Te quiero, tonto. Luego hablamos

Desde mi punto de vista, como autor de la novela “Silencio en tus labios”, como personaje, y por todo lo que ésta significa en mi vida, hay unas cuantas escenas que son bastante significativas, que ponen en evidencia mi manera de entender el mundo; las relaciones sociales y todo lo referente a esto del romanticismo, porque, según dicen por ahí, lo cual supongo que puedo justificar, a las mujeres no hay quién las entienda y cuando lo consigues, éstas cambian de idea. Sobre esa idea trata esta secuencia de la novela “Silencio en tus labios”

Todo parte de ese momento en que sabes que has metido la pata hasta el fondo, que te has puesto en ridículo y en evidencia delante de todo el mundo con una torpeza y de las gordas; razón de más para pensar que cualquier expectativa romántica se cae por su propio peso, que, en realidad, no tienes nada en común con esa chica y que ésta tampoco tiene el menor interés y, además, tiene sobrados motivos para enfadarse contigo y no querer dirigirte la palabra. Te ha ignorado cuando ha tenido la oportunidad de mandarte a paseo y se ha ido con otro. Sin embargo, su frustración consigue que sus pasos sean lento y tu orgullo herido que los tuyos se aceleren hasta darle alcance, de manera que os quedáis los dos solos. De hecho, ese largo camino de regreso, ese silencio que congela el aire – ¡A dónde vas que te has pasado de listo, tres pueblos! – te lleva a pensar que es mejor que pongas tus miras en otra parte. Precisamente en ese caminar juntos vais de regreso al pueblo, conscientes de que hacéis trampas con respecto a los demás, que aquello no puede acabar bien de ninguna de las maneras.

Llegáis al pueblo, al final del camino, ¿de la historia? y llega el momento de separarse, de la ruptura, casi del final de la novela, aunque ésta aún se encuentra en su primer capítulo, en sus primeras páginas, duplicadas porque están escritos desde los dos puntos de vista; si sigues con la historia, habrá más páginas, más capítulos, más poemas, más de todo, y un montón de personajes por aparecer, cada uno con su parte de la novela e implicación.

Llegas a ese momento en que realidad y ficción se enfrentan y has de optar por una de las dos.

¿Qué escoges? ¿La opción correcta o la otra? La realidad es esa mirada seria, fría y calculadora. Esa chica plantada delante de la puerta, a punto de entrar y cerrártela en las narices para que desaparezcas de su vida de una vez, para que te dejes de sueños románticos que poco o nada le importan porque ella ya tiene bastante con lo suyo que no es poco ¿Qué menos te mereces que eso? ¿O que la chica se dé la vuelta, se te acerque y susurre al oído algo que no te esperas?

¿Qué escoges? Lo justo, lo lógico. Lo recomendable es que ese sea el punto y final de la historia, de la novela, ¿para qué crearse falsas expectativas, si ya sabes cómo va a terminar la historia?

Sí, bueno, para que no resulte demasiado frío, le has de buscar un final un poco más novelesco. Recuerda que esta parte de la novela, del primer capítulo, se concentra en cuatro días y aún te queda el último, ¡hay que buscarle un buen remate!. Eso de acabar así, en la puerta de la casa, tú avergonzado por las torpezas cometidas y ella con cara de pocos amigos, ¡es bastante frustrante y no merece una novela! Ten presente que lo que ocurra entre vosotros afecta también a los demás. Déjalo estar, no te compliques, tú por su lado, ella por el suyo y si te he visto es porque tenemos amigos en común. Sería una torpeza aún mayor que uno de los dos rompiera con todo por escapar de esa pesadilla.

