My room is a dumping ground

Introducción

Saturday, November 19, 1994 (10:00 am)

Habíamos dicho que, debido al mal tiempo, a la climatología otoñal, esta mañana de sábado, las niñas que se han quedado este fin de semana en el St. Clare’s no tienen permiso para salir de paseo y que, en principio, todo está muy tranquilo. Las tutoras no esperan que ello las altere demasiado el ánimo de nadie.

Dado que Jessica es consciente de que no se encuentra sola, prefiere refugiarse en su dormitorio, en el trastero, en el lugar más aislado y tranquilo de toda la casa, donde, al no ser la única que acapara la atención, espera que se le permita pasar desapercibida. Está desaparecida hasta que la llamen para comer, con la tranquilidad de que no se ha escapado sin permiso.

¡Libertad un sábado por la mañana! No hay paseo, pero se puede relajar, olvidar del mundo como supone que el mundo se ha olvidado de ella. En realidad, iría a reclamar algo de atención por parte de Ana, pero ya intuye lo que ésta le propondrá para entretenerse y no es algo que le motive de manera particular, de manera que prefiere esta tranquilidad.

¡Esto es una leonera!

Entre las responsabilidades y desventajas de ocupar el trastero como dormitorio individual está la tarea de mantenerlo ordenado, no como si fuera a ser portada de revista, pero al menos que no provoque que nadie se arrepienta de asomarse por allí de vez en cuando.

Es decir, que cuantas menos ocasiones habrá para que le llame la atención, menos motivos dé para que se replantee esta concesión. Eso de «todo gran poder exige una gran responsabilidad» porque hay que entender que este privilegio que se le ha dado implica un coste y una serie de problemas para los demás.

Hasta ahora hemos supuesto que es Ana, mucho más condescendiente, quien asomaba las narices por aquí, que le permitía cierta dejadez siempre y cuando no desatendiera otras cuestiones, por eso de no desmotivarla con la asignatura de Spanish ni el aprendizaje del español. Un poco de caos en su entorno para que empiece a haber orden en su mentalidad.

Monica: (Se asoma por la puerta.) The Oscar goes to Jessica Marie Bond in “My room is a dumping ground” —me dice con intención. —¿A ti te parece bien este desorden? —me pregunta. – Se te ha avisado. Hoy sábado toca inspección de los dormitorios y no te has molestado en colocar nada. —Me recrimina.

Sin embargo, en esta ocasión Jessica se lleva la sorpresa de su vida, que en las restricciones en cuanto a la gente que se puede o no acercar por allí no se excluye a Monica, que es quien manda y tiene la última palabra. Casi da a entender que estas visitas o inspecciones son más frecuentes de lo que Jessica supone y llega un momento en que la paciencia tiene un límite.

Cartelera de la supuesta película// Copilot designer

Monica la reprende con una cierta autoridad, pero sin demostrarse demasiado estricta. Se atreve a bromear o a ser muy gráfica con la descripción del dormitorio, con lo que se aprecia a simple vista. El desorden que hay es de película, de Oscar. Para que a Jessica se le caiga la cara de vergüenza ante tanta dejadez.

Sin embargo, Jessica se defiende. Entiende que Monica exagera, que, más allá del hecho de que pueda haber algo de desorden, no es tan grave como Monica se lo plantea. Ella se ampara en lo que Ana le ha llegado a decir al respecto y que tampoco es como si por allí no fuera nadie y Jessica se desentendiera hasta el punto de presumir de esa dejadez.

Jess: ¡Está todo ordenado! —replico. – Ana se pasó por aquí ayer por la tarde y me dijo que estaba bien. – Argumento. – Solamente me dijo que colocara un poco mejor los zapatos.

La diferencia está en que, según las palabras y los alegatos de Jessica. La valoración de Ana es de última hora del día, pero la de Monica es a media mañana. La primera, antes de acostarse, y la segunda, poco después de levantarse. Que Ana ya asumía que, en cuanto Jessica se fuera a meter en la cama, aquello se alborotaría un poco. Sin embargo, lo que Monica se encuentra es que la perfección en cuanto al orden allí no es algo que se practique.

Es sábado por la mañana. No hay clase. De tal manera que las prisas con las que se levanta entre semana no son comparables a lo que sucede durante el fin de semana, que los quince minutos que tiene para bajar a desayunar y salir hacia el colegio los sábados por la mañana no son tales. Sobre todo, si no tiene que ir a ninguna parte.

Lo que Monica le viene a recriminar en el fondo es que parezca tan relajada e indiferente a todo, que abuse en exceso de los privilegios que se le conceden y piense que nada de lo que haga o deje de hacer será sin consecuencias.

Origen

  • Esperando a mi Daddy. Wednesday, October 19, 1994.docx
  • Reflexiones personales