Introducción
Domingo, 26 de octubre de 2003. (13:15)

Ana: Por esta vez, vale, pero la próxima que invite él. — Le dije sin perder el buen humor y con la expectativa de que se esforzaría por mejorar su situación.
Don José: Sí, seguro que para la próxima nos invitará a una mariscada. – Le contestó con un exceso de entusiasmo.

Un padre generoso
Han decidido que esta vez comerán fuera y que será el padre quien invite, quien asuma el papel de anfitrión y tenga un detalle con esa pareja de enamorados, que afronte su papel de autoridad, no tanto por presumir de su capacidad económica frente a Manuel, sino por el hecho de hacer valer su posición, que con o sin novio, Ana sigue siendo su hija.

Sin embargo, Ana tiene claro que es mejor que Manuel no se malacostumbre a que con esta familia lo va a tener todo pagado, que vivirá del cuento y a coste cero, porque eso no se lo consentirán sus padres y tampoco ella está dispuesta a aceptarlo, mucho que le quiere.
Ella no quiere que Manuel la considere más complaciente ni menos exigente que el resto de las chicas con quienes en alguna ocasión se haya planteado salir y, dadas las expectativas generadas, éstas le hayan dado calabazas sin ningún miramiento. Con la familia de Ana está obligado a cumplir y más vale que se mentalice.
La próxima vez
El padre se hace cómplice de la propuesta de Ana, para dejar claro que no tiene reparo en que haya una próxima visita por parte de Manuel, como queriendo dejar claro que aprueba la relación, pero también que se toma de manera un tanto jocosa y sin dar mucha credibilidad a las expectativas que Ana se ha creado con respecto a Manuel.
En cierto modo, es un claro reflejo de la impresión que el padre se ha creado de Manuel, mucho más pragmática y realista de lo que Ana pretende dar a entender. sin descartar el hecho de que éste pueda tener un detalle con la familia y en una próxima visita quiera tener el detalle de invitarlos a comer, pero sin que vaya a tirar la casa por la ventana, a arruinarse.
Ana se plantea esa invitación reducida a los padres y a ella, en un restaurante con una carta que no resulte demasiado cara, pero que ponga de manifiesto la buena predisposición de Manuel a mejorar esas primeras y no muy afortunadas impresiones. ¿Qué menos que invitar una vez?

En cambio, de las palabras del padre, desde esa incredulidad y asombro con respecto a que Manuel vaya a cumplir con tal expectativa, no descarta que la invitación incluya al resto de la familia. Es decir, también al hijo y a la cuñada, en una comida o cena donde lo de menos sea el precio del cubierto, sino la intención, que todos queden impresionados con esa inesperada generosidad por parte de Manuel.
De manera que ahora mismo, ante tal expectativa, a Manuel se le encoje el bolsillo y, de tomarse en serio tal posibilidad, ha de asumir que se le pone en un difícil compromiso. Ha de impresionar a sus futuros suegros y éstos no se van a conformar con una bolsa de pipas de la tienda de la esquina, a compartir.
¡Ya se puede espabilar!
De esta conversación se puede deducir que Ana espera que Manuel se espabile y tome con la debida seriedad todo lo que se ha hablado durante el fin de semana, que ella es plenamente consciente de cuál es su situación, pero no quiere ser ella quien le resuelva los problemas ni le salve de esta tesitura.
El que Manuel se sienta o no capaz de invitarlos a comer, si cabe, no es tan relevante como el hecho de tener que afrontar el futuro con una cierta estabilidad, seguridad, porque lo que es seguro es que Manuel se ha implicado en el tema de la cuenta vivienda y el hecho de haber iniciado este noviazgo tiene sus consecuencias, que lo de venir de visita desde Toledo tampoco es barato.
Es Ana quien esta vez adopta la postura exigente de sus padres, aunque por encima de esta lista de objeciones ella quiera poner el corazón y la convicción de que Manuel sabrá estar a la altura de las expectativas creadas, ya que hasta ahora no la ha defraudado. Sin embargo, espera una mayor implicación y esfuerzo por parte de éste.


La visita de este fin de semana, aparte de la visita que Ana le hiciera en septiembre, ha servido para que a Ana se le abrieran un poco más los ojos con respecto a las circunstancias de Manuel y, aunque en ningún caso pretenda cambiar de novio, al menos espera que aflore de éste todo eso que ella ha descubierto en él y que éste reprime de su personalidad.
Más que dejarlo en mal lugar y avergonzarlo delante de su padre por esperar que sea Manuel quien invite, se puede interpretar que lo que busca es tocarle el orgullo, por ese exceso de condescendencia por parte de sus padres. En contra de lo que éstos pueden pensar o parecer esperar de Manuel, éste no es menos que cualquier otro novio que le pudieran buscar o encontrar.
Ana espera que Manuel no adopte una postura demasiado conformista ante la vida y se haga valer, sin que haya de ser ella quien lo defienda. Ve a Manuel como un chico que puede mejorar y llegar a sorprender; tan solo necesita que le den una oportunidad y ocasión de demostrarlo.
El padre le ha planteado una oferta de trabajo en la gestoría, en el negocio familiar, y Ana confía en que tal proposición sea en base a sus cualidades y capacidades, no a un exceso de benevolencia por el hecho de ser su novio, dado que el favor Manuel se lo tiene que hacer a sí mismo y entender que como adorno ya están los cuadros colgados en las paredes del local.

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