cabecera de "Silencio en tus labios" Ana

La despedida

Introducción

9:15 AM. Lunes, 28 de julio de 2003

Sabemos que van a la estación de autobuses en el coche de Ana y que el hermano de Ana de carabina. Deducimos que esta vez es Ana quien conduce. Suponemos que, porque en presencia de terceros, ésta prefiere ser comedida con las concesiones que se permite con Manuel. Aparte que ella sí conoce la ruta y así es seguro que no se pierden

En la estación aún hubo tiempo para un último beso en la mejilla, para que nuestras manos estuvieran cogidas durante unos minutos y, sobre todo, para que hablásemos y nos comprometiéramos a mantener la comunicación por teléfono y por carta.

Ana

la verdad era que yo deseaba montar en aquel autobús y dejar atrás aquella pesadilla, aunque me doliera ese distanciamiento de Ana, sin saber cuándo tendríamos la oportunidad de volver a coincidir

Manuel

No se baja en marcha

Si la expectativa más optimista de los padres es que Manuel se hubiera bajado del coche en marcha, de un salto y sin que éste se hubiera detenido siquiera a que tuviera tiempo de sacar la mochila de maletero. Hemos de admitir que Ana se convierte en una hija rebelde y poco o nada respetuosa con la autoridad paterna.

Aparte que, si los padres pretenden y esperan que Manuel se suba a ese autobús, lo mejor es asegurarse, acompañarle hasta el mismo autobús, en todo el proceso y camino, desde el aparcamiento hasta el andén. Llevarlo de la mano con cariño, con confianza; guiarle en cada gestión que ha de seguir, como acercarse a la ventanilla y comprar el billete, pero siempre tomado de la mano. Que no tenga necesidad, tiempo ni excusa para soltarse antes, ni siquiera para ir al aseo de hombres, al que las mujeres no tienen permitido el acceso.

De todos modos, los padres no tienen de qué preocuparse, el hermano va con ellos y es espectador inevitable de estos últimos momento de romanticismo, dado que él no está ahí para impedir nada, mientras se mantenga una cierta compostura. Aparte que tampoco comparte la desconfianza de los padres, que Ana ya no es ninguna cría y sabe lo que hace.

José, el hermano de Ana // Imagen generada con AI

¿Cuándo nos volveremos a ver?

Como van tomados de la mano y sin muchas ganas de soltarse, de asumir el hecho de que éste haya de ser el final de su historia de amor, siguen haciendo planes de futuro, aunque haya de ser a escondidas, al menos por parte de Ana, ya que desconocemos el parecer de los padres de Manuel, porque éstos aún no conocen a Ana, a pesar de que es muy posible que hayan oído hablar de ella, probablemente todo bueno.

La cuestión es que dadas las circunstancias Ana ve complicado lo de hacer planes en los que se incluya a Manuel, aparte que es un poco tarde para apuntarse al campamento de verano y comprobar a ver si hay suerte y se repite eso de que Ana vuelva a ser la amiga invisible de Manuel o al contrario. Nos quedaremos sin saberlo porque ninguno de los dos iré.

Habrá que esperar a finales del mes de septiembre o principio del mes de octubre, para el comienzo del nuevo curso, con la primera reunión mensual del grupo en Toledo. Ana hará un esfuerzo por acudir, contando con la complicidad de las amigas, en caso de que se quisiera quedar a dormir.

Que, si Ana dice que duerme en casa de una amiga, lo dice en serio. Lo de esperar un poco de hospitalidad por parte de Manuel o los padres de éste resulta un tanto comprometedor. Ella no es de ese tipo de chicas, aparte de que antes habría que preguntar si tiene sitio, si hay un dormitorio y una cama a su disposición.

Ana con aspecto alegre (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Esta vez sí, prometido

En su despedida del mes de abril quedaron en llamarse, en mantenerse en contacto y las buenas intenciones de los primeros días acabaron provocando su primera crisis de pareja por esa falta de sintonía entre ellos, por ese individualismo provocado por la distancia y el no saber cómo afrontar la situación, por querer hacer planes que incluyesen al otro o por tener planes propios en los que excluirse.

