Cómo supe de Daddy

Ficha de personaje

Nombre completo: Manuel Pellicer

Pseudónimo: Daddy

Procedencia: Toledo, España

Nacimiento: 1974

Rasgos característicos

  • Es un personaje al que Jessica alude casi de manera obsesiva desde la infancia y la razón por la que empieza a contar su vida, para que éste sea partícipe de cada momento.
  • Dado que no le conoce en persona, se lo imagina.
  • Tan solo se sabe de él que vive en Toledo, España y que tiene 7 años más que ella, lo que hace que sea incoherente esa supuesta paternidad que se le atribuye, tanto por la distancia geográfica como por la diferencia de edad, pero ¿qué dato es el incorrecto? ¿Todos? ¿ninguno?
  • Jessica irá a su encuentro una vez que se haya graduado en la universidad
  • Escribe poemas

Información

  • El interés y la búsqueda de Daddy, la obsesión que ello genera en Jessica, viene provocado por la información que dejan en la cuna donde Jessica es encontrada.
  • Ante la falta de otra información ésta se da como válida para atribuirle esa paternidad, pero ante la incoherencia de los datos, se desiste de inicial una búsqueda oficial que ayude a confirmar o desmentir su veracidad.
  • Mientras que la demás tutoras del internado intentan que Jessica abandone esta obsesión, será Ana quien lo tome en serio y ayude a Jessica a aclarar todo lo referente a la identidad de Daddy.
  • Aparecerán evidencias de la existencia de Daddy en los momentos y lugares más insospechados.
  • En la primera mitad de la novela es un personaje que surge de la imaginación de Jessica

Reflexión

Aclaración

Esta reflexión está escrita como si si fuese Ana, en la que se comentan cuestiones referentes a la novela, pero a las que en ésta se alude de manera un tanto indirecta e imprecisa. Se intenta explicar de una manera un poco más clara la relación entre los Catcher y Jessica.    

La primera vez que oí hablar de Daddy como alguien real fue en 1988, cuando empecé a trabajar en el internado St. Clare y entre mis cometidos estuvo el que me ocupase de la chica más revoltosa de todas. Ya tenía algunos conocimientos previos de su situación, por las ocasiones en que con anterioridad había trabajado como voluntaria y en parte gracias a las prácticas realizadas como parte de mis estudios universitarios, sin que hasta entonces me hubiera tomado muy en serio el sentido o la relevancia de ese nombre o identidad, fuese o no la de alguien real. Para mí hasta entonces no lo era. Lo entendía como una trata de Jessica para conseguir llamar la atención de todo el mundo, para justificar su mal comportamiento. Según su mentalidad infantil y en parte lo que se le había inculcado hasta entonces, la base de su buen comportamiento estaba en la llegada de su Daddy, pero ante la evidencia de que no se sabía nada de éste y que para todo el mundo se había convertido en una simple fantasía, Jessica se quedaba sin argumentos para ser una chica obediente, que en el fondo lo era. Lo quisiera o no admitir, se diera o no cuenta de su dulzura, de todas las niñas del internado ella era quien más se hacía querer, a pesar de sus escapadas, travesuras y su empeño por parecer un chico. En el fondo lo único que pretendía era llamar la atención, que alguien la tomase en serio e hiciera algo con respecto a su Daddy.

Mi entrada a trabajar en el internado coincidió con los preparativos para el viaje a España en agosto del año siguiente, con la ventaja de que dado que el internado suele cerrar en vacaciones, se atiene al horario del colegio, resultaba compatible con mis planes. Incluso mi primo David estaba entusiasmado con la idea de hacer ese viaje, dispuesto a que fueran sus padres quienes nos costearon el viaje, lo que en su caso supondría simple calderilla. Sin embargo, dado que conocía a mi primo, mantenía la certeza de que éste estaba más interesado en la juerga de esos días más que en la finalidad del viaje. Entonces era un cabra loca y no se tomaba muy en serio las reiteradas advertencias de su madre de que, en cuanto colmase su paciencia, tardaría poco en darle una lección que no olvidase en la vida. Eso de creerse del dueño del mundo por tener dinero en el bolsillo resultaba un tanto egoísta. En nada se asemejaba a la educación y ejemplo que pretendía inculcarle mi tía, su madre. Mi primo tenía demasiado asumido ese papel de niño rico y lo más grave es que su hermano pequeño, a pesar de la diferencia de edad entre ellos, le tenía como referente.

