Bienvenidos a casa

Sábado 23 de noviembre 2019. (Pag. 186)

20:15. Piso de alguien. (Marta)

Marta: Mamá, venga, vayámonos. – Le insisto.- No sé qué hacemos aquí. – Le digo. – ¡Sandra nos espera en casa para cenar!

Mamá: ¡Marta, tranquila! – Me contesta. – Ahora nos vamos. – Asegura con seriedad. – Sólo quiero mirar una cosa y nos va a casa. – Promete. – Serán dos minutos.

Marta: Pero es que éste no es nuestro piso.- Replico. – Te has debido confundir. La casa de Tata está en otro portal.

Nunca antes había visto a mamá tan nerviosa. Ayer me pasó a recoger a casa de Tata, después de otra de sus muchas estancias en el hospital. Y al menos esta noche hemos pasado la noche en nuestra casa, no en casa de los abuelos ni en el chalet del tío José, porque mamá este fin de semana quiere estar tranquila y hacerle compañía a Sandra, que desde el comienzo del curso se ha quedado sola en el piso. Mamá dice que Sandra ya es una chica mayor y como necesita tiempo para estudiar no se puede ocupar de mí cuando ella se ausenta ni se tiene que agobiar por los problemas de la familia. El caso es que mamá lleva desde este verano actuando de una manera extraña y lo de esta tarde no me lo esperaba porque se supone que hemos salido a dar un paseo por el parque y hemos acabado aquí. Lo que para mí no tiene ningún sentido ni explicación lógica. Sandra nos espera para cenar, pero mamá más que preocuparse por la cena, ha estado impaciente, pendiente de no sé qué hasta que me ha dicho que el paseo se había terminado y me ha traído aquí. Éste no es nuestro piso, pero mamá se ha sacado del bolsillo las llaves del portal y hemos llegado hasta la puerta con una facilidad asombrosa, como si mamá ya hubiera venido aquí antes y se conociera el camino. Pero no me ha querido decir a qué hemos venido ni quién vive aquí. Sólo que tenía que subir a comprobar algo, como si no hubiera podido venir en otro momento e incluso ella sola, porque a mí no me apetecía venir. Quiero volver a casa antes de que los chicos mayores empiecen a aparecer por el parque y nos crucemos con ellos, aunque yo tengo suerte, porque no se atreven a hacerme daño, dado que no me voy a acobardar. Si hay que liarse a patadas, las mías van a ser dolorosas.

(…..)

Reflexión

Tanto aludir a la primera parte de la novela y supongo que llega el momento de hacer alguna alusión un poco más extensa de la segunda parte, donde se entrelazan las historias de los cinco personajes / narradores principales y hay una mayor presencia de personajes secundarios. Esta parte de la novela es como un laberinto del que nadie sabe salir y en el que poco a poco se adentran cada vez más con la intención de encontrarse, sin ser muy conscientes de que sus caminos se entrecruzan una y otra vez, sobre todo porque todo parte de un mismo punto, de la relación entre Ana y Manuel, del hecho de que entre ellos ha habido una separación formal, un distanciamiento voluntario, pero que, en la práctica del día a día, se trata más del juego del escondite, de una persecución en la que no queda claro quién persigue a quién ni tampoco quién se esconde del otro porque el objetivo final es ese anhelado reencuentro para volver a ser una familia, como cada uno a su manera y en sus circunstancias lo entiende.

Este pasaje de la novela la narradora es Marta, en toda esta historia y novela el personaje que mejor representa la inocencia e ingenuidad; de los cinco personajes quizá el único que por sus circunstancias más motivos encuentra para sentirse fuera de lugar. Es por así decirlo, un narrador no esperado, un personaje fruto de un amor que se rompe en mil pedazos, en cierto modo por su causa, porque son los primeros síntomas del embarazo los que llevan a Ana a tomar esa drástica decisión con respecto a su vida matrimonial, lo que mina sus fuerzas y hace que se rinda ante la enfermedad. Mientras que, por otro lado, la vitalidad de Marta se convierte en algo contagioso, que le devuelve a Ana las ganas de vivir y la necesidad de mirar atrás, de entender que no puede marcharse ni olvidar sin más. Como madre tiene una responsabilidad que no puede desatender por mucho que ello contradiga sus planes y planteamientos hasta que la enfermedad termine por vencerla. Marta no se puede quedar sola ni desamparada, pero Manuel tampoco puede saber de su existencia porque Ana no quiere ser encontrada.

¿Cómo hacer que la niña conozca a su padre? La problemática que a Ana se le plantea en muy seria y entiende que no basta con que espere a que se produzca ese encuentro por casualidad. Necesita tener la situación controlada. Ana conoce a Manuel lo suficiente como para intuir que éste se sentirá superado por esta nueva paternidad, ante lo cual, con delicadeza maternal opta por lo que resulta más sencillo para ella, que sea Marta quien poco a poco se acerque a su padre, a su ambiente, a la que será su nueva casa.

Lo que queda constancia en esta escena es que, a pesar de ese distanciamiento en la familia, Ana asume su papel de esposa y madre, aunque se aproveche de las ausencias y en cierto modo de la sospecha de que Manuel tal vez no sea tan desconocedor de estas incursiones y le conceda plena libertad con la expectativa de que alguna vez vaya para quedarse y no solo de paso, aunque ignore el hecho de que tal regreso será con sorpresa incluida.

28. abril 2015

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