Introducción
Domingo, 26 de octubre de 2003. (10:30)

Cuando desperté por la mañana aún no eran las diez y media en el reloj, evidencia de que no había dormido demasiado, pero me sentía descansado y, ante la incertidumbre de los acontecimientos y planes para aquel día, me sentía un tanto desvelado, aparte de que yo fuera de dormir a mis horas.
Despertar de Manuel
No lleva acostado más de cinco horas, sin embargo, dado que los padres no son tan sigilosos como ellos cuando llegaron, el ruido que hacen provoca que Manuel se despierte, reaccione. Aunque, en parte, es su justificación, que se siente nervioso y algo desvelado por los acontecimientos, en lugar extraño, y ello le dificulta conciliar el sueño.
El caso es que pretende causar buena impresión y que no lo tomen por un chico dormilón y perezoso ni que se haya dejado llevar por el ambiente de la boda ni del banquete, donde lo de beber por la felicidad y salud de los recién casados es una norma no escrita a tener en cuenta. Manuel prefiere dar a entender ante los padres de Ana que él es un chico que sabe controlar y moderarse.
Casi pretende dar a entender que, con su actitud responsable, no desea que la vida matrimonial de los recién casados haya de ser larga y dichosa. Lo que, por supuesto, está muy lejos de sus pensamientos. Aunque, por otro lado, aparte de por gustos y costumbres personales, su actitud ante la bebida se viera condicionada por la expectativa de mostrarse como un chico serio y responsable, consciente de que sería él quien tendría que conducir y que esta primera impresión matutina sería de gran relevancia.

Una mañana de domingo
Manuel ya ha experimentado el despertar de un lunes laborable por la mañana a finales del mes de julio y lo que fue el despertar del sábado, condicionado por los preparativos de la asistencia a la boda. Ahora se encuentra con el despertar del domingo, donde en un primer momento espera que haya una mayor normalidad.
Esta mañana domingo, al menos los padres no han de salir con prisas atemorizados por la noticia de que su hija se ha buscado un novio de Toledo y quieran ponerse serios con ella antes de que sea demasiado tarde. El aludido ha dormido en el piso, en un dormitorio distinto y distante al de Ana, y parece empeñado en mejorar esas primeras no muy afortunadas impresiones.


Sin embargo, en contra de lo que Manuel se esperaba, esa supuesta normalidad no es tal, dado que la madre de Ana se ha marchado; ha sido la razón por la que Manuel ha sentido que había movimiento en el piso. De toda la familia, ella es la más recelosa ante la idea del noviazgo y podemos entender que de la presencia de Manuel.
El padre, por su parte, se muestra tranquilo y relajado, hasta cierto punto, indiferente. Su actitud es una manera de dar su aprobación a lo que entiende que ha sido la noche, que no hay motivos para inquietarse ni para tener que llamarle la atención a nadie por su comportamiento. Está despierto, pero intenta no hacerse notar demasiado, lo suficiente como para que Manuel entienda que no se han quedado solos.
Ana aún duerme.
A diferencia de despertares anteriores. Manuel se encuentra con que la puerta del dormitorio de Ana se encuentra cerrada y que no se percibe ningún tipo de ruido ni movimiento del interior. Esta vez no coinciden a la hora de despertar. Evidencia de que ésta regresó cansada y que, si se tuvo que desmaquillar y poner el pijama, se acostaría más tarde que Manuel.

La puerta de su dormitorio se encontraba cerrada y, por el silencio que reinaba en el piso, la deducción lógica era que aún dormía, sobre todo porque esperaba que nadie le molestara.
El hecho de que esa puerta se mantenga cerrada y que Manuel haya salido del otro dormitorio despeja cualquier duda sobre cómo se ha desarrollado la noche, aunque no hay necesidad de cuestionarlo porque los padres saben de la mentalidad de Ana, como no tienen duda del parecer de éstos con respecto a la presencia de «novios» en el piso, sobre todo a determinadas horas.
Esa puerta cerrada es para Ana una manera de hacerse respetar y de evidenciar que todo está bien, que no hay motivo para que sus padres se inquieten por la presencia de Manuel y, hasta cierto punto, para que éste se olvide de ella y se centre en su aseo personal.
Ella se desentiende en el caso de que los padres quieran someter a Manuel a un tercer grado para conocer con pelos y señales lo sucedido durante el banquete. consciente de que los ánimos a media tarde del sábado estaban algo tensos entre ellos, aunque lo importante y relevante sea cómo terminaron al final de la velada.
La cuestión es que, si los padres preguntan, mejor que sea Manuel quien primero dé la cara. Si acaso, ya será ella quien haya de dar las oportunas explicaciones con posterioridad. Aunque no hay necesidad de entrar en demasiado detalle sobre cuestiones que puedan resultar comprometedoras. Lo relevante, en todo caso, es que los dos regresaron al piso sanos y salvos; que no hay que llevar el coche al taller y que tampoco va a llamar nadie diciendo que han acabado en el hospital.
Origen

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