cabecera de "Silencio en tus labios" Ana

El novio casi rico

Introducción

Agosto 2003

Me lo pensé con calma durante varios días, hice mis cálculos, ya que no era una cuestión como para tomársela a broma por el riesgo que conllevaba, dado que Ana parecía muy segura de sus sentimientos

Manuel

Su respuesta me llegó por carta a mediados de mes. Tal como esperaba, me decía que se lo había pensado con calma y  llegado a la conclusión de que no estaba en situación de hacer grandes aportaciones

Ana

¿Te sobran unos eurillos?

Manuel se lo tiene que pensar antes de darle una respuesta a Ana sobre la posibilidad de invertir en la cuenta vivienda, de pasar de los meros sentimientos y expectativas románticas a asumir un riesgo tangible y cuantificable. Casi una inversión de alto riesgo, porque en caso de que al final la relación no termine bien será Ana quien se quede con todo. Estando enfadados resultará complicado ponerse de acuerdo en la manera de saldar deudas.

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No es solo que haya dos horas de coche entre las dos ciudades y el consiguiente riesgo de que si no está todo atado y bien atado, documentado, lo de «habla chucho, que no te escucho!» puede llegar a ser un problema y de los gordos.

¿Cuánto cuesta ese viaje? ¿Por qué cantidad merece la pena moverse para intentar recuperarlo? Es más, en caso de que esa hipotética ruptura no sea amistosa ¿No se merece Ana que la compensen por los daños y perjuicios?

Después de todo será ella quien sufra en lo más hondo de su corazón que el chico en quien ella ha puesto toda su confianza sea un «cerdo», un «mamarracho», un «imbécil sin sentimientos». ¿Qué menos que ante un tipo así ella se considere con derecho a recibir una compensación? Con tal de no volver a verle, lo mejor será bloquear su número teléfono y olvidarse de su existencia.

Precedente

El caso es que Ana no pasa por alto ni esconde el hecho de que ya tiene que saldar esa deuda con su ex, con Carlos y en cierto modo por eso recurre a la generosidad de Manuel, no tanto para que sea éste quien «pague» por su amor, sino por intentar que la situación resulte un poco más llevadera, porque Ana, aunque sea hija de sus padres, ha de ser consecuente con sus decisiones.

Fue ella quien hace dos años, ya sea por la excusa de estar pasando por una depresión provocada por sus problemas de salud o porque aquello tan solo fue la gota que colmó el vaso, pero el caso es que Ana tomó la decisión de dar carpetazo a aquella relación que ante los demás era cuasi perfecta y ya se planteaba como un proyecto de vida a largo plazo, sin prisa por fijar la fecha de la boda, pero asentaban las bases de ese porvenir.

También ha sido ella quien a lo largo de este año 2003 ha ido poco a poco afianzando y atando en corto su relación con Manuel, consciente desde el primer momento de que éste es «tonto», en el sentido de que dista mucho de ser el chico perfecto para ella en muchos más sentidos de los que le gustaría, pero es «su tonto» y este «tonto» tiene algo de «listo», aunque a los demás parezca que les cuesta verlo.

Ana con aspecto alegre (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

Es decir, que la única y casi la mejor garantía o certeza de que Manuel podrá llegar a recuperar su dinero, en el hipotético caso de que se llegue a producir esa ruptura en su relación, es que Ana es una chica que se compromete a saldar sus deudas. Sin embargo, en vista de cómo pretende compensar su balanza económica, lo de ir acumulando «exnovios» no parece que sea la solución más ventajosa

Sin agujeros en los bolsillos

La cuestión es que tras varios días para pensárselo, para hacer sus cálculos, tanto sentimentales como económicos, porque ha de tener claro si el riesgo que asume le merece la pena y le compensa, llega a la conclusión de que a una chica como Ana es mejor no dejarla escapar, no perderla por un simple desacuerdo en algo tan relevante como una cuenta vivienda, que le puede llegar a hacer copropietario de un piso, que en la reventa puede llegar a ser rentable.

A Ana se le puede dar calabazas por otros motivos, si queremos plantearnos esa posibilidad:

  • La actitud recelosa de los padres hacia un chico de malas primeras impresiones
  • Que parezca querer continuar su historia de amor con Carlos, pero esta vez con Manuel, en vez de partir de cero
  • Las odiosas comparaciones entre pasado y presente, en las que Manuel parece que siempre sale perjudicado.
  • Vivir a dos horas de distancia en coche, lo que complica la comunicación entre ellos porque deberían hablar cara a cara, no por carta ni por teléfono.
  • Ana tiene una vida organizada mientras que Manuel es más propenso a dejarse llevar por la improvisación y decisiones de los demás. no demuestra tener criterio propio.
  • La expectativa de que va a tener que vivir a la sombra de Ana, dado que el tampoco tiene demasiado que aportar a la relación ni por lo que hacerse valer.
Manuel (imagen oficiosa para la web) // Copilot designer

La cuestión es que en ese debatir y reflexionar sobre lo que significa Ana en su presente y para su futuro, como es lógico, echa mano a sus bolsillos y aunque éstos no sean profundos, parece ser que tras mucho rascar y hurgar en su interior, algo encuentra, aunque sea dinero extraviado del que ya ni se acordaba.

En su carta Ana tampoco le ha fijado una cuantía mínima ni máxima, tan solo que entre los dos han de aportar un mínimo 9.000€/año, teniendo en cuenta que ya están a comienzos del mes de agosto de 2003 y que de la cuantía que falte, a lo que Manuel aporte, Ana ya se ocupará de poner el resto.

¿Cuánto invierte?

No hay constancia de la cuantía exacta, de la capacidad económica de Manuel para hacer frente a esta petición, con todo lo que ello conlleva a corto, medio y largo plazo, pero podemos entender que Ana también considera que es suficiente prueba de amor y de confianza por su parte, que frente a aquellos que vería en esta propuesta un motivo de ruptura «por el interés te quiero Andrés«, lo que Ana recibe es una confirmación de la firmeza de su relación.

Ahora Ana ya tiene un argumento más para plantarse ante sus padres e intentar que superen sus reparos y objeciones a dar su beneplácito a este chico que, según ella, es «el más maravilloso del mundo», que esta vez tampoco la ha fallado, aunque cualquiera hubiera apostado porque éste se hubiera agobiado ante la presión que supone poner precio a su relación.

Vale es que es tonto que exige garantías, que demuestra un cierto temor y desconfianza porque tanta generosidad por su parte parte pone en riesgo su futuro, sus ahorros. Sin embargo, hay que pensar que tampoco lo hace de manera alocada, se ha tomado su tiempo para tomar una decisión, para hacer cálculos, aunque no de los biliares. Que esas mariposas que ha sentido el estómago de deben a que está enamorado.

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