Introducción
Friday, June 23, 1995 (09:30 AM)
En la entrada anterior, si seguimos un orden en las reflexiones sobre lo que escribe en su diario, Jessica comentaba con cierta inquietud que Ana le ha encomendado la tarea de organizar la fiesta de fin de curso para el año siguiente, con el condicionante de que ha de ser una fiesta con temática española.
Sí, Jessica es una chica que hace lo posible por alejarse de todo lo que suene a español. En el fondo, la curiosidad le recorre todo el cuerpo y condiciona toda su existencia, pero se niega a admitirlo por no mostrar debilidad y mantener esa rebeldía y ese victimismo de bebé abandonado que anhela a su padre.
Esta Jessica es quien dispone de un año de 364 días para organizar una fiesta con temática española, en la que se ponga de manifiesto que durante el curso 1995-96, con alumna de high school público y local, ha superado sus bloqueos mentales hacia la asignatura de Spanish y se quiere quedar otro año más como residente en el St. Clare’s.

Una tarta para la glotonería
Ana me ha dicho que en la fiesta tiene que haber una tarta a mi gusto y de un tamaño proporcional al número de invitados. Según eso, si me gasto dos quarters en la pastelería del barrio, seguro que me sobra dinero.
Sin embargo, como las chicas de St. Clare’s asistirán a la fiesta, supongo que será preferible que prevea su glotonería y las contadas ocasiones en que entran las tartas y los pasteles aquí, fiestas de cumpleaños y fechas muy especiales del calendario cuando hay dinero en el presupuesto.
Ana says the party must have a cake I like, and it must be the right size for the number of guests. Sooo, if I spend like… two quarters at the neighborhood bakery, I’m sure I’ll still have change left—LOL.
But since the St. Clare’s girls are coming, I guess I should prepare for their dessert obsession. I mean, cake only shows up around here for birthdays or super rare special occasions when there’s money in the budget. So, yeah, better make it count!


Es decir, que mucho entusiasmo inicial por el tema de la fiesta no demuestra, ¿2 quarters, $0,50, en una tarta? Eso no da ni para un diente y se supone que a la fiesta acudirán las quince niñas del St. Clare’s —Jessica incluida—, así como las tutoras, sin descartar a las mujeres voluntarias. Se trata de una fiesta, no de dejar a todo el mundo con la miel en los labios.
La tarta ha de ser lo bastante grande como para que haya para todas y, a ser posible, que sobre, por si alguna se queda con hambre y le apetece repetir. De manera que se entiende que Jessica habrá de estirar el presupuesto y dejarse de tacañerías, aunque la lección que haya aprendido de su estancia en el St. Clare’s sea que no hay presupuestos para caprichos tontos, a veces tampoco para los serios.

Más allá de la tarta
La importancia y relevancia de esta exigencia, que haya una tarta, va más allá de la glotonería o la gula de alguna que no desaproveche las contadas ocasiones en que se organiza una fiesta en el St. Clare’s, sobre todo en las que Jessica se anime a participar y menos aún que sea la organizadora.
La tarta implica que Jessica habrá de asumir todo el protagonismo. Será su fiesta, con todo lo que implica. Se celebrarán sus logros académicos, sus esfuerzos por alcanzar esos objetivos, que por una vez no se le dará la oportunidad de «escaparse» porque toda la atención estará puesta sobre ella, desde el primer momento hasta el último.
Se trata de una complicada ecuación o planteamiento de base: juntar en un mismo lugar y momento, de manera pública y notoria, la cultura española con Jessica, siendo esta la responsable directa del resultado, la principal involucrada, quien conozca de antemano hasta el más mínimo detalle y tenga respuesta para todo lo que suceda ese día, en ese evento.
Como suele decirse, Jessica será quien ponga la guinda del pastel a la fiesta, que podrá rematar como ella mejor considere, porque, si cumple los objetivos y expectativas que se han creado para ese día, tendrá capacidad para dar un pequeño discurso en español, aunque no vaya a ser algo que se le exija.

La tarta también podría servir como último detalle de despedida, antes de hacer las maletas y, por mucho que proteste y se resista, no le quede otro remedio que dejar que la lleven al otro internado y que sean allí donde se entiendan con ella, porque en el St. Clare’s ya no la ayudarán más, si no colabora, si el tratamiento que se sigue con ella no tiene el efecto deseado.
¿Sabor y estilo de la tarta?
No se dan detalles sobre cómo ha de ser la tarta o cómo le gustaría que fuera, pero está claro que Ana prefiere mostrarse optimista en cuanto al resultado final y que no sea algo que amargue. Es un voto de confianza para el que no cuenta con verse defraudada.
La única exigencia de Ana es que Jessica se ocupe de organizar la fiesta como mejor considere, como una chica de 14 años que para entonces ya habrá cumplido 15 y demostrado la suficiente madurez, que al menos en el desarrollo de su personalidad no se ha quedado bloqueada.
La fiesta ha de ser con temática española, ajustada a un presupuesto, dentro de las posibilidades que Jessica se pueda permitir, aunque se puede plantear que reciba algo de ayuda, si fuera necesario, porque tampoco es cuestión de que se limiten a comer pipas en el porche.
La tarta implica que ha de haber un gasto, lo que no es impedimento para que, en vez de acudir a la pastelería del barrio, sea Jessica quien la elabore.
El caso es que tome conciencia de que eso de vivir del cuento y que se lo den todo hecho, por su cara bonita o victimismo, no tiene ningún sentido ni validez en la vida real.
Hay cuestiones para las que el teléfono móvil e inalámbrico de Ana no funciona.

Origen
- Esperando a mi Daddy. Friday, June 23, 1995
- Reflexiones personales
- Traducción al inglés: ChatGPT

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