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Friday, September 8th, 1995. 09:50 AM
Más Allá de las Tarjetas: La Intención Oculta de un Juego en la Clase de Español
Por Mr. Bacon
1. Introducción: Cuando el Silencio Habla Más Fuerte que las Palabras
El pasado viernes, 8 de septiembre, mi clase de español se sumió en un silencio denso y colectivo. Atrás quedaban los nervios iniciales del curso; lo que ahora reinaba era una quietud que se sentía casi como un muro. Mis intentos de fomentar la participación a través de presentaciones fueron recibidos con una notable falta de entusiasmo. Nadie se ofrecía voluntario, nadie quería hablar. Como profesor, me enfrentaba a la pregunta pedagógica que define gran parte de nuestra labor: ¿cómo se transforma la vacilación en participación y el miedo en comunicación?

Mi respuesta no fue una nueva batería de preguntas ni una lección magistral. Fue un juego de tarjetas. A simple vista, un ejercicio sencillo para encontrar parejas. Sin embargo, su propósito era mucho más profundo que un simple emparejamiento. Era una estrategia diseñada para desmantelar ese muro de silencio, ladrillo a ladrillo.
2. El Desafío: Un Aula Participativa pero Silenciosa
El contexto era desconcertante. El primer día de clase, había percibido una actitud participativa, una energía prometedora. Pero en esta sesión, el silencio se había impuesto. Mi objetivo inicial era claro y directo: necesitaba «aclarar mejor el nivel de conocimiento que tenéis del español» para adaptar el curso a sus necesidades reales. Sin embargo, ante la ausencia total de voluntarios para hablar, tuve que cambiar de estrategia.
El silencio era roto únicamente por el español seguro de una sola alumna, Yuly. Aunque su entusiasmo era bienvenido, amenazaba con ahondar el mutismo de los demás, creando una dinámica de una oradora y muchos espectadores. Mi estrategia debía involucrar a todos, no solo a quien ya se sentía cómoda.
Con un toque de humor para aligerar el ambiente, les dije:

Mr. Bacon: Si nadie responde, entenderé que esto del español os suena a chino a casi todos. No pasa nada, así tendremos una excusa para aprovechar la clase y aplazamos la ceremonia de graduación para una mejor ocasión
Viendo que la aproximación directa no funcionaba, decidí que era el momento de dejar de pedirles que hablaran y crear una situación en la que la comunicación fuera una consecuencia natural y necesaria.
3. La Actividad: Un Juego para «Encontrar la Pareja»
Anuncié que haríamos «algo divertido». Las instrucciones eran sencillas, diseñadas para ser accesibles para todos, independientemente de su nivel.
- Mecánica del juego: «Os repartiré dos tarjetas a cada uno y deberéis encontrar la pareja de cada una de ellas«, expliqué, añadiendo con confianza: «Confío en que a nadie le toque las dos tarjetas de la misma pareja y que tampoco haréis trampa«.
- Requisitos mínimos: Para asegurar que nadie se sintiera excluido o presionado, establecí un punto de partida muy bajo. «La exigencia mínima es que intentéis leer, traducir y entender el mensaje de las tarjetas«. Esto garantizaba que cada alumno, incluso el más principiante, tuviera una tarea concreta y alcanzable.
- Objetivo de comunicación: Para los más avanzados y como meta final para todos, la directriz fue clara: «Quien sepa, que lo haga [hablar en español]… Se permite que habléis entre vosotros en español sobre lo que sea, así os servirá para de práctica y para perder el miedo«.
4. La Verdadera Misión Pedagógica: Lo que las Tarjetas Realmente Buscaban
Detrás de la simple fachada de un juego, había una estructura de objetivos pedagógicos cuidadosamente diseñada. La misión no era encontrar tarjetas, sino encontrar la confianza para comunicarse.
4.1. Romper el Hielo y «Perder el Miedo»
El objetivo primordial no era la corrección lingüística, sino la creación de un entorno de bajo riesgo. El silencio de los alumnos nacía de la ansiedad y la autoconciencia de sentirse expuestos. Al ponerlos en movimiento, dándoles un objetivo tangible (buscar a sus compañeros) y enmarcando la tarea como un «juego», la presión de «hablar español correctamente» se disipaba. La meta real estaba en mi instrucción final: «perder el miedo». El movimiento físico rompe la rigidez del aula tradicional y la comunicación se convierte en una herramienta para jugar, no en una prueba a superar.
4.2. Fomentar la Comunicación por Encima del Ejercicio
Aquí reside el verdadero «secreto» de la actividad: las tarjetas no estaban necesariamente emparejadas. Fue gratificante observar que la treta funcionaba como había previsto. Escuché a una alumna, Jessica, conjeturar correctamente ante una compañera que el juego era simplemente «una excusa para que hablemos en español». Había descubierto el secreto, que era precisamente el objetivo. El verdadero ejercicio no era encontrar una pareja que quizás no existía, sino el proceso de levantarse, acercarse a un compañero, preguntar, negociar significados y, finalmente, llegar a una conclusión juntos. El puzle era el pretexto; la interacción genuina era el objetivo.
4.3. Construir una Comunidad Colaborativa
La tarea era imposible de resolver de manera individual. Cada alumno solo tenía una pequeña parte de la información. Para tener éxito, estaban obligados a interactuar con todos los demás, a verse unos a otros como recursos indispensables. Este diseño obligaba a la colaboración y al aprendizaje entre pares. Dejaban de ser individuos sentados en pupitres para empezar a tejer los primeros hilos de una comunidad de aula, un grupo donde apoyarse mutuamente es la clave para avanzar.
4.4. Valorar la Participación sobre la Perfección
Esta actividad fue la aplicación inmediata de mi filosofía de evaluación. Cuando una alumna, Jessica, se negó rotundamente a participar momentos antes, recordé a toda la clase un principio fundamental: «en mi clase se puntúa la participación y la disposición a aprender. Un examen perfecto o aprobado por la mínima no vale de nada, si no participáis en clase».
El juego de tarjetas, por lo tanto, no era un ejercicio abstracto; fue una oportunidad directa e inmediata para que todos, especialmente los más reacios, demostraran esa misma disposición. No importaba si su español era perfecto; el simple acto de levantarse, intentar comunicarse y colaborar era la forma más valiosa de participación. Estaba evaluando el esfuerzo, no la fluidez.
5. Conclusión: Sembrando las Semillas de la Confianza
La enseñanza de un idioma va mucho más allá de la gramática y el vocabulario; es, fundamentalmente, el arte de construir puentes de confianza. Se trata de crear un entorno seguro donde los estudiantes se atrevan a cometer errores, a experimentar y, sobre todo, a comunicarse.
La actividad de las tarjetas no fue un simple juego para llenar los últimos minutos de una clase de viernes. Fue el primer paso deliberado para transformar a un grupo de individuos silenciosos en una comunidad de aprendizaje activa y comunicativa. Fue sembrar las primeras semillas de la confianza, tanto en ellos mismos como entre ellos.
Aún queda mucho camino por recorrer, pero viendo la interacción que finalmente surgió, soy optimista. Como les dije ese mismo día, y es el compromiso que mantengo:

Mr. Bacon: El objetivo de esta clase es que aprendáis el idioma y por empezar desde lo más básico nadie se ha muerto todavía.
