Recabando información

02. mayo 2018

Este fin de semana, aparte de visitar a la familia, casi sin pretenderlo, de manera un tanto improvisada, he tenido ocasión de recoger datos para la novela “Esperando a mi Daddy”, para capítulos escritos, pero aún no publicados, que considero le dan un poco más de coherencia a toda la novela, dado que la historia trata justo de eso, de encontrarse con uno mismo, de saber quién es Daddy en realidad y, en cierto modo, encontrar coherencia en algo que en principio no tiene demasiado sentido. El trasfondo de la historia está en que Jessica necesita descubrir sus orígenes para tener un futuro, la excusa perfecta y metafórica para reflexionar sobre mi propia vida, pero sin que se note demasiado que en el fondo hablo de mí mismo, porque no soy el narrador ni el personaje principal, aunque tampoco me quiero quitar el mérito como escritor ni negar ese intento de autoreflexión y autocrítica.

El caso es que, según se relata en la novela, en ese intento por encontrarse consigo misma y escapar un poco de situaciones un tanto incómodas, que se relatan en la novela, Jessica busca termina encontrando trabajo en función de sus propios criterios, en un lugar que le acerque un poco más a lo que ha sido su vida, pero sin tener que volver atrás y sin reprimir en exceso ese espíritu de aventura que ha aflorado en su vida. Es precisamente por estas fechas, pero en el 2005, con la excusa del inicio de la temporada de verano ese trabajo es en la playa. sin pretenderlo, su trabajo está cerca de lo que de manera un tanto metafórica se podría denominar “Daddy’s Beach”, es una libertad que como escritor me permito, aunque en esta parte de la novela soy menos descriptivo en lo referente a las ubicaciones, como un reflejo de lo que pretendo sea la confusión de Jessica. 

Jessica’s Beach

Como he empezado contando, estos días he tenido ocasión de recabar información sobre lo que me tomo la libertad de denominar “Jessica’s Beach” y de verdad que casi de manera improvisada, como algo que se me ha puesto en bandeja, sin que quienes estaban conmigo fueran conscientes de ello, he tenido ocasión de ir tras las huellas novelescas de Jessica, por esas mismas calles, aunque he de aclarar que el paseo se ha quedado un poco incompleto. Pero ahora, si tuviera que corregir algo de esos pasajes, puedo recurrir a mis recuerdos más recientes, no tanto a la imaginación ni al siempre oportuno Google Maps.

He de confesaros que, hasta cierto punto, me he sentido un tanto perdido, aunque con la tranquilidad de tener una idea más o menos aproximada de dónde me encontraba en todo momento, sobre todo porque, según avanzaba aquel paseo y me parecía más plausible eso de seguir las huellas de Jessica, me embargó un poco más a emoción.

Hay gente que prepara eventos para que los lectores puedan estar en aquellos lugares físicos donde se desarrollan sus novelas preferidas con ese toque de realismo. Lo mío fue improvisado, al menos por mi parte fue en el sentido de ir a una playa y no a otra; de escoger ese punto concreto de la playa y no otro; que el coche estuviera aparcado allí y no un poco más acá, lo que hubiera dejado sin mucho sentido literario aquel paseo.

Me quedo con la pena de pensar que fue un paseo novelesco que se quedó un poco a medias en sus inicios, aunque sí tuve ocasión, a menos de pasar de largo por la zona de la playa donde según la novela comienza o termina el paseo por esa larga avenida, donde se desarrolla una de las escenas. En la novela, muchos de esos paseos son por la orilla del mar o por la calle, a primera hora de la mañana o a media tarde. El que yo me di fue por la calle, en paralelo al paseo marítimo, por lo cual, como parte de esa labor de investigación, me doy por satisfecho.

El caso es que el coche estaba justo donde tenía que estar, en la misma calle y casi en el punto exacto, donde se supone que Daddy va a esperar a Jessica cuando está del trabajo, se llega hasta allí a pie, de sentirme como si hubiera ido hasta allí a recoger a alguien, aunque fuese de una manera un tanto simbólica. Tuve ocasión de ubicarme, de sentirme como esas cámaras de Google maps y echar un vistazo a mi alrededor.

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