cabecera de "Silencio en tus labios" Ana

Es para mosquearse

Introducción

Noche del domingo 27 de julio de 2003

Mi respuesta fue de complicidad, le pedí que no se olvidara de mí ni de lo mucho que le quería. Lo que quizás en aquellos momentos fuera importante que lo escuchara de mis labios porque nos enfrentaríamos a mis padres

Ana

Sabemos que les esperaban para cenar y que llegan tarde. Da igual de quien sea la culpa porque llevan toda la tarde por ahí, los dos solos, alejados de todo el mundo, queriendo pasar desapercibidos, disfrutar de sus últimos momentos de felicidad, de complicidad.

Los padres de Ana ya han dejado clara su postura ante esta relación y la verdad es que tener que estar pendientes del reloj y que esta pareja no dé señales de vida, no se les pueda localizar, no mejora en nada la situación. paciencia y comprensión han demostrado toda la que se podría esperar de unos padres responsables y preocupados, pero lo mínimo que esperan es una coherencia por parte de Ana y Manuel.

Falta de entendimiento con la niña

En mi caso no me había enamorado del chico perfecto, tan solo de uno que había demostrado que correspondía a mis sentimientos, porque confiaba en él. Si alguien tenía alguna razón para ser crítico con mis razonamientos era yo misma y, a pesar de ello, apostaba por nuestro futuro como pareja.

Ana

Los padres le han pagado unos estudios, le han dado una educación, un ejemplo de vida. Hasta hace nada, dos o tres años, se consideraban unos padres orgullosos porque se ha incorporado a la empresa familiar, a la gestoria, y ¡Oye! que no se le da mal. Es una economista y contable que ya quisiera para sí la competencia. Pero no, ella ha apostado por la familia.

Más orgulloso de ella se sienten porque, a pesar de sus problemas de salud, ella no se ha dado por rendida y se esfuerza por llevar una vida lo más normal posible. Tuvo un momento de crisis en el que mando todo al cuerno, se frustró, se deprimió hasta el punto de no querer nada con nadie, ni siquiera con quien era su pareja entonces. Pero ahora está mucho mejor, tiene otra cara, un brillo en la mirada.

Lleva un par de años retomando su vida, con viajes a Toledo, a esos encuentros mensuales con contenido religiosos, campamentos de verano, convivencias, ejercicios espirituales, actividades en la parroquia… Vamos que se ha ganado el cargo de dirigente del grupo a nivel local por méritos propios y con ello el reconocimiento de todo el mundo. ¡Es que la niña vale más que una mina de oro!

Pero como ni la perfección ni las utopías son reales y a todo ha que buscarles las vueltas, resulta que se ha enamorado de un chico de Toledo, una ciudad que se encuentra a dos horas en coche de la suya. Un chico de quien en un primer momento no hablaba precisamente maravillas, pero que no se sabe muy bien porqué le ha cautivado el corazón.

Manuel (imagen oficiosa para la web)// Copilot designer

Mientras el chico en cuestión fuera de los de «¡Oye, pues merece la pena!» tendría un pase. Lo de la distancia no sería un problema demasiado serio, se empieza con una relación así, a lo lejos y poco a poco la cosa se va afianzando y no hay problema en que se incorpore a la familia y a la empresa, que trabajo no le va a faltar y cualquier ayuda es bien recibida.

Pero es que este chico con esas primeras impresiones y los antecedentes de todo lo que han oído hablar de él, la verdad es que no es para tanto. Ana tiene criterio suficiente como para saber escoger mejor, que si es preciso no hay reparo en que se lo busque un poco más lejos, si los de más cerca tampoco le resultan lo bastante interesantes ¡Será por pretendientes!

Ana es la hija de sus padres y sus padres tienen una presencia, una imagen, se han ganado un prestigio. Dirigen una empresa familiar, una asesoría de empresas a nivel local y provincial. Son gente respetable y que se hace respetar. Gente de buenos principios y valores éticos u morales, que han sabido ser un ejemplo para sus hijos. Que, si Ana ha llegado hasta donde está, en gran medida es porque ha contado con su apoyo y alguna que otra llamada de atención.

Imagen de la madre de Ana con la zapatilla en la mano // Copilot designer

La madre cuando saca la zapatilla, «saca la zapatilla», aunque sea en un sentido figurado, pero de todos modos efectivo. El padre se supone que de vez en cuando ha de aflorar su autoridad como padre, como haría cualquier padre con sus hijos cuando la ocasión lo requiere, aunque claro, tampoco hay obligación ni necesidad de que les pongan en esa tesitura.

El problema es que los hijos, en este caso, la hija, parece que no aprende ni escarmienta. En vez de ser una hija de la que sus padres se puedan sentir orgullosos. Argumenta que ya es mayor, que ya tiene edad para tomar sus propias decisiones y aunque entiende la lógica postura de los padres, tiene clara su apuesta.

Si lo aceptan, bien….

No se trata de ningún chantaje emocional, porque si los padres no dan su beneplácito, su brazo a torcer, al final serán los que ganen esta pequeña discusión y discrepancia.

Lo de «En mi casa se hace lo que yo diga» no parece que sea una frase hecha, más cuando Ana es plenamente consciente de que, contra eso, no tiene una respuesta o contestación igual de contundente. Ella se ha enamorado de Manuel, no de alguien que vaya a resolverle la vida, si decide no hacer caso a los consejos de sus padres.

Ana con aspecto desenfadado // Copilot designer

Pero, de momento, Manuel esa noche se queda a dormir, aunque por la mañana le vayan a sacar de a cama a patadas y subirle en el primer tren o autobús, sin que importe demasiado el coste ni el destino, con tal de que no vuelva, a ver si con ello se desvanece ese encantamiento que su presencia provoca sobre Ana.

Los padres van a intentar asustarle, darle a entender que allí no es bienvenido, que no aprueban la relación, aunque tampoco es que vayan a encerrar a Ana en un torreón. Tan solo dejarán que el tiempo les termine por dar la razón y que la distancia sea el olvido, de lo que pudo haber sido y no fue.

La baza de Ana es que sabe que sus padres, como cualquier padre y madre, quieren que sus hijas sean felices, que lleguen lejos en la vida y no se vayan con el primer tonto que se les pase por delante, por interesante que les resulte. Es decir, aún siente que no todo está perdido, que aún cabe una mínima posibilidad de que sus padres sean más flexibles con su decisión final.

Esta noche, con esta primera y tensa visita, aunque Manuel no vaya a evitar que por la mañana le manden de regreso a Toledo, puede que los padres sepan descubrir todo eso que ella ha descubierto en él y que la ha cautivado. Sobre todo que entiendan que en ese esfuerzo suyo por afrontar la vida, Manuel se ha convertido en alguien fundamental.

15 de febrero de 2003. Versión de Ana

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