Wednesday, August 23, 1995

09:00 AM. Bedroom

Notebook of Jessica
Wednesday, August 23, 1995. 08:30 AM. 
July 1995
August 1995
El plan para estos dos meses con Ana, como la persona que se ha quedado a cargo del St. Clare’s, y yo, la única chica que paso aquí todo el verano, es muy diferente a cuando se queda Monica. Aparte que éste también es diferente a los anteriores porque se supone que soy un año más mayor, más responsable. Sobre todo, he de tener en cuenta que el próximo curso seré alumna del Medford High y entre mis asignaturas estará la de Spanish. A la que tendré que acudir sin falta me agrade o no. De lo contrario, no me quedaré ni un minuto más del tiempo que se tarde en gestionar mi traslado al Matignon High. Según Ana, una llamada telefónica y una patada en mi lindo trasero. Sin embargo, como soy una chica responsable y no quiero que aumente la factura del teléfono ni les acusen de maltrato a una menor, supongo que es mejor que me plantee la asistencia a esas clases con la mayor de mis resignaciones. No me queda otro remedio.

No sé dónde tengo apuntado el horario de estos días. Aunque ya casi estamos a final de las vacaciones, lo volveré a anotar en el diario para que no se me olvide, por si el año que viene Ana también se quedara, para que mantengamos el mismo. Porque, a pesar de que no es muy divertido, al menos paso tiempo con ella. Dado que Monica no suele estar tan pendiente de mí. Si no fuera porque respiro, ésta se desentendería de mí durante todas las vacaciones. Ana prefiere que haga algo más que respirar, aunque también me da bastante libertad.

08:00 AM 	                Wake up
08:30 AM –08:45 AM. 	Breakfast
12:30 PM – 01:00 PM. 	Lunch
04:00 PM – 04:30 PM. 	Sandwich
07:30 PM – 08:00 PM. 	Dinner
10:00 PM – 10:15 PM. 	Milk
10:15 PM – 10:30 PM. 	Pajama
11:00 PM. 	               Go to bed. Sweet dream.

Fuera de esas horas puedo hacer varias cosas: 
- aburrirme como una tonta; 
- lo que me dé la gana; 
- establecer mi propio horario de tareas 
- o dedicarme a la lectura en Spanish, ya sea en compañía de Ana o por mi cuenta.
 
Si vamos a Carson Beach, que este verano tan solo hemos ido en dos ocasiones a causa del mal tiempo, el horario no se altera. 

Saturday	12	Partly cloudy	Carson Beach
Saturday	19	Mostly sunny	Carson Beach

La excursión a la playa sí o sí es de 09:00 AM-07:00 PM.

Si salimos más tarde, es tiempo que pierdo. 
Si regresamos más tarde, porque hayamos perdido el autobús a causa de mis distracciones, se supone que lo tengo que compensar con horas de lectura. Por lo cual, lo habitual es que a la hora del sándwich recojamos y emprendamos el camino de regreso. 

Ana lleva muy a rajatabla eso de que hay que esperar al menos una hora para la digestión antes de meterse en el agua. Aunque yo, más que a bañarme, vaya a tomar el sol y a pasar las horas con la mirada perdida en el horizonte. Pienso en mis cosas y en Daddy.

Este verano, después de la vuelta del extraño viaje, me compré un bikini rojo. De esos que, según Ana, fomentan, mi afición a mirarme al ombligo. Como si no hubiera escarmentado bastante de mi experiencia con los chicos. Porque una cuestión es que quiera ir a Carson Beach y me ponga el traje de baño no me tape hasta las orejas y otra muy distinta que del bikini sean mis orejas lo menos interesante que enseñe. Por lo cual, supongo no es una compra que cuente con su total beneplácito. Pero tampoco me ha puesto demasiado reparo a que me lo ponga cuando vayamos a Carson Beach. Se supone que allí voy a bañarme y a tomar el sol, por lo que tampoco necesito llevar mucha ropa encima. La justa como para que nadie me acuse de ser poco pudorosa. Porque lo cierto es que casi todas las chicas van más o menos como yo, de modo que no desentono. 