Aquel primer curso en el internado con Jessica fue de auténtica pesadilla, mis intentos por ganarme su confianza, todo lo que se suponía había aprendido durante mis años de universidad y pretendía poner en práctica con ella, eran un fracaso tras otro. De poco servía ponerme seria con ella e incluso intentar ser su cómplice, que recurriera a la negatividad para que se corrigiera. Ella tan solo quería y esperaba que fuera su Daddy quien le reprendiera, lo que en la práctica era como esperar un imposible. En cierto modo su actitud se asemejaba bastante al comportamiento de mi primo, con la diferencia de que éste sí tenía ese respaldo, esa fortuna económica, mientras que Jessica se veía y consideraba como una niña abandonada y desamparada en un mundo que no la entendía. De tal manera que, de igual modo que no veía ningún progreso en Jessica, veía peligrar aquel viaje a España, a Santiago de Compostela, que con tanto interés planeaba, después de la experiencia de dos años antes en Buenos Aires. En cierto modo, hasta podía decir que sentía un cierto remordimiento porque me aprovechaba de la generosidad de mis tíos, quienes desde siempre se han sentido orgullosos de mí y me han considerado un ejemplo a imitar para mis primos, como la hija que siempre hubieran querido tener. Sin embargo, mis padres nunca han tenido las mismas facilidades ni posibilidades que éstos.

La cuestión es que los progresos con Jessica eran tan lentos que me llegué a plantear en serio la búsqueda de Daddy, aprovechar el viaje a España con esa doble intención, porque en principio dias no me iban a faltar. El planteamiento de mi primo era que nos quedáramos un par de semanas por lo menos, aprovechar para recorrer el país. Por supuesto no íbamos a ser nosotros dos solos, porque hacerme cargo de mi primo para mí suponía demasiada responsabilidad. Hasta cierto punto me lo planteaba como la ocasión para pasar unos días con quién por aquel entonces era mi novio, aunque el viaje fuese en plan de amigos.  Me interesé por saber dónde estaba Toledo y hasta donde pude confirmar la veracidad de los escasos y en apariencia poco coherentes datos que se tenían con respecto a Daddy. Tan solo me encontré con dos obstáculos, por un parte la oposición de los administradores del internado, que consideraron que aquella investigación era una pérdida de tiempo y por el otro que cada dato que confirmaba daba una mayor veracidad a los demás y propiciaba que esa búsqueda no se detuviera, pero yo me veía limitada en tanto en medios como en tiempo. En algún momento llegué a pensar que tal vez los administradores tuvieran razón, al pedirme que desistiera, pero para mí estaba claro que aquella era la única vía de llegar a Jessica y que ésta confiara en mí.

El viaje a España se fastidió por culpa de la irresponsabilidad de mi primo, quien en vez de comportarse con dos dedos de frente, como el hijo ejemplar que su madre esperaba que fuese para conseguir de ésta todo lo que hubiera querido, cometió la torpeza que su madre nunca hubiera esperado de éste. No sé muy bien cómo, pero consiguió que para unos cuantos de sus amigos y para él, el viaje a Santiago de Compostela, se redujese a dos semanas de estancia en Madrid, con idea incluso de acercarse por Barcelona. Aquello fue la gota que colmó el vaso, en cierto modo fue Jack quien le delató o descubrió. Por lo que sé y por lo que se derivó de aquello, mi tía pilló tal enfado que mi primo David acabó con el culo en el seminario y lo más grave es que  aquel verano de 1989 nadie de la familia tuvo vacaciones. Se le cerró el grifo tanto a los hijos como a los primos, de manera que yo tuve que renunciar al viaje y ante tal tesitura quedarme en el internado al cuidado de Jessica, quien año tras año se ponía en plan rebelde y no había quien la sacara de allí ni llevara a ninguna parte.

Aquel verano mi primo tuvo que rebuscar en su conciencia su vocación sacerdotal porque ese era el futuro que le esperaba, lo cual no era una expectativa que en principio le entusiasmara, pero mis tíos no iban a dar su brazo a torcer, o sacerdote o misionero, lo que fuera con tal de que asumiera que por parte de la familia no recibiría ni un centavo más de lo indispensable para sobrevivir, para ver si con ello escarmentaba y sobre todo para que Jack le viera las orejas al lobo y no cometiera los mismos errores que éste según se hiciera mayor, más cuando éste se convertía de manera automática en el futuro heredero de todo y a mis tíos les preocupaba bastante que se le subiera tanto poder a la cabeza, dado que ya se le veían actitudes para asumir tantas responsabilidades en el futuro.

Por mi parte, para alivio mío y en compensación por la frustración por no acudir aquel viaje, empecé a ver progresos en Jessica. Tal vez no me viera en situación de cumplir con su anhelo de conseguirle alguna pista de su anhelado Daddy, pero ésta supo valorar el interés que demostré y ello le bastó para darme ese voto de confianza, de tal manera que aquel verano contribuyó a que nos conociéramos un poco mejor, a que ella me prometiera que empezaría a comportase, a corregir su actitud, aunque por mi parte me tomase la firmeza de su compromiso con una cierta prudencia, dado que se rebeldía era natural y tampoco era mi intención que ella se sintiera anulada. 

12 de marzo 2013

Un comentario en “Cómo supe de Daddy

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