Una mezcla rara

Reflexión

“Silencio en tus labios”

Trasladar el argumento de una novela a una canción no es un proyecto fácil, partiendo del hecho mismo de que han sido escritas por personas distintas y distantes, por lo cual será más la interpretación de la novela, una adaptación un tanto subjetiva, aunque desde mi punto de vista factible, sobre todo por la idea de que toda canción es reflejo de unos sentimientos, la expresión de una idea, que de otra manera queda un tanto fría, porque hay muchas manera de decir las cosas y en ocasiones es mejor decirlas con música, de una manera poética, en busca de esa empatía y entendimiento. Todo el mundo tiene su canción o una canción para un determinado momento, por lo que entiendo que en este caso es una manera de dar un poco más de realismo al personaje, no tanto por presuponer que yo, como autor de la novela pretenda forzar la situación, más bien presuponer que de tratarse de personas de carne y hueso, con sentimientos, de una historia real, quizá en un determinado momento de sus vidas se sentirían identificados con esta canción o cualquier otra que avivase lo más hondo de su corazón, permitiera que aflorase lo que de otro modo reprimen por necesidad o no son capaces de expresas.

En este caso, la novela es “Silencio en tus labios” (Manuel Pellicer), la canción “Quiero decirte que te amo” (Laura Pausini). El personaje sobre el que pretendo hacer esta reflexión es Ana, la protagonista femenina. El momento escogido para esta relación sería en la segunda parte de la novela, incluso en ese periodo intermedio entre las dos partes de la novela, una vez que se ha producido la ruptura de la relación de pareja y llega el momento de recapacitar sobre las decisiones tomadas, el arrepentimiento, ante la impotencia de que dar marcha atrás no es tan fácil y se tiene más la expectativa de que sea alguno de los dos quien dé un paso adelante, sea valiente y se atreva a admitir que se han equivocado.

Ese sentimiento de impotencia, de frustración queda patente y reflejado en la novela por parte de Ana, no tanto ante la constancia de ese segundo embarazo no planificado y que en su momento no fue más que una expresión de ese amor incondicional, de ese darse una última oportunidad frente a la depresión y la enfermedad que merma tanto la vida de Ana como su deseo por mantener esa vida familiar con altibajo. Ella necesita alejarse de todo porque no quiere que nadie sufra ni por su causa ni por su culpa, prefiere mantener la idea de que son felices y que queden en el recuerdo de todos los buenos momentos, dado que, de todas maneras, es consciente de que esa ausencia suya se producirá en algún momento, pero prefiere que la recuerden así, llena de vida, alegre, que su marcha sea como un mal recuerdo que no se tenga en cuenta.

Quiero decirte algo
Desde el ruido del mundo,

desde el giro de un carrusel,

de la piel a lo más hondo,

desde el fondo de mi ser.

De este inútil orgullo,

y del silencio que hay en mí,

desde estas ganas mías de vivir

Imagino a Ana en uno de esos momentos de soledad y reflexión, en su piso, embargada por la melancolía, la frustración, ante la constancia de que tampoco se ha marchado tan lejos, aunque se siente como si se encontrara al otro lado del mundo. ¿Volver? ¿No volver? ¿dar facilidades para ser encontrada?. Sobre todo la impotencia y la sensación de que Manuel se ha dado por vencido, que mientras ella, como consecuencia del embarazo, ha recuperado las ganas de morir, mientras que Manuel se ha quedado en el sufrimiento, en la ruptura. Fue ella misma quien le rogó que no la buscase, pero entonces no sabía el giro que se produciría en sus planes, por lo cual se debate entre mantenerse en su determinación o entender que ya nada de todo aquello tiene sentido, dado que se impone el amor, el darse cuenta que no ha sido muy justa consigo misma.

Quiero decirte que te amo,

quiero decirte que eres mío,

que no te cambio por ninguno,

y por tenerte desvarío.

Quiero decirte que te amo,

porque eres tan igual a mí,

cuando por nada discutimos,

y luego te cierras en ti.

Ella se ha marchado de casa, ha renunciado a todo y Manuel se ha quedado allí, en su casa, en su vida, sin terminar de entender lo que sucede como un marido abandonado, en cierto modo con ese sentimiento de culpa por sentir que le ha fallado cuando más le necesitaba, que por evitar una nueva discrepancia entre los dos, en vez de echarle un par de narices al asunto, se ha mostrado condescendiente en exceso y en consecuencia no ha estado a la altura de las circunstancias. Ana ha preferido marcharse antes que seguir a su lado, ha preferidi la frialdad del silencio, de su separación, por encima de sus sentimientos, de esas discusiones en las que cada uno pretende hacerse entender por el otro, sin que ninguno de los dos escuche. Cuando Ana más necesitaba la fuerza y la seguridad que Manuel le tiene que transmitir, éste se encierra en sus pensamientos ante la impotencia por saber qué hacer para demostrarle esos sentimientos.

Del peor de mis fallos,
de un error por el que pagué,
de un teléfono del centro,
de mis ganas de vencer.

Ana entiende que se ha precipitado al marcharse, consecuencia de lo cual se encuentra sola y desamparada, en el sentido de que ha renunciado a su familia, aunque conserva el apoyo de sus padres, sus hermanos y su entorno más cercano. Como queda constancia en la novela, hace algunas llamadas fallidas, no tanto como para que Manuel la localice como para avisarle de su situación, de que le necesita, que ha recuperado las ganas de vivir, de empezar de nuevo. Es más, en cierto modo, el formalizar aún más esa ruptura es la sutileza que se busca para forzar ese reencuentro, pero se encuentra con que Manuel se implica lo justo e indispensable, que su indiferencia es la manera que tiene que demostrar su contrariedad ante el desarrollo de los acontecimientos.

De la dicha que siento,

y de esta fiebre mía por ti,

desde que me enseñaste a sonreír.

Como está embarazada, como madre, se siente feliz, llena de vida y como todo embarazo éste es responsabilidad de los dos, fruto de su amor y por lo tanto es una la manera de avivar esos sentimientos y recordar los momentos compartidos. Si no hubiera habido un verdadero amor entre ellos, no se hubieran entregado el uno al otro sin condiciones, porque cuando cuando estaban juntos, por encima de esas discrepancias típicas de la convivencia de pareja, los dos han tenido motivos para reír y sonreír.

Resto de la canción

Quiero decirte que te amo,
quiero decirte estoy aquí,
aunque me aleje de tu lado,
tras la ventana de un taxi.

Debo decirte que te amo,
porque es mi única verdad,
tú no me sueltes de la mano,
aunque podamos terminar.

Desde el blanco de la página,
desde mi fragilidad,
desde mi carta te cuento de mi sinceridad.

Quiero decirte que te amo,
quiero decirte que eres mío,
que no te cambio por ninguno,
que por tenerte desvarío.

Quiero decirte que te amo,
quiero decirte estoy aquí,
aunque me aleje de tu lado,
tras la ventana de un taxi.

Quiero decirte que te amo,
y quiero decirte que,
que no te cambio por ninguno,
porque eres como yo porque.

Quiero decirte que te amo, te amo

01. mayo 2015

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