De lo que estoy segura es de que jamás me iría en esas condiciones al parque para jugar con los chicos, porque eso sí resultaría humillante y escandaloso. Cuando me acerco por el parque procuro que mi aspecto deje claro que soy una chica y no un objeto decorativo al que hayan de comerse con los ojos.

Para que me entretenga y piense un poco más en mi futuro y no tanto en “los pelos que tengo en el ombligo”, como dice ella a modo de broma, me ha dejado el listado con los requisitos que se exigen a las familias adoptantes, de esas de las que no quiero saber nada o, como mucho, que no les intereso lo más mínimo porque será Daddy quien me saque del St. Clare’s cuando venga a por mí. 

De todas maneras, no me lo ha dado porque haya encontrado a alguien que se quiera quedar conmigo por las malas. Ya que por las buenas no me convencerán. A por mí tiene que venir Daddy. Me da igual, si es mañana o dentro de cuatro años. Aparte que, después del viaje a ese destino desconocido, tengo más motivos para estar ilusionada con esa posibilidad. Por mucho que Ana no me quiera contar nada, porque insiste en que son asuntos del St. Clare’s y que mi cabezonería tiene sus consecuencias. Que, como me llevó por las malas, no tengo derecho a saberlo, salvo que lo averigüe por mi cuenta. Un mes y medio después de haber vuelto me temo que no tengo ninguna posibilidad de descubrir nada, porque tan solo tengo el pasaje de avión del vuelo de ida a Philadelphia y el recuerdo de no tener muy claro dónde estuve, porque estaba en medio de ninguna parte y la tarde que pasamos en la ciudad no me ayudó demasiado.
Cuestionario de adopción
a)	Tener medios estables y suficientes de vida.		
b)	Disfrutar de un estado de salud, física y psíquica, que no dificulte el normal cuidado del menor.		
c)	En caso de parejas, convivencia mínima de tres años.		
d)	En caso de existir imposibilidad de procrear en el núcleo de convivencia, que la vivencia de dicha circunstancia no interfiera en la posible acogida o adopción.		
e)	Existencia de una vida familiar estable y activa.		
f)	Que exista un entorno relacional amplio y favorable a la integración del menor.		
g)	Capacidad de cubrir las necesidades de todo tipo del niño o niña.		
h)	Carencia en las historias personales de episodios que impliquen riesgo para la acogida del menor.		
i)	Flexibilidad de actitudes y adaptabilidad a situaciones nuevas.		
j)	Comprensión de la dificultad que entraña la situación para el menor.		
k)	Respeto a la historia personal del menor.		
l)	Aceptación de las relaciones con la familia de origen del menor, en su caso.		
m)	Actitud positiva para la formación y la búsqueda de apoyo técnico.	
Después de haberle echado un vistazo al listado, la verdad es que me parece complicado eso de que haya alguna familia que consiga adoptar, porque se requieren muchos datos y requisitos. Me gustaría pensar que, si Daddy viniera a por mí, y le obligasen a que rellenase ese cumpla con toso estos requisitos  para que le permitieran que me fuera con él, cumpliría con todo. Porque, de otro modo, no servirá de nada que se presente aquí, que se moleste. 

Sin embargo, para que no sea demasiado pesimista al respecto ni pierda la ilusión, Ana me ha asegurado que para Daddy el único requisito será que asuma mi plena paternidad. Aunque de todas maneras, convendría que considerase este listado como un examen que ha de aprobar con la mejor nota posible. Con la particularidad de que se trate de las respuestas que habrá de dar sobre su vida y las condiciones en las que yo viviré, si me quiere con él. Tal y como Ana me ha dicho muchas veces, por si tengo que  vivir debajo de un puente y dormir entre cartones viejos. Es mejor que me quede en el St. Clare’s hasta que me haga mayor y sea autosuficiente. Lo cierto es que, de momento, me quedo un curso más, con la condición de que asista a clases de Spanish y apruebe. Entonces me quedaré tres cursos más. Si me salto las clases o suspendo, Ana me ha asegurado que en la residencia del Matignon High hay una cama muy cómoda con mi nombre.

