de cómo era la chica de quien se había enamorado, como yo le empezaba a conocer a él y le descubría sus cualidades ocultas.
¿Y si no escapamos?

Como remate aquellas palabras, a modo de broma, le insinué la posibilidad de que nos escapásemos, que me llevara con él, porque me asustaba la idea de que fuéramos a mi casa, porque mis padres no nos apoyaban en aquella relación y estaba dispuesta a renunciar a todo por él.
Como ya sabemos, Ana ya ha tenido un primer impulso para fugarse con manuel a donde éste quiera llevarla, donde sea con tal de que nada ni nadie se interponga a su amor, aunque, de igual modo es consciente de que la situación resulta romántica y utópica, sabe que no puede asumir riesgos.
Lo único que espera y pretende dejar claro es que ella está dispuesta a luchar por su felicidad y que no se va a dejar vencer por la adversidad. En cierto modo en este pequeño chantaje emocional a sus padres es consciente de que lleva las de ganar, pero también necesita que Manuel la respalda y no ceda con demasiada facilidad a las presiones.
¿Estará Manuel dispuesto a renunciar a todo por ella?

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