Introducción
Domingo, 26 de octubre de 2003. (17:50)

A mi madre le inquietaba tanto que mi hermana quisiera llevar el embarazo por su cuenta como el hecho de que tuviera la ocurrencia de dar en adopción al bebé, porque ello implicaría que alguien de nuestra familia anduviera por ahí, sin llegar a saber nunca de nosotros.
El motivo de la ausencia
Aprovechando que ya no hay oídos que escuchen su conversación, Victoria, la madre, le comenta a Ana la problemática que hay en la familia, porque considera que es un tema del que también ha de estar informada, porque les afecta a todos de una manera u otra, ya que condicionarán su futuro y, hasta cierto punto, su presente más inmediato.

Hay un bebé en camino y no porque la madre tenga que anunciar nada en ese sentido, porque se entiende que ya no tiene edad, aun sin considerar que sea una mujer demasiado mayor, pero lo de la maternidad le queda un poco lejos y ya tiene tres hijos bien criados y creciditos. Tampoco es porque el hermano se haya planteado volver a hacerla abuela, lo que tampoco sería descartable una vez que se ha abierto la veda.
El bebé es por parte de la hija menor, de la hija pródiga, aunque eso de que «viene en camino» se haya de entender en sentido casi literal, porque ésta lo rechaza, pero Victoria, como abuela, no va a consentir que el bebé sea abandonado ni dado en adopción cuando nazca.
El embarazo de la hija pródiga
El embarazo de Marta, de la hermana de Ana, de la hija «pródiga» de la familia, no es como tal «la noticia del día». Se puede decir que ya se tiene constancia de ello desde hace algún tiempo, no siendo algo que como tal haya sido recibido con agrado por parte de los padres por las circunstancias y por todo lo que implica. La novedad es que ahora ha llamado para pedir ayuda.

Como ya sabemos, aunque no sea un asunto del que a Ana le guste hablar de manera muy abierta con cualquiera y con Manuel con ciertas reservas. Marta vive en el extranjero desde hace algunos años. Es la hija rebelde e independiente que no quiere seguir el paso marcado por los padres. No le motiva demasiado eso de terminar trabajando en la gestoría y ha preferido hacer su vida.
Es la menor de los tres hermanos y el hecho de que demuestre esta madurez e independencia no hace que los padres se preocupen menos por ella, más bien al contrario, pero tampoco pueden hacer mucho más al respecto, porque hasta ahora no les ha dado ocasión. La cuestión es que esta vida alocada al final ha tenido consecuencias.
Marta ha tenido un desliz, un descuido con sus amoríos, de tal manera que se ha encontrado con la horma de su zapato y las responsabilidades o prudencia que no ha querido escuchar de sus padres, tampoco se encuentra en disposición de exigírsela a los demás. Lo que la deja en una situación un poco complicada.
Padres al rescate
La cuestión es que, como consecuencia de ese embarazo, Victoria entiende que ha de cambiar sus prioridades. Entiende que el asunto de Manuel es relevante, pero las prioridades han cambiado y la problemática del futuro sentimental de Ana y la relación de ésta con Manuel pasan a un segundo plano hasta nuevo aviso.


Ahora es Marta quien reclama la atención de los padres. Sin embargo, debido a su estado, como es lógico, lo de plantearle o esperar que regrese a casa resulta poco factible. Estamos a finales de octubre y el nacimiento está previsto para principios de año. Además, se entiende que la hija pródiga ha tomado conciencia de lo sola y desamparada que se siente en estas circunstancias.
Victoria, la futura abuela, plantea como inexcusable que sean ellos, los padres, quienes hagan el viaje, sin fijar de antemano una fecha para regresar, porque no se trata tan solo de socorrer a una hija embarazada, sino de gestionar poder quedarse con la tutela del bebé y dado que se trata de traerlo desde otro país, no se descarta que haya conflictos legales.
Ana se queda de jefa del negocio.
Con que se desplacen los padres a socorrer a la hermana es suficiente. Este es un tema familiar que no debe afectar a la gestoría. Por lo cual Ana se queda y ha de intentar seguir y mantener la normalidad para que todo continúe como estuviera previsto, salvo el pequeño detalle de la contratación de Manuel, aunque éste aún no haya dicho que acepte, pero había intención de convencerlo.
Durante el tiempo que los padres estén ausentes, aunque el padre tampoco se pueda permitir una ausencia demasiado larga, al frente de todo se queda José, el hijo mayor, quien se supone que en los últimos años ya ejerce de «heredero» y se prepara para asumir la dirección cuando el padre se jubile.
Podría parecer una decisión machista o patriarcal no darle mayores responsabilidades a Ana, dadas las circunstancias, por eso de dar prioridad al hijo varón, cuando Ana también trabaja en la gestoría. Sin embargo, más que una cuestión de sexo, es por edad, experiencia y a que, como ya sabemos, Ana se ve condicionada por los problemas de salud.
Ella se queda de segunda de a bordo, sabiendo que su hermano le consultará las decisiones importantes que se hayan de tomar y que para ambos el padre se mantiene en contacto a través del teléfono.


La cuestión es que, dadas las circunstancias, la presencia e implicación de Manuel en el negocio será más una distracción y motivo de conflicto, dado que su puesto y funciones, en caso de que aceptase el trabajo, aún no están definidos.
El padre prefiere no correr riesgos y la madre, con buen criterio, no quiere que se les cuelen extraños en casa. Aparte de que ha quedado claro que las visitas de Manuel, la hospitalidad con éste queda reducida al fin de semana, previa invitación, pero mientras los padres no estén en el país, queda descartada.
Lo que sí puede ir haciendo Ana es poner un poco de orden en su vida, sobre todo con el tema de la cuenta vivienda, porque hay unos plazos que cumplir. Es decir, puede ir allanando el camino para cuando la propuesta de trabajo para Manuel se haya de tomar en serio y que éste no encuentre excusas para rehusar.

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