Embarcando en el avión

Introducción

Friday, June 23, 1995 (02:00 PM)

Llega el momento de embarcar. No se puede pasar toda la mañana en la terminal del aeropuerto a la espera de que avisen del embarque en el vuelo con destino: «Regreso al St. Clare», por el hecho de ser un vuelo nacional, porque ya hemos dicho que en los carteles no hay información con vuelos internacionales, quepan o no dentro del conocimiento o la imaginación de Jessica.

Sabemos que Ana no la ha traído hasta el aeropuerto para que suban al primer avión que se les antoje, aunque se lo haya llegado a proponer, por si con ello conseguía que se animaba un poco y abandonaba esa actitud negativa.

Se trata de un viaje organizado de antemano, con un destino claro, aunque la información le llegue a Jessica con cuentagotas, como suele decirse, porque está en actitud de no querer saberlo. Esa curiosidad irrefrenable e insaciable, al parecer, no ha tenido cupo en su equipaje. La tontería sí, pero va como equipaje de mano, a la espera de que con el uso y el desgaste no provoque una sobrecarga en el avión.

Esta primera tarjeta de embarque sí le permite que la tenga, que la maneje con total libertad, que se la quede, que la guarde como un recuerdo de este viaje, del hecho de que es la primera vez que se aleja del que ha sido su entorno y su mundo, como premio a esta valentía impuesta. Proximo destino: Philadelphia Airport

Sabemos que este es un viaje, un vuelo con una escala, de manera que la información que le proporciona es incompleta. No termina de aclarar adónde van en realidad ni cuánto tiempo durará el viaje.

Lo único seguro es que, de momento, parece que volarán hacia el sur, que de no ser por eso de que han de aprovechar esas dos semanas, igual hubieran podido hacer el trayecto por carretera, en tren o navegando por la corta. Sin embargo, el avión es un medio de transporte más rápido. Los días que no pierdan viajando los podrán dedicar a disfrutar de la piscina de casa de los amigos de Ana.

Pero, como digo, este viaje comienza con el embarque en el avión.

Embarcando (generado por Copilot)

No sé ni cómo terminé aquí. Cada paso que doy por la terminal es una mezcla de rabia y resignación. Ana camina delante de mí, con su aire confiado, como si esto fuera una gran aventura. Para mí, es solo otra prueba de que no tengo elección, de que las decisiones importantes las toman otros por mí.

A mi alrededor, gente apresurada arrastra maletas, revisa documentos, corre hacia las puertas de embarque. Yo solo miro el cartel de vuelos, buscando algo que me diga que este viaje tiene algún sentido. No hay vuelos a Toledo, España. Ni siquiera hay opciones que me den una pista de que, de algún modo, todo esto está relacionado con Daddy. Solo vuelos nacionales.

Ana me entrega mi pasaporte como si fuera un premio, pero yo lo recibo con frialdad. No me da la gana preguntar adónde vamos, porque no quiero darle la satisfacción de verme curiosa. Me siento atrapada, y aunque mi mente grita por una escapatoria, mis pies siguen caminando tras ella, hacia el mostrador de facturación.

La fila avanza rápido. Ana maneja todo con facilidad, entrega los documentos, confirma los asientos. Mientras, yo sigo sintiendo que esto no es real. Cuando finalmente tengo mi tarjeta de embarque en la mano, leo el destino: Philadelphia. El estómago se me revuelve; No España; No Daddy. Tan solo otro lugar donde estaré dos semanas sin saber para qué.

Pasamos el control de seguridad, y cada paso es un recordatorio de que esta historia no la escribo yo. No llevo nada peligroso, solo el peso de lo que no sé y de lo que nunca me cuentan.

Al llegar a la puerta de embarque, Ana me lanza otra sonrisa animada, pero yo solo quiero que todo termine. Cuando anuncian el abordaje, camino con ella hasta el túnel que nos lleva al avión. Mi corazón está en otra parte, en algún lugar donde Daddy me estaría esperando, donde no me sentiría tan perdida.

Me acomodo en mi asiento junto a la ventanilla. Afuera, los aviones despegan y aterrizan, llevando a otros pasajeros hacia destinos que ellos sí eligieron. Yo solo miro por la ventana, imaginando que, en lugar de despegar hacia Philadelphia, este avión me llevara directamente a él.

Ana me dice algo, pero no respondo. Solo recargo la cabeza contra la ventanilla y cierro los ojos. Este viaje ya empezó, pero todavía no sé si me llevará a donde realmente quiero estar.

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