Según Ana, otra manera de acogimiento o adopción, gracias a lo cual se mantiene el St. Clare’s, son las donaciones. Aunque la principal fuente de ingresos procede de la parroquia. De ahí que nos insistan tanto en que le demos la importancia que merece al hecho de que se pida dinero en misa. Que no siempre es para el mantenimiento del templo ni para los misioneros. De todo lo que se recauda algo es para nosotras. No siempre en la cuantía que necesitamos. Pero menos que eso es nada y somos muchas bocas que alimentar a lo largo del curso. Por lo que también se agradecen las donaciones directas por pequeñas que se consideren. En realidad, en ese sentido no vale menos un centavo que un millón de dólares. Lo malo es que donaciones de muchas cifras no llegan nunca y centavos más de los que nos gustaría. Pero tenemos que estar agradecidas porque esas donaciones se hacen de corazón. Ana está segura de que mucha gente lo hace renunciando a algún capricho. De manera que todo tiene su mérito y muchos centavos juntos al final suman un montón de dólares.

Las donaciones en efectivo se entregan en la parroquia o en el St. Clare’s. Ana me ha dicho que algunas personas lo hacen porque a cambio obtienen deducciones fiscales, por lo cual es como si el dinero procediera de los fondos estatales. Pero, de igual modo, se pueden hacer de manera anónima y desinteresada, que son las que a ella más le gustan, aunque para la contabilidad del St. Clare’s todo se contabiliza y registra, para el caso en que venga alguna inspección, ya que cerrarán el St. Clare’s, en caso de que sospecharan que se realiza alguna actividad ilegal. Aquí no se trafica con el dinero ni con nosotras, el dinero es para cubrir nuestras necesidades y no se pide ninguna compensación económica a las familias de acogida, tan solo que cumplan con los requisitos exigidos por la ley y que nos den unas condiciones de vida iguales o mejores a las que recibiríamos de nuestros padres o si siguiéramos en el St. Clare’s.

También se admiten donaciones materiales, ya sea nuevo o usado. Todo eso que en vez de guardarse en el trastero, porque ya no les valga, nos servirá a nosotras. A nosotras nos gusta más que sea todo nuevo. Que la gente, en vez de dar dinero, porque teme que no se administre bien, opte por comprarnos lo que necesitemos, en cuanto a ropa, material escolar y cosas de esas. Sobre todo, lo hacen las familias de acogida de fin de semana y vacaciones, porque se sienten obligados a tratarnos casi como si fuésemos sus propias hijas. De algún modo, como yo no he tenido padres de acogida, el trapicheo que durante algún tiempo he tenido con la ropa entiendo que es una manera de donación material. 

Quizá yo haya sido un poco ingenua en ese sentido, al negarme a que me encuentren a una familia de adopción o de acogida. Pero todo lo que quiero o necesito prefiero que me lo dé Daddy cuando venga a por mí. Si no, ya me lo conseguiré yo por mi cuenta, que para eso tengo mi asignación semanal. De todos modos, hay cosas que entran dentro del presupuesto del St. Clare’s y que se nos proporciona a todas por igual.

La cuestión es que cada año que pasa me hago mayor y ,dado que en teoría éste debería haber sido mi último verano en el St. Clare’s y en la práctica es uno más, como de algo tenemos que hablar Ana y yo, porque no todo es leer en Spanish para que me habitúe a oírme, aunque no me esfuerce en comprender lo que leo, Ana ya tiene la suficiente confianza conmigo como para hablarme de las cuestiones y asuntos del St. Clare’s, con idea de que aparte de vivir aquí y, de vez en cuando ayude en lo que pueda. 

Aunque más que ocuparme de cuestiones económicas, Ana espera que esa ayuda sea que esté pendiente de las niñas pequeñas y reprima mi curiosidad por lo que son asuntos de mayores. A pesar de que sabe de mi interés al respecto. Porque mi sueño es llegar a estudiar algo relacionado con Economía en la universidad.
 
