Un juego de tarjetas

Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Friday, September 8th, 1995. 09:50 AM

Un juego de tarjetas para romper el hielo en la clase de español

Por Jessica Marie Bond

1. Un viernes más en la clase de Mr. Bacon

Es viernes, 8 de septiembre, y la clase de Spanish con Mr. Bacon se siente distinta. Después de la agitación del primer día, el ambiente ha cambiado. Frente a la actitud participativa del primer día, esta mañana se impone el silencio. Nadie quiere destacar por encima del resto.

Bueno, casi nadie. Yuly no puede evitar su entusiasmo. Su actitud solo pone en evidencia su favoritismo por el profesor. Ya me comentó que va sobrada en esta asignatura, y tengo claro su plan: cuanto antes Mr. Bacon lo sepa, antes se asegurará el aprobado y dedicará su tiempo a otras asignaturas, porque no le exigirá más que al resto. Justo lo contrario a mí.

Yuly adolescente// Nano Banana

La pregunta del profesor y el silencio de la clase

Mr. Bacon intenta aclarar el nivel de conocimiento que tenemos del español, supongo que para ver si nos puede dar ya el título universitario o si tiene que empezar desde cero. Lanza una serie de preguntas al aire, pero se encuentra con un muro de silencio.

  • «¿Alguien más tiene alguna noción de español?»
  • «¿Alguien que haya estado en España o países de habla hispana?»
  • «¿Alguien que tenga algún familiar, amigo o conocido que hable español, aunque sea como segunda lengua?»
  • «¿Alguno a quien le guste la música en español?»

A todos nos ha comido la lengua el gato. Nadie contesta. Yo me quedo callada, por supuesto. Mi excusa es que las presiones de Ana me han condicionado; me siento condicionada por mi estancia en el St. Clare y mi ignorancia es por convicción, más una actitud que un hecho. Pero la verdad es que si no he abierto la boca es porque prefiero pasar inadvertida, le dejo la iniciativa a los demás.

3. La actividad «divertida» de las tarjetas

Viendo que no hay manera de sacarnos una palabra, Mr. Bacon se lo toma con buen humor. «Si nadie responde, entenderé que esto del español os suena a chino a casi todos«, nos dice. En lugar de insistir, propone algo diferente. «Ahora haremos algo divertido. Os repartiré dos tarjetas a cada uno y deberéis encontrar la pareja de cada una de ellas».

Yuly, cómo no, es la primera en preguntar. —¿Tenemos que hablar en español? —Quien sepa, que lo haga —le responde Mr. Bacon—. La exigencia mínima es que intentéis leer, traducir y entender el mensaje de las tarjetas. —¿Qué hacemos cuando hayamos conseguido las dos parejas? —insiste ella. —Os esperáis porque no faltará tanto para que termine la clase —contesta el profesor—. Se permite que habléis entre vosotros en español sobre lo que sea, así os servirá para de práctica y para perder el miedo.

4. Mis tarjetas y la «ayuda» de Yuly

Mr. Bacon reparte las tarjetas y a mí me tocan estas dos:

  • ¿Qué día es hoy?
  • El cuatro de julio

Casi al instante, Yuly se acerca a mi pupitre y echa un vistazo.

Yuly: Me parece que tienes la pareja de una de mis tarjetas —me dice en inglés.

Jessica: Se supone que tenemos que hablar en español —le recuerdo.

Yuly: ¡Por lo que sé de ti hasta ahora me temo que no hablarás español ni aunque de ello dependa de que apruebes! —replica—. Además, eres tan descuidada que ya he leído tus tarjetas.

Terminamos hablando en voz baja sobre cómo Ana me obliga a leer en español. Le explico que ella solo quiere que mis oídos se acostumbren.

Jessica: —Que lo entienda o no ya es asunto mío —le confieso. Le explico que, de tanto escucharla, a veces deduzco lo que dice por el contexto.

5. ¿Un juego sin parejas?

Intrigada, le pregunto cuál de sus tarjetas se empareja con la mía. Me las enseña.

  • ¿Cuándo es tu cumpleaños?
  • ¡Silencio!

Las leo y las traduzco. Hoy no es 4 de julio, y «¡Silencio!» no parece una respuesta a nada. De repente, Yuly me mira con cara de sorpresa.

Yuly: —¡Eres más sorda que una tapia! —me dice.

Es entonces cuando todo encaja.

Jessica: A mí me parece que esto de que las tarjetas estén emparejadas no es verdad —le digo—. No es más que una excusa para que hablemos en español.

6. Una conversación en lugar de un juego

Al final, el juego de las tarjetas se convierte en una simple conversación entre Yuly y yo. Me cuenta que habla español de forma casi natural. El mérito es de su tío Luis en Vigo, que la obliga cuando está de vacaciones, y su madre a veces también le habla en ese idioma.

Jessica: —¿No te armas un lío? —le pregunto—. La única que me habla en español es Ana.

Yuly: —¿Tu tutora es hispana? —pregunta extrañada. .

Jessica: —Creo que no —le respondo—. Dice que es de Somerville. Este verano me ha llevado de viaje a un sitio donde se hablaba en español. No sé dónde porque no me lo aclaró.

El juego no funcionó, pero al menos sirvió para que habláramos. La idea de que seamos amigas no me desagrada del todo, pero supongo que sucederá lo mismo de siempre, en cuanto haga amistad con otra chica se olvidará de mí. Yo no tengo nada interesante que aportar, no soy más que la chica del St. Clare que tan solo ha salido del barrio en una ocasión y por las malas. Mientras que Yuly es una chica de mundo; ella es de West Roxbury y su madre es de España.

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