Introducción

Ana: Bueno, no te he interrumpido por el tema del Spanish ni porque quiera que me enseñes qué escribes. – Me dice para que me relaje. – Se trata de una cuestión un poco más práctica para lo que espero no pongas reparo.

Jess: Sea lo que sea, yo no he sido. —Le digo por si me fuera a culpar de algo.
Nos quejábamos en entradas anteriores de que la visita de aquellos donantes no había producido grandes novedades en la vida ni en las circunstancias de Jessica. Mucho aparentar que les sobraba el dinero y que eran capaces de comprar el mundo con las vueltas de comprar el pan, pero en la práctica parece que todo sigue igual.
Así, lo más significativo de este último año en la vida de Jessica es que Ana, por su cuenta, ha retomado la búsqueda del padre de Jessica, de su «Daddy», aunque por el momento no haya constancia de haber obtenido resultados positivos, sino la constatación de que o los datos que se tienen no son lo bastante precisos y verificables o Daddy es tan escurridizo como se ha demostrado hasta la fecha.


Dormitorio propio
Como ya sabemos, el St. Clare’s no es un edificio enorme con infinitas habitaciones e igual número de cuartos de baño, en el que quepan las quince niñas, las dos tutoras y la mitad de la población del mundo, y que además sobre sitio para las visitas del fin de semana.
Más bien, es una vivienda independiente de dos alturas, en la que quienes residen allí viven un poco apretados, sin tener que llegar al extremo de tener que pedir permiso para bostezar y estirarse por las mañanas, pero casi. Los dormitorios de las niñas son compartidos, aunque no estén todas en el mismo, sino distribuidas por edades, donde eso de tener dormitorio propio es un lujo.

Sin embargo, dada la particular situación de Jessica, quien parece no estar dispuesta a que la alejen de allí ni aunque derriben el edificio por si su «Daddy» viniera a buscarla, Ana está dispuesta a ofrecerle una solución que sea del agrado de todos y que no suponga excesivo trastorno.
Jessica ya es una adolescente de trece años y empieza a necesitar de su espacio, su independencia, aunque ello implique darle un trato preferencial, acentuar aún más el hecho de que se le consiente demasiado. No asiste a clase de Spanish, no participa de ninguna actividad que implique alejarse del St. Clare’s y no está asignada ninguna familia de acogida. Puede decirse que está desaparecida para el resto de la humanidad.
El trastero
El trastero no es ni mucho menos el mejor lugar de la casa. Es, más bien, una habitación fría, anexa a la casa, construida sobre el garaje. Una habitación que no tiene un acceso directo, por lo que se convierte en algo así como la habitación del olvido, una zona aislada y sin demasiado uso, salvo para casos excepcionales en los que alguna niña, por cuestiones de salud o por su comportamiento, ha tenido que estar algún tiempo separada del resto.

Allí se manda y se deja todo aquello que no tiene ninguna utilidad por el momento y se reserva de cara al futuro. Es una habitación en la que tampoco apetece quedarse demasiado tiempo; no resulta acogedora. Es la habitación de los trastos, donde hay un cierto orden, pero que como tal no está pensada como dormitorio, aunque haya espacio y la posibilidad de transformarlo en un dormitorio.
Dado que Jessica se conoce todos los rincones de la casa, por esa costumbre suya desde la infancia de esconderse en cualquier rincón tan pronto como intuía que le habían encontrado una familia de acogida u obligar a hacer algo que no quisiera, se puede decir que el trastero es un lugar que le resulta familiar, su pequeño refugio para aislarse del mundo, frente a la alternativa de escaparse al parque.
Si la mandan al trastero.
Según las normas que rigen el St. Clare’s, que no admiten excepciones de ningún tipo, porque el St. Clare’s es una casa de acogida, no la residencia estable de nadie, a Jessica le queda poco más de un año de vivir allí, antes de que la manden a otro sitio junto con Jodie y Brittany. A un centro de acogida para adolescentes, previo a su paso a la universidad o al mundo laboral y a su emancipación.
El hecho de que Jessica tenga la opción de trasladarse al trastero implica, de facto, que, en el hipotético caso de quedarse, no le estaría quitando el sitio ninguna niña, que, en todo caso, ella sería otra boca más que alimentar. Lo que de momento es motivo para que se empiece a crear expectativas al respecto. Sobre todo porque la idea del trastero procede de Ana.
Si se marcha del St Clare’s, sabe que perderá todos sus privilegios. Aunque su principal temor es que ya nadie intente localizar a su padre y éste pierda su pista en caso de que la estuviera buscando. Sobre todo pierda el interés, si ha de andar de aquí para allá siguiendo su rastro.
Origen
- Esperando a mi Daddy. Thursday, April 21, 1994
- Conversación con ChatGPT sobre este pasaje de la novela.
- Reflexiones personales

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