Hay quien tiene otras aspiraciones, Pero a mí me ha dado por ahí. Por todo lo referente al dinero. Según Ana, tengo ese impulso porque es lo único que me hace conocer el mundo sin necesidad de moverme de donde estoy. En broma me dice que, como no me espabile y aplique en los estudios, yo seré la causante de la próxima crisis mundial.

La evidencia de esa madurez, no sé si mental, pero sin duda física, está en que, hasta hace tres o cuatro años, era lo que se dice “una tabla”. Supongo que, como cualquier otra chica de mi edad, pero ahora ya no necesito tanto relleno para la ropa interior y el bikini, ya no se mueve de su sitio con tanta facilidad. Aunque me da la impresión de que no será algo de lo que presuma. 

Lo cierto es que, como ya me sentía bastante señalada en el St. Francis School a causa de mis ausencias de las clases de Spanish y de lo poco o mucho que he tenido, lo del relleno en la ropa no ha sido una de mis costumbres más habituales. Alguna vez me he llegado a poner un calcetín o papel higiénico. Pero, como no me gusta demasiado que me miren, prefiero que esa parte de mi cuerpo no resalte demasiado. Soy de las que van tapadas casi hasta el cuello, salvo cuando estoy en Carson Beach porque no me resisto a los trajes de baño ni a los bikinis. Sería estúpido que llevará otras prendas para meterme en el agua.

Según Ana, ahora que ya he superado las fronteras de mi mundo, después de nuestro viaje, tengo las ideas un poco más claras con respecto a cómo son las chicas en otros lugares y no tengo como referencia tan solo a las del barrio o las de Carson Beach. Quizá el viaje no haya servido para que supere mis líos mentales, pero se supone que me ha de servir para madurar a nivel personal, para ser un poco más consecuente con mi edad y circunstancias; Sin temor al hecho de hacerme mayor, a aceptarme tal y como soy. 

He de hacerme a la idea de que esto no ha sido más que un anticipo de lo que será mi encuentro y vida con Daddy. Aunque más que fijarme en los detalles, porque muy alentadores no han sido, debo fijar la atención en mis sentimientos; en las sensaciones que he tenido. Pensar en sí seré o no capaz de asumir ese cambio tan drástico en mi vida. Porque cuando Daddy venga a por mí, me sacará de Medford, de lo que ha sido mi ambiente hasta ahora y me llevará a lo desconocido. Como Ana me ha advertido, no se admitirán devoluciones. Por lo cual, más vale que haga lo imposible por adaptarme y no le ocasione a Daddy más problemas de los necesarios.

03:00 PM, Saint Clare’s. Bedroom

03:00 PM. Wednesday, August 23, 1995
Ana me ha dado permiso para que me vaya a dar un paseo hasta la hora de la cena. No hay nada que hacer en el St. Clare’s, salvo que coja un libro de Spanish, lo utilice para que le haga compañía y tenga una excusa mientras se ocupa de sus asuntos. La rutina cambia cuando vamos a Carson Beach, pero se han de cumplir tres requisitos:

- Ana tenga el día libre, los sábados.
- Haga buen tiempo, que no llueva
- Haya hecho méritos suficientes. Más de seis horas de lectura a la semana, aparte del tiempo que me haya descontado

Hoy esas dos primeras condiciones no se cumplen. Al menos la primera no. Es miércoles, un día entre semana y el comienzo del curso está próximo. Por lo cual, lo que a Ana no le sobra es tiempo. No es que se le haya acumulado el trabajo después de nuestras dos semanas de ausencia. Es lo mismo de todos los años, con la particularidad de que año tras año soy un poco más consciente de todo lo que conlleva el comienzo del curso y lo incompatible que resulta con mis deseos de que me lleve a la playa o vaya sola. Lo cual, en principio, es poco probable que me permita, pero no descarto que se lo piense. Aún no me considera lo bastante responsable. Aparte que, debido a mis costumbres, incluso sorprende un poco que le haya planteado esa posibilidad. No me llevó a donde fuera con idea de que me espabilase tanto.

