Reflexiones de una mañana

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Friday, September 8th, 1995. 06:20 AM

Viernes, 8 de septiembre de 1995: Reflexiones de una mañana

06:20 AM: El sonido del despertador y los primeros pensamientos

El despertador suena por tercer día consecutivo, interrumpiendo mi sueño. Pero hoy es diferente. Ana no está asomada a la puerta. Supongo que me quiere dar un voto de confianza y espera que sea capaz de llegar al bus sin que me meta prisa y sin que aproveche para saltarme las clases, lo que sabe que no es mi costumbre. Salvo con la asignatura de Spanish, aunque este curso no se admiten excepciones y he de asistir, aunque no quiera, ya que no es algo que me motive en exceso.

Siento que aprovecharía mucho mejor el tiempo en la biblioteca, pero supongo que es preferible soportar a Mr. Bacon antes de que la biblioteca a la que vaya sea la de Matignon High. Lo único que se me exige es que esté en clase, lleve los ejercicios al día y haga los exámenes lo mejor que sepa. No necesito ser la mejor, porque para eso ya está Yuly. Debería poner un poco menos de entusiasmo; en comparación con ella es demasiado evidente que no tengo ningún interés en la asignatura, que adoptamos posturas opuestas. Aun así, cuando Yuly no se muestra una entusiasta del español, supongo que somos buenas compañeras de clase, que me entiendo mejor con ella que con las demás.

La complicidad forzada con Yuly

Aún no entiendo del todo las motivaciones que tendrá Yuly por mi amistad. Quizás el hecho de que se haya sentado a mi lado y sea mi compañera en el trabajo de Spanish ha provocado que las demás nos miren a las dos con cierto recelo. Yo me he convertido en la chica de la que se burlan los chicos y ella se hace notar demasiado por su entusiasmo. Supongo que no nos quedan muchas opciones: o encontramos una complicidad, por difícil que sea, o terminamos como dos solitarias que no quieren trato con nadie.

Por lo que la conozco, me temo que ella no es de ese tipo de chicas; es mucho más sociable que yo. Si no encajara aquí, imagino que buscaría amigas en otros grupos. A mí tampoco me da igual quedarme sola. Me da la impresión de que los chicos me ven menos desamparada y se burlan menos cuando estoy acompañada, y además, necesito un empujón con Spanish. Sería una estupidez rechazar el acercamiento de la más lista de la clase, sobre todo si siento interés por su parte. Ya veremos qué pasa cuando presentemos el trabajo la semana que viene. Tal vez después no tengamos nada en común, salvo que nuestras sillas están una al lado de la otra.

La ventana, el clima y los sueños lejanos

Como cada mañana, me asomo a la ventana para ver qué tiempo hace, aunque ya dejé la ropa preparada anoche. Ayer por la tarde chispeaba, y casi prefiero que haga mal tiempo. Así se me quitan las ganas de escaparme a Carson Beach y me causa menos reparo acudir a clase. Sé que sería una travesura imperdonable, y que mi ausencia no pasaría desapercibida. Es mejor no arriesgarse y confiar en que el sábado haga bueno y Ana organice una excursión con las chicas que nos quedamos. El día amanece nublado y casi tengo la impresión de que ha faltado poco para que me levantase antes que el sol. Lo malo es que mi habitación está orientada al oeste, así que nunca puedo ver el amanecer sobre los edificios de Medford. Me gustaría poder contemplarlo, imaginar que un poco más allá está Boston, el Océano Atlántico y, al otro lado, las costas españolas. Y en algún lugar de la península, Toledo y la casa de Daddy. Mi consuelo es que puedo contemplar el atardecer y Fulton St., y no la fachada lateral de los vecinos, porque el espacio intermedio con la alambrada es un poco tétrico.

06:45 AM: La exigencia de Ana y la estrategia para Spanish

Antes de salir, Ana me ha exigido que repase mi horario y el contenido de la mochila. Que el otro día no me llevara el libro de Spanish fue una mala idea, y ella lo ha interpretado como una falta de interés por mi parte hacia la asignatura más importante de este curso, de la que depende mi continuidad en St. Clare’s. Reconozco que fue premeditado.

Friday, September 8 Day period: 3 1 English 2 World History I 3 Spanish Lunch A 4. Physical Education/Health 5. Algebra 1 6 Science

Mi plan no ha cambiado: pretendo hacer lo mínimo para aprobar y librarme de este compromiso. Al menos, ahora tengo a Yuly. Conoce el idioma y no le importará ayudarme. De todos modos, espero que no me considere una aprovechada y que, si de verdad llegamos a ser buenas amigas, no piense que me motiva tan solo el interés. Ya me he dado cuenta de que no tenemos tanto en común y quizás no sea tan fácil que estemos de acuerdo en todo, pero, mientras nos necesitemos y haya entendimiento, supongo que seremos amigas.

