Introducción
Septiembre 2003

A principios de septiembre le llamé y propuse que nos apuntáramos al Encuentro Nacional, al que todos los años acudía gente del Movimiento. Sería a finales de mes y para entonces confiaba en que a mi padre no le importaría que me tomase un par de días libres en el trabajo.

A principios de mes me llamó y propuso que nos apuntáramos juntos al Encuentro Nacional, a finales de mes dado que era una buena excusa para vernos y dónde íbamos a rezar juntos,
¿Te apetece que nos veamos?
A comienzos del mes de septiembre, en una de esas llamadas que Ana y Manuel comparten casi todos los días desde mediados de agosto, para mantener viva la relación y la comunicación entre ellos, por no dejar que la distancia se vuelva un obstáculo insalvable y para que los padres de Ana tengan claro que van en serio, Ana plantea que puedan verse, que hay una ocasión para ello y no tienen que esperar al retiro en Toledo, que será durante el mes de octubre.
Hay una convivencia, un Encuentro Nacional del Movimiento, al que la gente de la parroquia de Ana tiene intención de acudir. Es decir, que ella ha demostrado el mismo interés que los demás, pero, en su caso, entiende que su planteamiento depende de lo que vaya a hacer Manuel.
Asume que dado que se trata de una convocatoria a nivel nacional, la gente de Toledo está enterada, porque también se les ha convocado. De manera que cuando llama a Manuel ya es un tema que ha tratado previamente con las amigas.
Como suele suceder Ana ha hecho sus propios planes y ahora espera que sea Manuel quien se una a ellos. La diferencia es que en esta ocasión es Ana quien pretende implicarse en los planes de Manuel, confiada en que éste ya tiene previsto acudir al Encuentro, aunque no le haya comentado nada. No haya demostrado interés ni iniciativa al respecto.
Él no ha comentado nada
Es raro que, si en las dos ocasiones que han coincidido ha sido por una de estas convivencias organizadas, en esta ocasión Manuel no haya hecho la menor alusión a ello, ni siquiera a la gente de Toledo, aunque se supone que aún están de vacaciones en lo referente a las reuniones semanales, que no ha comenzado el curso. Sin embargo, se mantienen en contacto
Ana supone que Manuel se encuentra con limitaciones económicas, que el dinero que debía haber reservado para este tipo de actividades es el que ha destinado a la cuenta vivienda. Que ese supuesto cambio de mentalidad propiciado por el hecho de tener novia, se ha topado con este pequeño obstáculo. Ha tenido que fijar sus prioridades y sus privaciones.
Para Ana el hecho de que acudan juntos implica que tendrán tiempo para ellos, que será una continuidad de la experiencia de la convivencia de novios, con la diferencia de que esta vez se pondrían de acuerdo con anterioridad. El encuentro será en otra ciudad y no habrá posibilidad de que los padres de Ana se presenten sin avisar, para ponerles reparos.

De hecho, hasta le insinué que le pagaría el coste de la asistencia, si debido a su falta de trabajo y después de haber invertido en la cuenta vivienda, se encontraba algo apurado.
Ana también tiene sus gastos y no pretende ser ella quien le costee la vida a Manuel, que no sea su generosidad lo que condicione que Manuel acuda o no, pero en esta ocasión se siente un poco responsable, tanto por la sugerencia, consciente de que Manuel no suele acudir, como por las limitaciones a las que éste se enfrenta. De manera que intenta compensarlo de alguna manera. Que él se costee lo que pueda y élla aportará el resto.
¿Me invitas a tu casa?
La intención de Ana es reunirse con los de Toledo y salir con éstos, aprovecharlo como excusa para hacer una visita a casa de Manuel y que éste le presente a sus padres, para que la relación entre ellos sea un poco más oficial y encontrar más argumentos para que se vea fortalecida.
Manuel ya conoce a sus padres y en coherencia a ella le corresponde pasar por el mismo trance, con la tranquilidad de que no será una visita sorpresa ni una trampa en la que ella vaya a caer sin estar preparada. Ana confía en causar una primera buena impresión, que la reciban de manera afectuosa por ser la novia de Manuel y no una a la que éste se haya encontrado por la calle.
Por lo que Ana ha hablado con las amigas se supone que ya tiene una ligera idea de lo que se va a encontrar de manera que en ese sentido puede estar tranquila. Los padres de Manuel no son los suyos y el hecho de que éste les haya ido con la noticia de que ya tiene novia es una buena noticia. Mejor presumir de un éxito que callar sus mil fracasos que en el amor.

De manera que como ya sucediera en la convivencia de julio, esta vez el punto de encuentro tiene que ser la casa de Manuel, que le presente a sus padres y desde ahí reunirse con la gente de Toledo e irse al Encuentro, porque les esperan por delante varias horas de coche y un largo fin de semana, que tampoco tiene por qué alargarse más allá del domingo por la tarde.
Tengo otros planes
Sin embargo, casi como si fuera un mal hábito no superado por parte de Manuel, Ana se topa con que éste se encuentra con la tesitura de rehusar, de darle calabazas de nuevo, dado que argumenta que no puede ir al Encuentro, y que Ana tampoco tendrá ocasión de conocer a sus padres, porque en esas fechas no van a estar y él se ha de hacer cargo del perro de la familia.

Ante la disyuntiva de pasar un fin de semana con Ana, en un Encuentro Nacional o quedarse e Toledo cuidando al perro, Manuel se decanta por lo segundo. Sin embargo, en esta ocasión Ana no se toma a mal el desplante, dado que la causa parece mucho más justificada y Manuel se muestra comunicativo y empático con la decepción que ello le pudiera causar, hasta el punto de animarla a que acuda al Encuentro.
¿Podemos vernos cinco minutos?
Ana le propone que, de todas maneras, podrían verse, dado que su intención es salir desde Toledo, con la gente de allí. Por su parte no hay reparo en que se vean la tarde antes o después. El caso es que encuentren un momento para verse y que la escapada no sea en balde.
De hecho, se entiende que para ese fin de semana Manuel no tiene planes ni intención de moverse de la ciudad. Por lo cual está disponible para verse facilitando que ella acuda a Toledo.
Ya tan solo es cuestión de que Ana se organice y ponga de acuerdo con las amigas. Si encuentra alojamiento, quizás acuda el día antes o se pueda volver a casa un día más tarde.
Se comprende que el perro no acaparará el tiempo de Manuel las veinticuatro horas del día, que lo único que éste precisa es que le den de comer y le saquen de paseo las veces se que acostumbre a lo largo del día. Si Manuel no tiene otro compromiso ni obligación, los días son lo bastante largos como para que pueda hacerle un hueco en su agenda a Ana.
Ana le avisa con tiempo, con suficiente antelación y no se puede amparar en que se vaya a encontrar con dificultades. Salir de su casa no supone que haya de perder tiempo ni dinero, aparte que se encontrará con gente conocida. Si se ponen de acuerdo y sin necesidad de la mediación de las amigas, podrán verse.

Se asume que por parte de los padres de Ana no habrá reparos ni objeciones a que ella se tome el fin de semana libre, los días que quiera y necesite, aún en el supuesto de que la razón de esta escapada sea más por cuestiones románticas que religiosas.
Si Ana dice que tiene intención de acudir al Encuentro Nacional, no hay razón para desconfiar ni aun después de admitir que para llegar hasta el lugar antes se quiera desviar y parar en Toledo, sino para recoger a Manuel, al menos a la ida, o a la vuelta para que puedan verse.
Origen

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