Supongo que se ha dado cuenta de que me muero de aburrimiento, porque este año tampoco me ha convencido la oferta del campamento y desde que regresamos de ese viaje a ese destino desconocido, mi estado de ánimo no ha mejorado demasiado. Además, como siempre, cuando llegan estas fechas, me siento algo deprimida, porque las vacaciones están a punto de terminar y tengo la sensación de que he perdido el tiempo de la manera más tonta. No tiene mucho sentido que me pase aquí los dos meses en espera de noticias de Daddy, cuando es evidente que éste no quiere nada conmigo por el momento. Pero no descarto que algún verano suceda y por eso no hago planes ni me comprometo con nadie. Algún año me llegará esa carta, esa invitación, para que haga las maletas y por lo menos pase un mes con él para que nos conozcamos, aunque después tenga que regresar al St. Clare’s y continuar con mi vida. De hecho, si Ana no hubiera conseguido que se alargase mi estancia en el St. Clare’s, ya tendría que haber hecho las maletas. 

Ya he cumplido los catorce años y me he graduado en el St. Francis School, en 8th Grade. Sin embargo, gracias a su mediación y a la consideración de los administradores, me quedo. Continuaré mis estudios en el Medford High School. Pero viviré en el St. Clare’s hasta que vaya a la universidad.

¿Dónde estaré mejor que aquí? Tengo mi habitación y si tengo algún problema, acudo a Ana para que me aconseje. En realidad, mi tutora es Monica porque soy una de las mayores del St. Clare’s. Pero Ana se ha preocupado por mí desde que vino a trabajar al St. Clare’s y es con ella con quien me entiendo mejor. También es quien se muestra más exigente conmigo en todos los aspectos. Ya que, si me tengo que quedar aquí, habré de demostrarle que soy merecedora de ese voto de confianza. 

Tengo que ser una chica ordenada y responsable; tener en cuenta que de todas las chicas del St. Clare’s ninguna tiene mi edad y, por lo tanto, convendría que tuviese cuidado con lo que hago porque las demás podrían tomar un mal ejemplo de mi comportamiento. 

Tampoco es que tenga que estar aislada en mi habitación sin ver a nadie. Pero convendría que no hiciese nada sin contar con la autorización previa. De manera que se acabaron mis escapadas, aunque desde hace dos o tres años tampoco he dado motivos para ello. Pero es algo que aún Ana me recuerda, porque no se fía de que haya madurado en ese sentido. Como ella dice, soy una chica de catorce años y lo normal es que busque mi propia identidad, que me salte las normas para comprender por mí misma que no están para que me sienta controlada ni cohibida, sino porque así cuidan de mi bienestar.

Como tengo permiso para salir, será mejor que aproveche antes de que Ana me encuentre demasiado aburrida y se le ocurra alguna tarea con la que me entretenga hasta la hora de la cena. No volveré hasta que anochezca, aunque lo cierto es que, debido a lo limitado de mi vida social, no he quedado con nadie ni tengo a quien llamar. Por lo cual saldré y probaré suerte por el barrio. Tal vez encuentre a alguien que me dé conversación o me permita que participe en sus juegos. Ana se fía de mí porque sabe que ya no me meto en líos. Como ella dice, ya hace tiempo que vuelvo al St. Clare’s de una pieza y que el presupuesto para el botiquín no supera las previsiones del mes. 

Lo cierto es que su apreciación es un tanto exagerada. Aunque sí es verdad que he tenido temporadas en que no había tardes en que no volviera con algún moratón y rebozada en barro, porque las peleas con los chicos del barrio eran así de brutas. Pero también ha habido días en que he regresado al St. Clare’s a la carrera porque me perseguían y yo misma he delatado que me había escapado. Sin embargo, prefería la reprimenda antes que me hicieran daño los chicos de las pandillas rivales. En el St. Clare’s siempre me he sentido a salvo de todo peligro, aunque no exenta de los castigos y de las charlas por mi mal comportamiento.