La vida en St. Clare’s y la espera de un padre

Ana también me ha advertido que sea prudente con la taquilla del instituto y que no deje demasiadas cosas, sobre todo para no tener la excusa de que olvidé el libro de Spanish allí. Cuantas menos cosas guarde, mejor. Desde que dejé de escaparme para jugar con los chicos del parque, mis tardes aquí son aburridas y monótonas.

Nunca he encontrado mi ambiente. Con Jodie y Brittany me relacionaba, pero ellas siempre hablaban de sus planes de fin de semana con sus familias de acogida, mientras yo solo podía soñar con la posibilidad de que Daddy viniera a recogerme algún día. Aquí en St. Clare’s nos quedamos las chicas con una situación familiar un poco más complicada.

07:05 AM: La parada del bus y el peso de las burlas

Llego a tiempo a la parada, el bus aún no ha pasado. Es un alivio, porque ya me temía que llegaba con retraso y me tocaría ir a pie. Es mucho más cómodo en el bus, voy sentada y no me tengo que cansar. Supongo que no tengo que envidiar la suerte de nadie, y menos la de Yuly, a quien traen en coche desde West Roxbury; estoy convencida de que madruga más que yo. Si puedo, no me importaría estar en estas condiciones hasta que tuviera que ir a la universidad, aunque para entonces confío en que Daddy habrá venido a por mí o que tendré la opción de irme con él. De todos modos, es mejor que no me haga ilusiones. Aún tengo que aprobar este curso, y sobre todo la asignatura de Spanish, un objetivo que se me plantea difícil.

Con el único que coincido cada día es con el estúpido de mi compañero de clase, el instigador de «la cancioncita» y de todas las burlas. Si no le caigo simpática no es mi problema, pero no tiene derecho a mantener esa actitud humillante. Se supone que lo mejor es no hacer caso. Los profesores están al corriente, pero no le dan importancia, piensan que es una cosa de los primeros días y que el asunto se pasará pronto. Pero eso es porque no han escuchado la cancioncita en boca de gente que ni me conoce. Han convertido mi nombre en un insulto. Ser una «Jessica Bond», por lo que me ha parecido entender, significa:

  • Ser una chica sin ningún atractivo que pretende ser una belleza.
  • Ser, además de fea, «tonta a más no poder».
  • No tener autoestima.
  • Ser objeto de burla de todo el mundo.

Yo no soy así. Acepto que tengo mis problemas, pero no soy eso. El concepto que quiero que tengan de mí es el de una hija de la que Daddy se sintiera orgulloso. Si no soy más sociable es por mi estancia en St. Clare’s, o porque mi madre me abandonó al nacer. Como dice Ana, soy una «niña incomprendida» que está en proceso de maduración, corrigiendo los errores de quienes no supieron ver mis verdaderas necesidades.

07:45 AM: Encuentro en el pasillo del instituto

El bus llega puntual y tengo tiempo de pasar por la taquilla. Es práctico para no ir cargada de clase en clase. Justo entonces veo a Yuly llegando por el pasillo, con el tiempo justo. Un poco más y se queda fuera. Me es tan complicado hacer amigas en mis circunstancias, porque por un motivo u otro al final no llegamos a tener tiempo de afianzar esa amistad.

Hasta ahora no habíamos coincidido en las taquillas y he sospechado que no estarían muy juntas. Pero si lo estuvieran, sería una ocasión más para vernos, para que este fuera nuestro punto de encuentro. Tampoco es que la haya buscado, porque en realidad temo lo que pueda pasar en los próximos días, cuando Yuly empiece a tomar confianza con alguna otra chica y se olvide de mí porque no tenemos tanto en común y lo del trabajo de Spanish no se alargará todo el año.

Para mi sorpresa, la taquilla que abre no está en un extremo del pasillo, sino que tan solo nos separan cuatro de la mía. Eso facilita que nos podamos saludar, que empecemos el día con un momento de complicidad. Dada la hora, me temía que me trataría con más frialdad, pero me saluda con cercanía.

—¡Por los pelos! – Me dice en tono afable. – Había tráfico. Si se tratase de Mr. Bacon, no me hubiera importado llegar tarde y faltar a clase, pero éste es un hueso duro.

—¡Si yo falto a clase de Spanish, me cuelgan! – Le respondo con complicidad. – Con el resto de las asignaturas no importa tanto porque se supone que soy más responsable.

—Conmigo tampoco hacen excepciones – me contesta.

En ese momento, Ms. Bradford pasa a nuestro lado. —A ver, las charlatanas, ¡que empiezan las clases! Dejad las confidencias para el descanso —pide, y entendemos que se refiere a nosotras.

—Perdón —se disculpa Yuly.

—Cuando estéis en clase de English, no ejercitéis el musculo equivocado —le responde Ms. Bradford—. Si queréis hablar, ofreceos voluntarias cuando haya que salir a la pizarra.

Origen