Por ejemplo, no sé, podrías hacer que los personajes se dejasen llevar por el desarrollo de los acontecimientos: la última cena en grupo, si cabe, algo más fría que otras veces, sentados en mesas separadas. Ella en su rincón, el de siempre, donde tú no tienes cabida, protegida por sus amigas y tú, ves a sentarte donde encuentres una silla libre y desde donde no os miréis el uno al otro; vivid la Vigilia Pascual como un momento para cambiar el corazón, que al menos toda esta novela tenga un lado positivo, ese contenido reconciliador y rehabilitador del corazón; la fiesta posterior para recuperar la alegría y que se convenzan de que de verdad ha cambiado el corazón. Y al día siguiente, que se dejen contagiar por la alegría de los demás, disimulen un poco las propias frustraciones porque tras la Vigilia hay que resucitar y no hay nada que reprima la alegría que llevan en el corazón. Es momento para empezar de nuevo y no volver la vista atrás.

Por supuesto, no se puede faltar a la asamblea final, donde aquellos que se animen den testimonio de sus vivencias, pero vosotros mejor que no digáis nada ¿para qué hurgar en la herida o pretender camuflar la verdad? Tú ya has hablado de más una vez. Estúpido sería ponerte en evidencia de nuevo. Sí, por supuesto, que haya perdón, haya olvido, pero ya está. Y cuando llegue el momento de irse, cada uno se sube a su coche y a casa.

Y para terminar la novela, para ponerle un final, haces como en las películas, escribes un “Fin” o eso de “y fueron felices y comieron perdices cada uno por su lado”

Así termina la novela y eso de “Silencio en tus labios” se queda como algo más que una frase ingeniosa y con todo el sentido. A partir de este momento ninguno de los dos tiene nada que decirle al otro.

Si continuase

De hecho, si le pones un poco de imaginación, puedes plantear a los lectores la posibilidad de que Ana vuelva con su novio, con Carlos, y tú sigues como siempre. Al final vence el amor frente a los obstáculos que se presentan por el camino. Que toda esta historia no ha servido más que para reflexionar sobre la vida, que más vale lo bueno conocido, que una historia de amor sin mucho sentido.

Por otro lado, como sugerencia para el segundo Libro/capítulo o como remate del primero, tampoco te puedes olvidar de los amigos que los dos personajes han encontrado en las redes sociales. Tal vez la historia de la novela podría seguir por ahí, un final abierto. Sólo es una sugerencia. Podrías hacer que los personajes, una vez que llegan a casa, se desahoguen con ese “amigo anónimo” y le confiesen eso que no compartido con sus conocidos por no avergonzarse.

Ana, como en ocasiones anteriores, podría decirle que lo de la Pascua ha estado bien, que ha sido toda una vivencia personal, pero que se ha estropeado un poco por causa de este chico que la molesta cada vez que están juntos. Que las amigas han sido su gran apoyo y que le hubiera gustado disfrutar un poco más de esos días, pero la enfermedad no le ha dejado, pero que, en parte, ha sido gracias a esa debilidad suya como ha encontrado momentos de tranquilidad.

¿Y tú que puedes contar? Que, como siempre te has sentido un poco desubicado, te has comportado como un tonto y has acabado por estropear lo que quizá hubiera sido el comienzo de esta novela de amor. Pero la Pascua lo has vivido bien y, si pudieras, escribirías una novela para recordarlo, aunque cada Pascua es única y distinta.

También podrías plantear lo que esos “amigos” les responderían en cada caso y así ya terminas la novela con un final un poco más feliz. Tal vez, para que no se quede como un final cerrado, deja pendiente el que se descubra la identidad de estos confidentes.

¿Qué se le podría decir a Ana? Que tal vez “su pretendido enamorado” actuaba sin mala intención o que se entusiasmo más de la cuenta con esa historia, porque es su manera de ser y al final se ha dado cuenta de la verdad por las malas, pero mejor que no se lo tenga muy en cuenta porque ella sí es una chica que merece la pena y seguro que encontrará a alguien con quien se entienda y no le complique la vida de esa manera.

¿Qué se le podría decir a Manuel? Hay que animarle un poco, pero tampoco demasiado no vaya a pensar que hay dobles intenciones. Recuerda que esta amiga le ha dejado claro en todo momento que es mejor que no se ilusione más de la cuenta con ella.

¿Qué podrías decir en la novela para que resulte aleccionador, si algún día ésta se llegase a publicar?      

17. enero 2019

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