Ahora ya tienen la suerte y ventaja de haber pasado el fin de semana juntos, de haber experimentado cómo es su vida como novios y asentado las bases de su relación. se entiende que han escarmentado de los errores del pasado, que frente a la adversidad, el único remedio es que ellos se mantengan juntos.

Los padres de Ana son padres y, como tales, hay que comprender su postura, aparte de que tengan esa visión un poco más empresarial y quieran para Ana un chico con un curriculum vitae perfecto y el de Manuel, según parece, no está a la altura de dichas exigencias, se queda a la altura de pie de página.

Ana les conoce y está segura de que con el tiempo es muy posible que terminen cediendo, que la vean feliz, enamorada de ese chico que a ellos no les ha convencido, pero que se ha convertido en su mejor apoyo.

De manera que ahora es fundamental la la distancia sea un aliciente para mantenerse en contacto, no para ignorarse o pensar que mientras no haya noticias es que todo está bien. Lo de «No news is a good news», en este caso es todo lo contrario. Mientras haya noticias se mantendrá vivo y latente su amor frente a la adversidad.

¿Qué es mejor?

  • Que, a pesar de sus circunstancias personales, de sus problemas de salud, Ana tenga un motivo para sonreir para no perder las ganas de vivir, de luchar?
  • Que, además de tener que padecer esos problemas de salud, viva en una constante depresión y con el corazón roto, sin encontrarle un sentido a la vida?

Lo cierto es que Manuel aún no es plenamente consciente de los problemas de salud de Ana, no ha salido el tema en la conversación, les ha faltado tiempo y tranquilidad para ello debido a la postura de los padres y que a primado la necesidad de afianzar su amor.

Manuel (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Sin embargo, eso, en realidad, tampoco importa tanto. Manuel ya tiene bastantes problemas con los propios. Si en los últimos años se ha mostrado un tanto comedido, ausente, en la participación de las actividades organizadas por el grupo, debido a sus torpezas sentimentales, a esos desencuentros, el culmen es encontrarse con que sus problemas trascienden. Ana no quiere ser quien asuma esa culpa.

¡Lástima!

Los besos en la mejilla, de despedida, dados junto antes de subir al autobús, no se consideran «sobrepeso». Por un parte es bueno, porque si hubiera alguna restricción en ese sentido, no hay que pagar un extra por exceso de equipaje, que el viaje hasta Toledo, con los trasbordos que haya que hacer, no sale barato. Pero por otro lado, es malo, porque es un motivo menos para que Manuel se quede otro día más, para que le impidan subir al autobús, porque si la causa es «sobrepeso», Ana está dispuesta a darle otro beso.

¿Acaso este beso es «el último de todos«?, como se atrevió a advertirle Ana el sábado por la mañana como respuesta a ese inoportuno comentario sobre que habían pasado su primera noche juntos, porque ello se podía malinterpretar. Lo de «juntos» se refería a dormir en el mismo edificio, pero cada uno en una planta y en su dormitorio diferente.

Si tiene que ser el último beso, aunque sea dado en la mejilla y en presencia del hermano, este beso significa mucho, pero Ana prefiere que sea «el primero de muchos«, sin contar los dados a lo largo del fin de semana.

Despiste

Aunque quizá lo relevante del caso es que ninguno de los dos se planteara que ese intercambio de mensajes se hiciera por medio de Internet. Lo cierto era que ninguno de los dos se detuvo a pensar en ello porque con mis padres todo habían sido prisas y carreras.

Ana

Cuando el autobús se marcha, Ana se acuerda de que se les ha olvidado intercambiarse las direcciones de correo, que en el año 2003, ya era algo que empezaba a utilizarse con bastante normalidad, para intercambiarse mensajes, fotos y documentos.

En todo caso, se han intercambiado los teléfonos, las direcciones de correo ordinario y si, a pesar de todo, han conseguido quedar y participar en la convivencia de novios de ese fin de semana, pueden confiar en que no debe ser tan complicado concertar un nuevo reencuentro con suficiente antelación.

Por otra parte, nos hemos de creer que Ana aún mantiene el convencimiento y la sospecha bastante fundada de que su anónimo amigo del chat y Manuel son la misma persona, al igual que parece estar bastante segura de que éste no sospecha de dicha coincidencia

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